Movidito el GP de Australia. Se esperaba algo de este tipo, pero las previsiones siempre son pocas cuando se trata del primer GP de la temporada y, sobretodo, cuando se estrena un nuevo reglamento que ha hecho y hará cambiar muchas cosas. La falta de control de tracción y de frenada nos ha ofrecido un espectáculo muy bueno, que espero se repita durante todo el año. Creo que así será. Lo visto en Australia no ha sido cuestión de un día. Muchos adelantamientos y emociones. Me pareció haber visto otra F1.
Para empezar, Hamilton. La victoria del británico es inapelable. Manejó a la perfección los momentos delicados en las salidas del coche de seguridad, y luego, contuvo con maestría a Kubica, Heidfeld y Kovalainen. Mantener el ritmo era lo que le quedaba, y lo hizo. No tuvo la vuelta más veloz en carrera, pero eso es siempre una constante en él. Y gana siempre desde la Pole. También, me hubiese gustado saber que habría pasado de no haber habido un coche de seguridad en el momento en que Kovalainen tenía que parar por segunda vez. El finlandés quedó muy retrasado a causa de ello, y de otra manera, podría haber habido una lucha con su compañero. Hasta en ello salió beneficiado Hamilton. Como ya ha ocurrido otras veces en el pasado.
Lo de Renault es cosa seria. El coche no va como ellos pretenden, ni como Alonso desea. Es una realidad que se comprobó en la carrera. Esta bien que Bourdais se benefició de las salidas de los coches de seguridad, pero Alonso no podía alcanzarle. Y de no haber abandonado. El francés no iba a ser superado por Alonso. Es mucho menos de lo que esperaba el asturiano para comenzar este año. Mejor dicho, de Renault y su R28.
Renault tiene, claramente, cinco equipos por delante. Y cuidado que no sean seis. De los tres mas poderosos ni hablemos, pero había una idea de que en el grupo perseguidor, ellos peleaban por estar al frente. Pero Williams –al menos con Rosberg- más RedBull –con ambos coches- y Honda, parecen superar, hoy por hoy, al equipo de Alonso. Esto es serio. Eso sin contar a ToroRosso, que dio muestras de poder entablar luchas directas. Y con un coche del año pasado. Habrá que trabajar mucho o pensar en un milagro.
Como ha sido siempre cuando le tocó salir con un medio inferior, Alonso hizo el máximo posible. Y esta vez, la recompensa de haber bregado con un coche lento en las rectas, y de haber perdido mucho tiempo por mala suerte en el momento de entrar a boxes justo cuando estaba el coche de seguridad. Una pena, pero al menos, su esfuerzo se vio compensado en el terreno de la buena suerte, ya que dos abandonos delante de él –los de Bourdais y Coulthard, sin contar a Raikkonen- le beneficiaron de forma directa. No esperemos mucho para malasia y Bahrein, porque el coche será el mismo. Salvo que el clima y las manos de Alonso hagan algo extra por mejorar el asunto.