Niki Lauda opina. Lo hace de vez en cuando, pero cuando se decide, no deja tema sin tocar. Tiene el suficiente prestigio y nombre como para tener credibilidad en todo el mundo. Palabra de Lauda. Suele ir a misa.
No puedo ni debo ocultar que, de pequeño, Lauda fue mi héroe. Incluso antes que un tal Gilles Villeneuve y sus proezas sin igual, estaba Niki Lauda. De él, aparte de acumular victorias sin parar en esa primera parte de 1976, y de dominar la F1 en esos años, rescataba la enorme valentía que tuvo cuando volvió a correr en el GP de Italia de 1976, después de su tremendo accidente de Nurburgring. El hecho de su regreso me conmovía. Me parecía sobrehumano.
Con el tiempo, por razones de trabajo, tuve la suerte de frecuentarle. Y como ocurre en esos casos, el mito se cae un poco. No por cercano, sino porque uno toma conciencia en ese momento de que es un ser humano mas “normal”. Incluso hablo con frecuencia con uno de sus hijos, Lucas, un muchacho de educación exquisita, y que desde hace un tiempo corre en el DTM alemán.
Y como ocurre con Bernie Ecclestone, creo que Lauda a veces acierta y a veces no. Tienen ambos esa autoridad que les otorga su nombre, pero no los exime de errores. Recuerdo cuando dijo lo de Alonso (“es como un perro”, en 2006) O cuando dijo que el Renault de ese año iba a ser imbatible hasta final de temporada, porque estaban corriendo con un coche que parecía de otra categoría. Recordad lo que pasó a finales de ese año con Schumacher y Alonso.
Esta semana, habló nuevamente a raíz de su 60 cumpleaños. Estuvo muy gracioso y acertado en definir a los actuales coches como “cosechadoras” (muy buena definición) y que el único carisma que tiene Hamilton es el de su novia, Nicole Scherzinger. Y que en su época, los pilotos tenían la muerte como una opción antes de salir a pista, algo que los actuales no contemplan como algo real.
En mis años, de F1, me he encontrado con gente que me dijo como de las gastaba fuera de la pista, para lograr su objetivo de ganar a toda costa. Era despiadado, todo lo contrario a sus modales en el asfalto. Una característica típica de los grandes. Eso sí, eso que ha dicho esta semana sobre lo de sus llantos cuando ve escenas tristes de algunas películas, o lo de las hierbas que se ha fumado alguna vez en Ibiza, ha estado desopilante. Una más de Lauda.