Las dos palabras son estilo y jerarquía... y el Atlético no tiene ninguna de las dos. Tras dar con la tecla en Osasuna Javier Aguirre da bandazos en el Atlético, cambiando cada mes de estilo. Tiene dificultades para jugar atrás, a la contra, porque carece de recuperadores en el medio del campo, y tampoco puede presionar muy arriba porque Perea y Pablo atrás cantan mucho. La pareja funcionó bien el primer año juntos, pero después ha venido la decadencia y el fútbol no perdona: te juzga día a día, y la calidad se demuestra cada jornada. Si el Barça que ganó la Champions hubiese fichado a Diarra probablemente habría impuesto su hegemonía, pero con Edmilson, Motta y Márquez en el mediocentro vinieron las vacas flacas, a las que hace mucho parece abonado el Atlético.
Tras los últimos resultados la alegría es rojiblanca, pero los resultados no son el único patrón. Es un equipo sin creación en mediocampo: Raúl García y Maniche son generosos en el esfuerzo, tienen carácter, corren, pero a la hora de generar juego sufren. Raúl García es indiscutible, pero debería tener a su lado a un jugador franquicia en el medio centro -hace tiempo apuntamos a Yaya Touré o el zaragocista Zapater-, y puede que Motta termine siendo ese hombre si supera sus problemas con las lesiones.
Mientras, el Atlético carece de columna vertebral y sin ella es muy difícil ser alguien el el fútbol de hoy. Carece de lo que gente como Luis Aragonés llama "pasillos de seguridad": tiene muchos futbolistas para adornar, sin peso decisivo en el juego, como por ejemplo pudo verse en la primera jornada en el Bernabéu. Ese día el Real Madrid puso generosidad, esfuerzo e incluso calidad, pero un rival con más fútbol le hubiese amargado el estreno. Sin embargo el Atlético le dejó vivir: Aguirre se equivocó en los cambios, un hecho que se repite con frecuencia, y los blancos acabaron remontando.
Aguirre volvió a equivocarse, sobre todo, en el empate en Murcia, donde envió señales peligrosas de lo que puede venir. Ganando por un gol a cero el mexicano quitó a falta de un cuarto de hora a Agüero y Forlán, demostrando así una gran inadaptación al club que le paga, que necesita crecer. Para hacerlo tienes que ir a ganar y después de marcar el primero conseguir el segundo, el tercero, crecer siendo grande. Si un día te empatan buscando el 0-2, en una jugada aislada, comprender que no pasa nada, que estás en el camino. Si te encierras con ese solitario gol de ventaja no eres un equipo que pretende ganar cada semana sino que consideras un simple triunfo fuera, ante un recién ascendido, algo demasiado importante. Ganando puedes tomar más precauciones, cerrarte un poco más atrás, reforzar el mediocampo, pero no quitar a tus dos delanteros por hombres sin mucho gol porque los jugadores ni se plantearán aumentar el resultado.
El Madrid es el caso contrario. Lo vimos contra el Valladolid, el Betis o ante el Getafe. Pasan tramos del partido donde los blancos están desbordados, idos, como un boxeador sonado... que siempre tiene la mandíbula del rival en la cabeza. Esa es su grandeza, la mentalidad ganadora de sus jugadores. Pueden estar desarbolados y no ver la pelota, pero los de blanco siempre piensan en ganar, en plantarse con tres pases frente a la portería adversaria. Algo que Javier Aguirre es incapaz de transmitir.
Riquelme, del que hablábamos hace poco, daba el perfil ideal para este Atlético. Podemos discutir sobre qué tipo de jugador es pero firmarle dos temporadas era perfecto: das el salto de calidad, es probable que entres en UEFA o en Champions y, dos años después, podrás deshacerte del argentino, que habrá dado jerarquía, estilo y brillo a las piezas de alrededor. También sonó hace un año Rosicky, que cumplía a la perfección, pero por medio millón de euros la operación se ralentizó y el checo prefirió irse al Arsenal de Wenger. Mala planificación.
