Fue medio error y medio milagro. Como dijo Fernando Alonso, lo que sucedió en China fue una combinación de cosas que en esta temporada seguían pareciendo imposibles. Una de ellas, o la más improbable, era que Hamilton abandonase una carrera. Un error increíble del inglés, provocado por un exceso de velocidad en la entrada del pit-lane, le costó la carrera. Y veremos si no le cuesta también el campeonato.
Hasta ese momento, el británico tenía la situación bajo control. Saliendo de forma impecable y rodando libremente delante del pelotón, Hamilton supo administrar lo que tenía. Hasta que comenzó a tener problemas serios. Y es allí cuando se ven a los que saben más. Se puso nervioso cuando el coche perdió mucho rendimiento a causa de unas ruedas en muy mal estado, y estudió con el equipo retrasar al máximo la segunda parada. Eso fue letal para sus aspiraciones.
Kimi se hizo dueño de una carrera que era, en un momento, de Kubica. El polaco se jugó a una sola parada, pero un problema hidráulico le privó de su primera victoria. Raikkonen se hizo dueño de otra carrera más. Y van cinco. Al final, el finlandés está demostrando quien es. Y llega a Brasil con posibilidades. Merecido.
La carrera de Alonso estuvo marcada por la mala posición de salida. Estuvo a punto de arreglar algo cuando superó a Massa, pero el toque anterior con el brasileño le hizo perder opciones. Luego, su trabajo fue perfecto. Y no deshilachó su motor para conservarlo para Interlagos. Está difícil, sigue estando muy difícil. Pero la esperanza debe ser lo último que se pierde.