El periplo oriental sigue su curso. Después del varapalo de Alonso en el GP de Japón, para unos, esta carrera de China significa el paso final para la consecución del título del mundo –Hamilton y la prensa británica son las expresiones de la alegría- mientras que para otra parte del sistema las cosas son completamente al contrario. Alonso no va a tirar la toalla pero sabe que será muy, muy difícil. Incluso será difícil impedir que Hamilton se consagre este próximo fin de semana.
Interesante será ver que sucede con Raikkonen. Sus esperanzas son aún menores que las de Alonso, pero según sus declaraciones, no se rinde. No está muy detrás del asturiano, pero a estas alturas de la temporada, tres puntos son mucho. Esta semana, Jean Todt se ha lamentado de la fiabilidad del coche, señalándola como una de las causas de que Raikkonen no esté en estos momentos mejor ubicado en el campeonato. También debería haberse acordado de que el error de la clasificación en Mónaco le hizo perder valiosos puntos. Y ahora le harían mucha falta.
En China, aún es posible todo. Entre impresionantes rascacielos y una muchedumbre imparable que circula tanto de a pié como en bicicletas descontroladas, Shangai puede ser testigo este fin de semana de lo que no dejará de ser un Gran Premio histórico. Si gana Hamilton, porque será el mejor rookie, el primer británico en mucho tiempo, etc, etc. Pero si Alonso le da la vuelta a la historia, muchos pueden acordarse de esta carrera. Y mejor no pensar en otras historias de milagros que se han producido en la F1.