La de este verano no fue tampoco la idónea. Este Atlético tiene muchos jugadores de banda, pocos en la parte central y titulares que no llegan al nivel exigido. Como Pernía, por ejemplo, que sigue viviendo de un gran engaño del fútbol: la fijación por el gol. Si un defensa mete uno saldrá en el equipo de la semana, todos conocerán su nombre, pero pocos se pararán a pensar si vale para lo que verdaderamente está: defender. Famoso por sus tantos a lo Roberto Carlos, Pernía es un jugador que no tiene ida y vuelta, porque en defensa no es garantía de nada, en cada jornada ha sufrido... En el último derbi él y Pablo eran la Gran Vía madrileña... para los de Schuster, faltos de ideas hasta que empezaron a hacerles regalos.
El argumento de Aguirre parece extraído de una película de romanos: quiere once gladiadores que defiendan y ataquen a muerte. Un fútbol total que el Atlético sólo ha mostrado frente a la Vojvodina, debido a que el fútbol lo juegan dos equipos y los serbios no tenían apenas nivel. Son los rivales los que marcan el nivel y el Atlético sería competitivo en la liga holandesa, dominador en la serbia... pero en España las plazas de arriba están caras y además es un equipo bajo sospecha.
Ese presunto equipo de gladiadores va a tener problemas de solidez, y más cuando las cosas no vayan demasiado bien. ¿Quién se atreverá en esos momentos a coger el balón y mandar? ¿Quién tomará las riendas, quién dará un paso al frente? La esperanza es Raúl García, que brilló con Osasuna gracias en buena parte a Puñal y que cumple a la perfección como mediocentro con la sub-21... pero que está por demostrarlo en un aspirante a ser grande.
Su compañero Maniche es ganador, competitivo, pero incapaz de llevar el peso del equipo y de cumplir sus obligaciones defensivas. Ya en el Oporto necesitaba de Deco para mantener al equipo porque es muy impulsivo y aunque corre mucho pierde el sitio con facilidad. Es difícil verle entre los centrales guardando la posición y pese a su esfuerzo, brega y carácter, es fácil recordar sus peleas con Mourinho en el Oporto y Scolari en la selección para que guarde la posición.
Aunque encuentre a sus once gladiadores Aguirre tiene que decidir dónde quiere defender su equipo. Si es en primera línea, Forlán y el Kun no parecen la pareja ideal para presionar ni Perea y Pablo la pareja para jugar con la espalda descubierta. Si donde pretende morder es en el medio el Atlético vivirá en permanente inferioridad, o se verá obligado a someter a sus jugadores de banda a un esfuerzo tremendo, lo que penalizará su rendimiento ofensivo porque sus perfiles son explosivos, jugadores artísticos que a mayor esfuerzo en defensa menos producirán en ataque.
Por las alas se vislumbran como titulares Reyes y Simao, sobre todo porque ambos dominan el juego a balón parado, suerte fundamental para que los de Aguirre encuentren puntos sin mucho fútbol. El andaluz y el portugués también pueden intercambiarse de banda pero ambos juegan al pie y no al espacio. Simao sí lo hacía en el Barça, pero cambió en el Benfica. Una evolución que puede beneficiar a un Atlético que, escaso de hombres que puedan retener el balón, fuercen faltas y paren el partido cuando no esté controlado, debe sacar partido de esa característica del portugués.
Las otras opciones son Maxi y Luis García. El capitán Maxi tendría que ser titular, pero lo tendrá difícil por las bandas y puede acabar jugando como segunda punta. Respecto a Luis García... podríamos llamarle "el gran engañado". Su trayectoría es extraña: de jugar finales de Champions a soñar con entrar en la UEFA. Su caso ejemplifica el desastre de la planificación atlética: se marchó del Barcelona ante la irrechazable oferta del Liverpool -mucho dinero, contrato largo y el 'diez' en la camiseta-, siendo decisivo en la Champions de Benítez. Sin embargo, ahora vuelve al Calderón: muchos ceros debió ponerle el Atlético en el talonario por un jugador que no es ningún seguro de vida. Puede ser importante si el equipo se consolida, porque tiene calidad y apariciones sorprendentes, pero es difícil confiar por completo en sus posibilidades aún reconociendo que es trabajador y honrado con el equipo.
