Una deuda pendiente. Desde no se hace cuanto tiempo, algunos de vosotros (sobretodo uno especialmente…) me ha pedido en reiteradas ocasiones que contase que diferencias había sentido al probar diferentes coches de competición. Finalmente, he encontrado el momento para hacerlo. Cuidado que no es una inocentada, aunque el intento de Ralf Schumacher de volver puede que si lo sea. Vamos con lo cierto.
Antes que nada, aclaraciones. No es que me haya subido a muchas máquinas de competición. Tantas como para ser tan experto, y haber notado muchas diferencias, o mas que las que hubiese podido experimentar cualquier conductor “avanzado”, entendiéndose por esto como un aficionado a las carreras y a los coches, que exprimiría a fondo a sus sensaciones en esos gloriosos momentos, mas que al vehículo en cuestión. Vamos allá.
La relación peso-potencia de un kart es lo que lo hace más atractivo. Ya si nos subimos a uno de alquiler, notamos cosas que no podemos experimentar con algo similar que tenga ruedas. Probablemente, hayan sido karts lo que más he podido probar, de varios tipos, entre ellos un 125 con cambios, sin ellos, y hasta uno de cuatro tiempos de carreras. Incluso, una vez me subí a un Inter A, un pepino de cuidado que por poco me hace vomitar al bajarme.
No es que un kart sea lo mas parecido a un F1. En sensaciones, el solo hecho de estar completamente desprovisto de protecciones y viajar al ras del suelo a velocidades importantes, el kart es algo único de por sí. Puede que esa relación peso-potencia que hay, tanto en un caso como en el otro, sea lo que más los haga asemejarse, aunque la “patada” que te da un F1 cuando acelera de verdad, y teniendo en cuenta la cantidad de kilos y el aparato de media tonelada que tienes entre manos (y lo que cuesta) te impone mucho respeto.
Hacer una comparación entre ambos aparatos es muy difícil. Evidentemente, uno se sube a un kart con un desparpajo que en un F1 hay que dejar fuera del habitáculo. Claro que igual, el “aparatito” más pequeño te impone su respeto. Más que nada cuando le vas tomando la medida y comienzas a arriesgar un poco más. Es algo que con un F1, para uno como yo, está muy lejos.
Resumiendo. Lo más parecido entre un kart y un F1 es la sensación que hay en el momento de la aceleración, por la relación peso-potencia. Otra cosa que también los hace semejantes es la similar distribución de los elementos en el vehículo: el conductor está en el centro, el motor detrás, las ruedas traseras después de todos esos elementos. Un conjunto armonioso que asegura sensaciones únicas.
La sensación de protección en uno y de desprotección en otro, cambia el panorama. Evidentemente uno es un coche con chasis, el otro…es lo que es. La aerodinámica los termina por alejar definitivamente, pero allí no me animo a decir que he probado las sensaciones a fondo en el caso del F1. En cualquier monoplaza que te subas, siempre vas a sentir algo. A alta velocidad, la cabeza comenzará a zarandearse a causa del viento. Una sensación que en un kart, sin flujos aerodinámicos que provoquen el fenómeno, no se puede tener.
Espero haber colmado expectativas. Si no es así, detallo otras cuestiones. Puede que se me escapen cosas, pero es lo que me parece más reseñable. Los más interesados podéis preguntar en los comentarios, y lo voy completando.