Habían quedado dos cosas importantes para comentar después del GP de Canadá. Una de ellas fue la gran victoria de Robert Kúbica, un tipo que parece caerle bien a todos. Y la verdad es que es así. El polaco es un tipo abierto, muy diferente al resto de pilotos de F1, hecho a semejanza de los pilotos de hace varias décadas. Su primera victoria se estaba fraguando hacía un tiempo, y parecía solo cuestión de tiempo. Llegó, eso sí, cuando los rivales mas directos cayeron por si solos.
En BMW, eso lo tienen claro y no echan las campanas al vuelo. Saben que han ganado porque Hamilton se eliminó a si mismo y a Raikkonen, y porque los problemas de Massa le retrasaron. Y porque Kovalainen sigue sin existir. Pero sin cometer errores, lo que es un logro en sí mismo, el simpático Robert se aupó con su primera victoria, que encima le hace líder del Mundial.
En la vida hay que tenerle mucho respeto a la gente que tiene los pies en el suelo. Y estos parece que si los tienen. Saben que no están en condiciones de ganar el mundial. Así me le reconocía Tony Cuquerella, el ingeniero de pista del polaco, al que su equipo le tiene amordazado para poder hablar abiertamente en los medios, cosas de la F1 de estos tiempos. Y esta ubicuidad puede que preocupe mucho más a Ferrari y McLaren.
A Kubica, la victoria y el liderato le llegan en un momento justo, clave para su futuro. Está negociando su continuidad o su fichaje por otro equipo de cabeza. Nunca hubo algo tan certero como esto para él, que en su carrera deportiva las pasó canutas en los comienzos. Tanto él como su manager Danielle Morelli, un tipo al que conozco hace 15 años y que también es una persona muy inteligente.
Del otro lado de la orilla del río están Hamilton y McLaren. Juntos, han vuelto a las andadas. En Ferrari estaban que no se lo creían. No podían entender como a su piloto no le recalcaron que el semáforo podía estar en rojo en aquel momento. El mismo tipo de error que en Shangai el año pasado, pero no por haber sido en el mismo pitlane, sino porque ambos fueron por ansiedad, por querer ganar cuando había que templar. Y encima, le arruinaron la carrera a Raikkonen. Sé que muchos piensan que Lewis pegó un volantazo a último momento para darle a su rival más enconado en lugar de darle a Kubica. Eso es hilar demasiado fino, pero no descarto nada. Suena duro, pero todo es posible. Jamás se comprobará algo de ese calibre. Puede que tenga un mérito parecido al de Michael Schumacher en la clasificación de Mónaco 2006.
Habría que advertirles a estos chicos traviesos, sobretodo a Hamilton, protagonista de uno de los hechos mas bochornosos de la historia de la F1. Con bastante justificativo, la frialdad finlandesa podría haber dejado paso ayer en el pitlane de Montreal a un arrebato genuinamente latino en Kimi Raikkonen. Podría, porque no, haber protagonizado un encuentro de boxeo como el de Piquet y Zalazar en Hockenheim 1982. Menos mal que Kimi es de hielo. Se limitó a señalarle el semáforo a Hamilton. Como en un simple accidente de tráfico. Pero en Helsinki.
Por eso, cuidado muchachos, no se fíen por tener coches muy buenos. Detrás de vosotros está un polaco trabajador que os puede dar más de un susto. Y que ya os ha superado en puntos.
Ahora me subo al avión rumbo a España. Nos reencontramos el miércoles en el chat, que esta vez pasa a un día después del habitual por el viaje de vuelta. Espero vuestras preguntas. Saludos desde Montreal.