La pareja 'políticamente correcta' arriba son Forlán y el Kun Agüero, aunque si Aguirre busca presión defensiva y juego entre líneas puede entrar Maxi sacrificando a cualquiera de los dos. Juntos son una pareja incompleta, que no domina el juego aéreo y con problemas para retener la pelota, porque les gusta mucho mirar la portería rival pero muy poco jugar de espaldas. El estilo de sus compañeros tampoco termina de ayudarles, porque mejorarían su rendimiento buscando balones diagonales a los espacios con pases desde atrás a lo Márquez o Fernando Hierro. Sin embargo sus movimientos, cuando el equipo está en fase de inicio, son estériles, porque aunque Perea o Pablo les busquen el balón terminará en el portero rival en el mejor de los casos. El equipo que quiera anular al Atlético tendrá que presionar ariba incomodando la salida de balón de Pablo, Pernía, Seitaridis, Maniche o Perea. Forlán o Agüero tampoco son velocistas: si pones la defensa en el medio campo puedes ahogarles, obligando a Raúl García a bajar a por la pelota alejándole demasiado de los dos puntas.
Forlán clama por un jugador que meta el balón entre líneas, que vea sus desmarques, y ahora no lo tiene. No se ve ese tipo de jugador capaz de habilitarle en un partido grande. Cuando fichas a Forlán tienes que asumir que necesitas, automáticamente, otro fichaje que rentabilice su juego. Cuando se habló de Forlán para el Barça no le veíamos como sustituto de Larsson, sino de Giuly, donde hubiese dado un gran rendimiento. En Manchester, donde se hizo el jugador que es ahora, aprendió a manejar las dos piernas por lo que sus dos perfiles son buenos. Al ser consciente de su falta de velocidad le gusta definir rápido. Y no tiene una calidad sobresaliente, por lo que a veces entra en barrena, lo que puede sucederle en el Atlético porque tendrá menos ocasiones que en Villarreal, donde había fútbol de toque, combinaciones de balones verticales y diagonales, calidad en medio campo, respeto al balón y movilidad. Con la camiseta rojiblanca Forlán tendrá que sobrevivir en el abismo, en un equipo que en los últimos años, con Aguirre, Manzano y tantos otros, se ha especializado en hacer partidos en los que no juega a nada.
El Kun Agüero... El Kun es un jugador con un tren inferior muy destacable, similar al del azulgrana Giovani siendo el mexicano más extremo y el argentino más delantero centro. Como siempre pasa con puntas como él surge la polémica sobre si un 'nueve' tiene que ser más voluminoso, porque los arietes pequeños muchas veces no terminan de convencer -algo que le pasó hasta a Romario-. Agüero ha llegado muy joven a España pero es el que tiene las ideas más claras en el Atlético: ve fácil la portería, tiene gol y, aunque sigue estando en fase de construcción, es obvio predecir que explotará. Esperemos que haya paciencia y lo haga en el Atlético porque sin duda será una estrella. Es contemplándole cuando más vemos la necesidad de que el equipo encuentre una columna vertebral: el Kun tendría que ser el Iniesta de la primera Liga de Rijkaard, en un equipo con once jugadores más él y la obligación del resultado para los consagrados, y el disfrute para el liviano y mortal Kun Agüero. En poco más de un año muchas veces ha sido lo opuesto: Agüero ha tenido que cargar con ser la alegría de una necesitada afición y, encima, resultar decisivo en el marcador, y eso para su fútbol puede ser tremendamente nocivo. Cuando el resultado no llega la ansiedad es como ácido láctico en los músculos, agarrota tu mente. Es como si, cuando las cosas van mal, todo el Camp Nou mirara a Iniesta: en el Calderón demasiados ojos recaen sobre Agüero previo paso por Javier Aguirre. Pensemos en Robinho y Messi: al primero se le pidió desde su llegada ser el salvador, la referencia, y eso atenaza su fútbol. Messi, en cambio, ha crecido porque nadie le pedirá ser el salvador hasta que llegue a ser el mejor. Con el mal juego, el mal resultado, la grada del Camp Nou mira a Ronaldinho y eso es una bendición para el argentino. Con empate a cero Messi tirará un caño y el estadio se levantará aunque salga mal; si hace lo mismo Ronaldinho y falla vendrán los pitos. Son los clubes, los entrenadores, los que tienen que proteger a sus perlas, y Agüero es la del Atlético.
