Abu Dhabi, año uno. Parece que fue ayer, parece que fue hace mucho, todo a la misma vez. Hace un año ya de aquel crepúsculo nefasto para Fernando Alonso, para la F1 en España, para todos. Uno de esos resultados que se antojan imposibles antes de que se produzcan, una sorpresa que llama la atención, una página extraña, difícil de digerir.
Coincidían muchas cosas. Cosas positivas, claro. Era el primer año de Alonso de rojo, era el deber cumplido, era hacer diana en el sitio indicado, era la revancha de aquel año en McLaren, eran muchas cosas juntas. Pero como la F1 no es una actividad en la que se pueda dejar un resquicio abierto a los rivales en estado de gracia, las cosas fueron mal.

No tengo claro que hayan cambiado tantas cosas en Ferrari desde aquel nefasto atardecer
. Me gustaría que así fuese, solo que tengo dudas y mi deber es expresarlas. Un año después, hay unos cuantos que ya no están, pero los resultados, lejos de haber sido similares a los del año pasado, han sido peores para una marca que se obliga a si misma a ganar.
Ya no está Chris Dyer. Ya no está Aldo Costa. Unos cuantos meses antes de aquella noche, se había despachado a Luca Baldiserri del equipo italiano, un hombre que había hecho mucho por ellos y que había sido una parte importante en el organigrama Ferrari de los éxitos de Michael Schumacher. Pero después de las escenas de comedia del lluvioso GP de Malasia 2009, se terminaba la F1 para él. Muchas otras personas han abandonado el barco de forma obligada.
Un año de Abu Dhabi. Este fin de semana que llega al calendario el mismo escenario, en medio de una maraña de entrenamientos privados de cara a 2012. Abu Dhabi vuelve a observar a una F1 en la que todo se ha terminado de cocinar hace ya tiempo, con Vettel campeón y dispuesto a lograr algunos récords. Y que regresa al escenario de uno de los episodios más difíciles de la historia reciente del deporte español.