Antes que le digan algo, ha puesto las manos delante.
Una vez más, Lewis Hamilton ha demostrado que también fuera de la pista
ha aprendido mucho, aparte de habérselo creído. Después de haber
cometido un error lamentable en el GP de China, y más cuando debería
haber sabido que con esas ruedas y ese suelo tan mojado era imposible
entrar como siempre a boxes. Pero aún así, falló y perdió la carrera.
A lo que me refería era a sus palabras.
Dijo que era su primer error del año, cuando ha cometido varios, por
ejemplo, en Mónaco al forzar la marcha inútilmente. Lo de Shangai fue
pura mentira e intento de manipulación. Una prueba más, también, de que
se ha creído que es el superpiloto que la prensa británica cree. Lewis
es bueno, buenísimo, pero no tanto como ellos creen. Y no lo digo por
el error de ayer. Lo digo porque durante el año no ha demostrado ser
tan bueno si no sale desde la pole position y hace una carrera clara,
solo, delante de los demás, gracias a esa ventaja inicial.
En China, cuando vio que las cosas se complicaban definitivamente, perdió los papeles.
Ganaron y quedaron delante los más experimentados, los que mas saben en
estas condiciones, los que son, de definitiva, los mejores pilotos de
carreras de estos tiempos y de los últimos años: Raikkonen y Alonso. Y
el tapón inicial de Massa sobre el asturiano nos privó de un duelo que
hubiese sido memorable.