
Muchos de vosotros seguramente habréis vivido delante de la pantalla una gran carrera. Lo mismo puedo decirles después de haber pasado todos esos acontecimientos en el circuito de Nurburgring, un trazado que parece empeñado en ofrecer grandes carreras. Como si el mimetismo con su hermano mayor, el viejo trazado de 22 kilómetros llamado “Nordchleife”, le pasase algo de su magia.
Ya había visto grandes carreras en esta pista.
Una en 1996, cuando Michael Schumacher no pudo por muy poco, lograr su primera victoria con Ferrari. Otra vez fue
en 1999, en esa loca carrera que ganó Johnny Herbert y en la que Marc Gené sumó un punto con el Minardi.
Ayer, Alonso lo hizo bien desde el principio. Sabio por la experiencia que le dan los años a pesar de ser tan joven, supo bien que hacer en esos difíciles primeros momentos de carrera. Luego, se dio cuenta de que superar a Massa sobre seco iba a ser imposible y le dejó ir. Se conformaba con los ocho puntos. Pero apareció la lluvia y decidió arriesgar un poco más. Un riesgo que no era tremendamente grande si pensamos que era alrededor de cuatro segundos más veloz que Massa en mojado. Se dio cuenta enseguida de que la carrera podía ser suya. Y fue a por ella.
La maniobra de Massa la he visto unas cinco veces y veo que
el brasileño sigue la trayectoria hacia fuera, para no dejarle ningún espacio al español. La verdad, es que Massa ya sabía que era imposible parar a Alonso, porque es imposible frenar a un piloto que va cuatro segundos más veloz que uno. Al final, te adelantará. Pero Massa no lo aceptaba y los dos casi terminan fuera.
Creo que la de Imola 2005 sigue siendo la mejor victoria de Alonso, pero la de ayer no se queda atrás. Quizás sea la segunda en el escalafón. No solo por lo que hizo, sino porque hizo lo que tenía que hacer en el momento justo. Y eso, en condiciones tan difíciles, se llama experiencia.