El progreso es un paso lógico en cualquiera de los ámbitos de la vida del hombre y la planificación urbanística no iba a ser menos. Tras la obligada reflexión, nos encontramos hablando de rotondas, esos cruces circulares que, en hora punta, pueden complicarnos mucho la vida. ¿Y cuál será la evolución natural de una glorieta? Pues las llamadas ‘turboglorietas’.
Con el diagrama de arriba podemos hacernos una ligera idea de cómo funcionan. En estas no existe la preferencia del carril derecho o exterior. Cada uno de ellos lleva a una salida en concreto y está limitado por una línea continúa. De esta manera, los conductores escogerán el carril que mejor les convenga en función de la salida y no podrán a cruzarse para llegar a la misma. Así, se aligera el tráfico y se evitan las habituales colisiones.
El problema, como bien reflexionan en el blog de Circula Seguro, es que el carril interior apenas es usado por los automovilistas, lo que genera colas y atascos. Pero con esta nueva concepción de rotonda, el carril interior se aprovecha un 35 por ciento más. Este novedoso sistema, que existe desde hace tiempo en países como Holanda, está empezando a instaurarse en España. Al no suponer un coste adicional de remodelación –sólo se necesitan pintar las indicaciones horizontales- no deberían tardar en sustituir el viejo sistema. Todo lo que ayude a evitar atascos innecesarios, bienvenido sea.
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