Cuatro de la mañana en Singapur. La ciudad se mueve aún al ritmo diurno, esto no para. Una ebullición permanente en una carrera muy diferente al resto. Esta vez no se han visto vacíos en las tribunas, la eficacia de la carrera nocturna está asegurada. Los que estamos trabajando en la F1 seguimos llevando, eso sí, un ritmo distinto al del resto de la gente que está aquí. Nuestros horarios son los de Europa.
Salida del circuito y una escena llamativa. Operarios del trazado que estaban arreglando el asfalto de la salida de la curva cinco. Al lado del piano, en la misma trazada, el mismo se había levantado por completo. Pasaba por allí Jenson Button, que iba al hotel (eran las dos de la mañana) y se paró a ver lo que pasaba. Que lo arreglen para la hora de la carrera, esperemos.
Justamente, hablando de Button. Lo tiene difícil para la carrera. No ha estado a la altura, no le ha pasado nada en especial, y solamente ha ido mal. Barrichello, con menos que perder, arriesgó mucho y con el coche dañado por un toque a un piano, se estrelló al final de la Q3. Pero Button, que está camino de ser campeón, no puede tener estos altibajos.
Al ver los pesos de los coches, creo que si no hay novedad, ganará Hamilton. Tuvo suerte en que Vettel se vio frenado por el accidente de Barrichello, porque iba rumbo a la pole. Gran vuelta de Rosberg. Pero mejor vuelta para Alonso. Antes de la clasificación, nos dijo que no tenía mucho optimismo. Por la mañana, en los libres, no había ido bien. Pasar a la Q3 era casi una quimera.
Pero allí está, quinto. Y con una carga de gasolina que le deja las puertas abiertas al podio. Claro que va a necesitar golpes de suerte, aparte de ir al máximo durante este durísimo GP, tendrá que salir muy bien, y estar atento a las posibles bajas. Habrá muchos incidentes. La pista está muy sucia. Puede haber sorpresas. Las habrá, seguro.