En Shangai se vive esa calma que hay antes de una tormenta. Y no me refiero a que en Shangai se esté esperando un tifón para el domingo por la noche, sino a la quietud que se experimenta en el paddock y en la sala de prensa del exagerado circuito de Shangai, antes de resolverse lo que ayer se conoció como algo sorprendente: Hamilton está bajo investigación de la FIA por su actitud cuando el coche de seguridad estuvo en pista en Fuji.
Después de todo lo que se ha hablado, la encrucijada de la federación Internacional es dura. Una vez han sonado las alarmas, tienen dos sitios hacia donde mirar. Uno es la presión de McLaren, que va a tratar de salvar a su piloto a toda costa, y argumentando, incluso, que ya bastante penalizaciones han sufrido durante este año. Pero por el otro lado tiene a todos los pilotos, unidos en un clamor en contra de Hamilton, de quien no se acepta su comportamiento en pista en Japón. Y que se le acusa de ser el causante indirecto del incidente entre Vettel y Weber.
Hasta mañana no sabremos nada acerca de este asunto. Tampoco hay datos que puedan servir de referencia acerca de lo que puede pasar. Se barajan varias posibilidades: desde 25 de segundos de recargo en la clasificación del GP de Japón –lo que le dejaría en el cuarto puesto- hasta de retirarle la victoria. Pero también puede que no pase nada. Esto último sería un capítulo más de la serie “protegiendo a Lewis”.