Una mención aparte para dos pilotos que pudieron festejar inesperadamente en Montreal. Uno de ellos es Alex Wurz, que ni en sus sueños más optimistas podía imaginarse que iba a terminar en el podio de la carrera del domingo. El austriaco había sido el autor de una clasificación horrible el sábado, cuando quedó eliminado a las primeras de cambio, mientras su compañero Rosberg entraba entre los diez primeros. Pero salir desde tan atrás le hizo escoger una táctica diferente y con una sola parada, pudo ganar mucho terreno, beneficiado por las numerosas entradas del coche de seguridad, y ayudado directamente por las penalizaciones de Alonso, Rosberg, Massa y Fisichella, las cuales de no haberse producido, la historia de él y su Williams habría sido muy diferente. Pero es muy agradable para el mundo de la F1 que vuelva a estar allí. La última vez que había estado en un podio había sido en aquel lejano GP de Gran Bretaña de 1997, hace casi diez años. La otra vez que había sido tercero, en Imola 2005, no subió al podio ya que heredó esa posición después de una desclasificación de los Honda.
El otro piloto es Heikki Kovalainen. Antes de comenzar el año, creía que el finlandés se iba a postular rápidamente como una de las revelaciones de este año. Sus errores y sus problemas se lo habían impedido. En Canadá, luego de una carrera increíble en la que pudo recuperar mucho terreno saliendo desde atrás, logró la cuarta posición. Es cierto que también se vio beneficiado por las penurias de otros pilotos, pero nada le quita mérito a su resultado, el cual le dará más moral para afrontar el futuro cercano.