Segundo empate a cero como visitante. Juego monótono, aburrimiento y una certeza: Rijkaard no encuentra soluciones para un equipo que sólo tiene una cara: plana, horizontal, sin ningún tipo de intensidad defensiva. Con todos los jugadores mirando a la pelota. El futbol no es atletismo ni tiene que serlo, pero quizá alguien debería empezar a correr sin pelota en este equipo.
Quizá también deberían empezar a buscarse soluciones para Ronaldinho. Sigue jugando en una baldosa, pero en la baldosa equivocada. Romario también jugaba en una baldosa, pero era para provocar goles. Ronaldinho sólo provoca bostezos y faltas.
No es un problema de jugadores, sino de concepto de equipo. Da igual Deco que Xavi o que Iniesta. Si el Barça no vuelve a defender atacando no volverá a ser un gran equipo. Quizá Rijkaard trabaje en ello, pero no se refleja en el campo. Los mejores en Pamplona fueron Milito y Abidal, y si lo fueron fue por intensidad, por estar en el partido. Touré también les ayudó desde el medio centro: bien colocado y sin perder la posición. Pero en ataque las cosas continúan igual. Es la repetición sistemática de un camino que no lleva a ningún sitio. El futbol es mezcla, y en el Barça nadie mezcla.
Rijkaard tampoco mezcla el equipo, y el equipo más competitivo es el que mejor lo hace. El Barça adolece de tiro desde fuera. De tiros y de remates. De llegada desde la segunda línea. Se empieza a ver algún balón vertical, pero sólo por el esfuerzo de Giovani. Aparte de eso queda el recurso único, el de siempre, el de el fracaso: el toque. Toque y más toque para nada. Ricardo hoy fue un espectador, como lo fue Toño en Santander.
El Barça se confunde. Confunde las zonas del campo: toca en horizontal, nunca en vertical. Si las porterias estuviesen donde los banquillos hablaríamos del mejor equipo del mundo, pero las dimensiones son otras y por eso no es competitivo. Quizá desde Futbolitis confundimos el debate sobre Ronaldinho: que resuelva los partidos a balón parado es, ahora mismo, quizá el único recurso azulgrana. Las faltas de Ronaldinho antes eran algo más: la guinda del pastel. Ahora lo son todo.
La cuestión no es ganar, empatar o perder. Bojan pudo haber marcado, o Giovani. Pero la imagen que se dio fue, desde el primer minuto, la de un equipo triste, aburrido, que no está ni al diez por ciento de su capacidad.
Tras hacerle algunas preguntas en la rueda de prensa, fue Rijkaard el que nos interrogó: nos preguntó cómo se defendían las faltas laterales, por ejemplo. No le contestamos a esa pregunta. Sí le dijimos, en cambio, cómo hacer que Ronaldinho recupere su rendimiento, que deje de retener la pelota y recibir faltas, que deje de lastrar al equipo. Quizá la solución es que se entrenen automatismos, para que vuelva a recibir al espacio. Que reciba de cara y no de espaldas. Que lo haga, siempre, entre la media y la defensa rival y no como ahora, a la altura de Yaya Touré. Rijkaard nos dio las gracias: dijo que probará a trabajar esos automatismos.
Que Rijkaard diga eso sólo significa dos cosas: o que no se entrena o que se hace mal. El equipo necesita un cambio radical. No para ganar, porque cuando coja ritmo competitivo -aún no lo tiene- volverá a llevarse partidos. Pero debe buscar algo más: ser un rodillo. Marcar una era. Para eso la directiva fichó lo mejor de lo mejor. Por eso no se admitirán excusas.
Henry se mueve, mucho, pero nadie le encuentra. A diferencia de lo que pasaba en el Arsenal, nadie juega para él. Además de moverse, sólo hace otra cosa: quejarse y poner caritas. Él es el primero que no entiende cómo juega su equipo. Si Rijkaard quiere soluciones también puede preguntarle al francés: viene de un equipo repleto de automatismos, donde la regla de oro era el "ver, tocar, moverse". Aquí hay más calidad que en los Gunners pero otro lema: "veo, toco... y me quedo parado". En vez de velocidad eléctrica lo que hay es un cortocircuíto.
Giovani fue el unico que corrió: con y sin la pelota. Tiró desmarques. Salvo una llegada desde segunda línea de Iniesta, el mexicano fue el único que hizo algo de juego inteligente. Jugó al final Bojan, pero se le vio extremadamente nervioso. Desde el calentamiento, donde sufrío novatadas en el rondo. También perdió una bota sobre el césped. Pero demostró a sus compañeros, en muy poco tiempo, el camino. Cómo hay que pisar el área. Cómo hay que llegar al gol. Cómo hay que ser un killer.
El miércoles vuelve la Champions y llega el Olympique de Lyon. Con él llega Benzema: una joya futbolitis total. Un futuro crack, que no os hemos presentado aún por falta de tiempo. Le veréis el miércoles en el Camp Nou. El Lyon está mal, le pesa la ausencia de Coupet y se ha quedado sin centrales. El Barça también es otro en el Camp Nou. Pero seguimos esperando las dichosas soluciones.