Como siempre, los benditos gendarmes. No se puede decir que los belgas no sean amables, pero tienen algunas características difíciles de entender. Sobre todo uno: el gendarme que custodia una de las entradas al circuito de Spa, donde todos los años, sin excepción, termina complicándonos la vida. Es sencillo . El camino que hacemos todos los días en sentido inverso...
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