
En Hungría, solo había dos que podían optar a la victoria, y eran los dos pilotos de McLaren. Uno de ellos heredó una pole position que no se había ganado en la pista y que le permitió hacer una carrera libre de obstáculos, en un circuito que no da oportunidades de adelantar a nadie.
Por un lado, Hamilton controló bien la carrera, y por otro, Alonso hizo casi el máximo con su coche. Y digo casi porque las simulaciones de ordenador le daban a McLaren que, en el mejor de los casos, podría haber subido al podio superando a Heidfeld. Al final, le faltó muy poco, pero superar a un coche que tiene un rendimiento tan similar en un circuito como el de Hungaroring es tarea casi imposible. Estuvo a punto de hacerlo cuando el alemán tuvo problemas de neumáticos que más tarde se solucionaron. Empujó Alonso hasta la última vuelta. Solo allí tiró la toalla.
La parte mas difícil para Alonso se llamó Ralf. Estuvo mucho tiempo detrás del Toyota, al que podía darle caza en los dos primeros parciales, pero en el tercero, justo el que se necesita para adelantar al final de recta, Alonso era muy inferior.
Fue un día redondo para Hamilton. No hubo contratiempos verdaderos en una carrera que, en mi opinión, ya tenía ganada desde la mañana del domingo. Con Alonso saliendo sexto, no había nadie que le pudiese hacer frente. Los Ferrari no estaban para esas cosas a pesar de los loables esfuerzos de Raikkonen.