Nunca lo he ocultado: el Jarama me ha fascinado. No solo ha sido un circuito en el que pude vivir a gran distancia (vivía lejos y era pequeño) grandes páginas del automovilismo, sino que aparte de ello, su dibujo siempre ha sido una delicia para propios y extraños.
Ha sido una pena que durante tanto tiempo se haya ido dejando caer en picado. Las instalaciones y la misma infraestructura de la pista madrileña han ido perdiendo un poco de casi todo durante los últimos decenios. Fue poco a poco, pero inexorablemente, terminó jaqueado por las urbanizaciones lindantes y su final, en modo de suspensión de actividades de forma paulatina y constante, siempre estuvo rondando el trazado. Ahora, una nueva denuncia lo pone al borde de la muerte. O casi.
A la misma vez, nace un nuevo proyecto. Un proyecto que, según me consta, hacía tiempo que estaba en la mente de cierto grupo político y que puede que sea el mas atinado. Lo digo porque aprovechar terrenos cercanos a las pistas de Barajas, con buena comunicación y sin problemas de ruidos, puede que sea la mejor solución.
Probablemente, si todos se hubiesen sumado al mismo carro desde el inicio, Madrid tendría el circuito que debe tener desde hace tiempo. Si las fuerzas se hubiesen aunado en una sola dirección, en lugar de tirar cada uno para su lado, ya se habría inaugurado un nuevo y espectacular trazado en Madrid. Quizás, se hubiese disputado ya un GP de F1 en él. Una pena, sobretodo porque las buenas épocas de vacas gordas han pasado y con ellas, las mejores oportunidades de llevar a cabo una obra de este calibre. Pero aún así, este circuito debe hacerse.
Casi el mismo dibujo. Una pista más ancha, mejorada y con mejores escapatorias. Boxes modernos y paddock acordes a las circunstancias actuales. Esperemos que en el futuro más cercano posible, ese sea el nuevo punto de encuentro de los que añoran a la F1 en el Jarama.