Por
segunda vez consecutiva, hemos sido testigos a una ausencia de Alonso ante la
prensa un jueves. Ya había
sucedido en Hungría, pero aquella vez al menos había estado presente en el
trazado. Esta vez, ni eso. Solo acudió a un evento de un patrocinador en la
ciudad de Estambul, y desde allí se pudo sacar alguna declaración, la cual
tampoco fue demasiado importante para el momento en que vivimos. Desde arriba
le habían indicado que al menos hoy, fuese cauto en sus palabras.
Las
razones son claras. Lo que quería
evitar el equipo McLaren era que sus pilotos se encontrasen cara a cara con la
prensa y pudiesen desatar una tormenta nada mas comenzar un fin de semana en el
que el equipo de Alonso –y sus pilotos, no olvidemos- se juegan mucho. Los
pilotos no se habían visto ni habían hablado desde los episodios de la
desgraciada tarde del sábado en Hungría. De hecho, la última vez en que se
vieron las caras fue en la reunión de la
FIA del sábado, esa en la que Hamilton le fulminó ante los
comisarios y Alonso decidió, obviamente, no hablarle más.
Por
eso, McLaren intentó calmar un poco las cosas antes de que pisaran el circuito. Convocaron, incluso, a los ingenieros del equipo en
el mismo hotel, para que no tuvieran que moverse de allí. En la reunión
estuvieron todos los grandes jefes, y se intentó aclarar las cosas.
Personalmente, no creo que las aguas vayan a calmarse después de lo duro que
fue el trago de Hungría. Alonso va a por todas y quiere salir líder de esta
carrera. Cueste lo que cueste.