El último gran Atlético, sobra decirlo, fue el de Radomir Antic. El serbio contaba con pocos jugadores, basándose en un once inicial muy consolidado y de gran rendimiento jugando un 1-4-4-2 con Molina, portero, de libre, un nuevo referente en el fútbol mundial como 'portero- jugador'. Él era la base de todo el entramado del juego defensivo. Cada vez que el equipo presionaba Molina adelantaba su posición cinco metros, cubriendo las espaldas de los centrales. Ningún equipo encontró remedio a esta propuesta hasta que llegó Ronaldo, que destrozó todo ese sistema de juego.
Delante de Molina había una defensa de cuatro en línea, en zona y achicando a la perfección. Era una zaga muy dura, en la que el rival no encontraba caminos. Si el delantero recibía de espaldas Santi, Solozábal, López o Toni le cosían a patadas; si la pedía al espacio se topaba con esa especia de Beckenbauer que era Molina. La distancia entre líneas era siempre la correcta, casi nunca vimos al equipo desarmado ese año. La única alternativa era la entrada de Geli como lateral derecho por López, quien anticipaba la figura del Oleguer en la última Champions del Barça.
En el centro el Atlético plantaba un rombo interior similar al que buscó Luis en el último Mundial. Vizcaino, Simeone, Pantic y Caminero: jugadores expertos y consolidados pero faltos de reconocimiento y un gran título. El 'regista' era Caminero: referencia de la España de Clemente en el Mundial '94, muchas de sus virtudes recordaban a las del mejor Fernando Hierro. Caminero fue fichado del Valladolid, donde jugaba de libre y donde casi siendo un niño, pronto se convirtió en el Kaiser. Antes de firmar con el Atlético estuvo a punto de hacerlo por el Real Madrid, y hubiese sido un fichaje espectacular. Clemente le reconvirtió a mediapunta donde dio un gran rendimiento porque le sobraba calidad, tenía magia y ofrecía momentos inolvidables de fútbol. El ritmo era suyo: aunque jugara caminando contaba con un gran cambio de ritmo, y aunque desaparecía a ratos con la pelota en los pies reinventaba a su equipo, que estaba muy trabajado pero no derrochaba imaginación.
También fundamentales eran el Cholo Simeone y Pantic. Simeone era el líder defensivo, el dueño de las charlas, el motivador, el que aunaba y cimentaba el grupo. Volverá al Atlético algún día, pero será como entrenador. Pantic, decisivo en el Atlético del doblete, había llegado ese verano desde la modesta liga griega por petición expresa de Antic y muy poco dinero. Pantic llegó y triunfó: siempre metía el 1-0, el gol más difícil, el que diferencia a los buenos de los grandes. De las faltas, los córners o las apariciones de Pantic vino mucha de la gloria de ese año triunfal.
El puzzle se completaba con Kiko y Penev en la delantera, con Biagini entrando en el minuto 80. Kiko y Penev eran dos delanteros de gran presencia física, que aguantaban de espaldas bien la pelota permitiendo que sus compañeros se incorporaran, lo que garantizaba que incluso en tramos de poco juego el Atlético pudiera marcar, porque de cualquier pelotazo podía terminar llegando el equipo. Además Kiko y Penev se complementaban bien: uno diestro y el otro zurdo, jugando a pierna cambiada eran muy peligrosos, buscando la diagonal hacia portería con el balón en el perfil de disparo.
El Atlético de Madrid del doblete, de la Liga y Copa, en la 95-96... Un gran equipo, con una gran diferencia al de ahora: en ese Atlético de Antic todos los perfiles estaban marcados. Cada jugador sabía lo que tenía que hacer, mientras en el Atlético de hoy nadie termina de saber cuál es su responsabilidad, su obligación y dónde tiene que encontrar su mayor rendimiento.
Sergio "Kun" Agüero, elegido joya futbolitis cuando jugaba en Independiente (Marzo 2006)
Análisis de la planificación Atlético de Madrid por futbolitis (Julio'07)
Analisis de la planificación Atlético de Madrid por futbolitis (Junio' 06). Futbolitis proponía como fichajes rojiblancos a Touré Yayá, Gago... a precio de saldo por aquel entonces.