Dos fechas para recordar saltan a la luz en los días previos a este GP de Italia. Mientras sigue adelante la polémica del último GP de Bélgica –sobre la cual ya os he dado mi opinión- Monza se viene encima y trae a mi mente recuerdos. Uno de ellos tiene que ver con Fernando Alonso.
Hace un año que no gana. Justamente en un momento de definiciones en torno a su futuro, el español y sus seguidores saben que eso es mucho tiempo. Está bien que el coche no ha ido como pensaba. Está bien que Renault no ha sido lo que el esperaba. Pero un año es mucho tiempo. Ni él ni nadie hubiesen imaginado tanto tiempo sin subirse a lo más alto del podio.
Sin embargo, la afición sigue allí. Es verdad que se atisba, a veces, un cierto bajón. Pero la verdad es que la F1 ha seguido siendo un sitio de encuentro para el deporte español. Vaya bien o vaya mal, la gente sigue allí. Vosotros seguís allí. La F1, deportivamente hablando, ha caído en picado en España. Pero no hay dudas que se ha instalado en la cúspide de las preferencias del aficionado. Una buena noticia a pesar de todo. No es un buen año para Alonso, pero la atención y los focos siguen apuntando hacia él.
El otro recuerdo no tiene nada que ver con el anterior, pero sí tiene que ver con el circuito de Monza. Dependiendo de la edad de cada uno de vosotros, con toda seguridad habrán oído hablar de un tal Ronnie Peterson. Alguno, si es aficionado de hace tiempo, lo tendrá presente cada poco. Otros, los más nuevos, habrán oído hablar de él. Hoy hace treinta años de su muerte. Fue aquí, en Monza.
Nunca le he reconocido como ídolo de esos que han marcado personalmente –como lo fue Gilles Villeneuve, por ejemplo- pero marcó una época en mi primera etapa como aficionado a la F1. El “mago del derrape controlado”, como le llamaban, era capaz de deslizar el coche como nadie. A gran velocidad, se decía que controlaba un monoplaza como nadie. He podido verle carreras memorables, como aquella victoria in extremis en Sudáfrica 1978. O la clase magistral demostrada en Monza 1976, cuando con un vetusto March ganó la carrera.
Un desgraciado y desafortunado toque en la salida del GP de 1978 acabó con su coche de frente contra las barreras de metal. Murió un día después en el hospital por las complicaciones que derivaron de su operación. Hace treinta años. Justo ahora. No estaría mal tener a un Peterson en la F1 de hoy. Mucha gente le echa de menos.