No importa cuál sea el resultado final porque el Madrid sólo sabe de una vía: el sufrimiento. Así llegaron otra vez los tres puntos, esta vez ante un Deportivo que fue la vulgaridad hecha equipo. Pese a ello lo pasaron mal los blancos: ausencia de Diarra, pitido inicial, balón largo a Juan Rodríguez que prolonga ante la incapacidad de Marcelo y Gago por alto y gol de Xisco. Dictó sentencia después la incapacidad deportivista de dar dos pases seguidos.
Para eso debería haber estado Guardado, pero el mexicano no apareció por Madrid. El Bernabéu le pudo. Cometió el penalti más ingenuo del año, falló todo a balón parado y estuvo inseguro con la pelota en los pies. En el árido paisaje deportivista él y Verdú debían ofrecer algo de fútbol, pero su aporte fue mínimo.
Enfrente estaba el Madrid, ahora con Higuaín pegado a banda derecha y Robinho de nuevo en la izquierda. La decisión de Schuster hizo que los blancos jugaran con un 1-4-2-4, y la evidencia de que alinear a demasiados delanteros juntos puede ser la mejor forma de no crear peligro alguno. La soledad de Guti y Gago en el mediocampo condenó al equipo durante casi todo el partido a no jugar a nada.
Guti volvió a resultar decisivo. Con el paso del tiempo Guti se ha adaptado exactamente a lo que se necesita de él: sabe que no aguantará un ritmo alto los noventa minutos y se dosifica. Pasea la primera media hora de cada parte pero, al llegar los últimos quince minutos de cada tiempo, despierta. Como un cazador de sangre fría pasa la jornada acumulando energías: le basta desplegarla unos instantes para aniquilar a su presa. Si ésta además se desgasta y se abre, aumenta la distancia entre líneas y deja espacios, la suerte está echada. Guti aumenta su nivel de actividad, brotan los pases de tiralineas, las asistencias y tres puntos más en el saco.
La falta de juego del Madrid ha encumbrado a Guti. Hace años era el quinto o sexto jugador con más calidad de la plantilla: hoy es el único. A la espera de Robinho, no hay más talento que el suyo. Con eso, y no mucho más, sobrevive el equipo pero una cosa debe tener clara el brasileño: No engaña a nadie, el nivel futbolístico en España es demasiado elevado como para que nos chupemos el dedo.
A su lado volvió a naufragar Gago. El argentino está en el lugar equivocado en el momento más inoportuno. Es un 'cinco' en un equipo que lleva temporadas sin un jugador de su estilo, y que tampoco lo quiere. En otro esquema, repartiendo juego, estaría a gusto, pero en este Madrid sigue sin tener lugar y mucho más con Guti delante.
También fracasó Saviola, cada vez más indefendible. En Barcelona no jugaba por ser un fichaje de Gaspart, por su agente Brizuela, porque Txiki no lo tragaba, pero en el Madrid no lo está haciendo mejor. Si sale de titular como hoy, no rinde y tampoco parece capaz de ofrecer algo distinto saliendo desde el banquillo. Ni domina el juego de espaldas ni los rechaces, ni remata tampoco bien de cabeza. No es un Larsson, un Inzaghi o un Soljskaer, un especialista con presencia física. 'Punterita' Saviola es sólo oportunismo, sin más. Tampoco le favorece la comparación con Van Nistelrooy, otra vez demoledor. Con él es fácil despreocuparse: siempre solucionará el partido. Hoy sacó faltas de la nada, aguantó la pelota, provocó un penalti, marcó y le dio un gol a Raúl. Es una amenaza constante.
Tres puntos más y otra jornada de líderes, pero la palabra que define al Real Madrid sigue siendo 'confusión'. Para que un equipo rinda tiene que jugar junto, ser estrecho para defender y ancho para atacar. Hay dos formas de hacerlo: o jugar en campo contrario o replegarse y buscar la contra. Si el Madrid quiere hacer lo primero tendrá problemas, porque su defensa es muy lenta. Si opta por esperar atrás la portería estará demasiado lejos para Raúl o Van Nistelrooy, como se vio el año pasado donde sólo lo consiguieron al final de la campaña y amparados en otros recursos, como el juego a balón parado o los desplazamientos en largo de Beckham.
Schuster tiene que decidir dónde juega su equipo, pero también necesita mimbres. El regreso de Pepe ayudará si quiere adelantar las líneas, pero después se encontrará con que le faltan extremos. Robben por las lesiones y Robinho porque no busca la linea de fondo, sino la definición, no son fiables. Los pases interiores serán coto cerrado de Guti, porque Sneijder cada vez más se descubre como un finalizador y no como un creador. Con una plantilla tan justa quizá el éxito termine llegando a través de marginados como Baptista o Soldado, como otrora ocurriese con Amavisca y Zamorano o más recientemente Roberto Carlos y Beckham.
EL BARÇA RIZA EL RIZO: ES VÍCTIMA DE SUS VIRTUDES

Después saltó al campo el Barcelona. Si la presencia en el once titular de Touré y Zambrotta era ya una locura, recién recuperados de una lesión muscular, cambiar en el descanso a Márquez por Puyol roza la temeridad. Tres hombres con problemas musculares con sólo dos cambios posibles y toda una mitad por jugarse. Insólito.
¿Quieren otra incongruencia? La ausencia inicial de Gudjohnsen. Un alarde de cómo no gestionar una plantilla: fue el mejor en Escocia y como premio hoy al banquillo. Mejor insistir en el libreto de siempre que aprovechar su llegada. Con una buena preparación física y táctica, algo que parece imposible en el Barça, el islandés podría ser decisivo, pero es otro recurso que Rijkaard desperdicia.
Antes del partido el entrenador dijo que debían jugar con menos control y más verticalidad: demostraba de nuevo tener tanta habilidad para ver los problemas como incapacidad para hallar las soluciones. No puedes decir eso y luego alinear a Xavi, que aporta precisamente control y pase horizontal, lo que tú mismo reconoces que es lo que le sobra al equipo. Sin él quizá te falte ritmo de juego, pero los ataques no serán interminables. El camino debe ser quitar pasadores y apostar por finalizadores, elegir de una vez entre Xavi o Iniesta, porque no hay sitio para los dos si encima está Ronaldinho.
Él, junto con Giovani y Henry, fueron la delantera azulgrana. Tres puntas que se alejan del área rival cuando el balón ronda la portería. Falta un definidor, es evidente. Es otra plantilla mal hecha, sin un ariete y sin un extremo derecho que abra el campo.
Ronaldinho, para qué insistir en él, no transmite nada bueno. Giovani no sólo está inmaduro sino que tampoco parece capaz de llegar a ser un gran jugador: es bueno, rápido, pero no es un crack. Y Henry sigue relajado: acostumbrado en la Premier a encarar pésimos porteros televisa todas sus aciones, anuncia dónde va a disparar. Cuando recibe en profundidad no trata de alejarse del defensa sino que lo espera. Y al recibir no ataca el balón sino que mete el pecho, dejando respirar a la bola y perdiendo un tiempo precioso. O el francés aumenta su agresividad a la hora de buscar el balón, controlarlo y definir ante puerta o tendrá serios problemas para hacer goles.
Pese a su derrota el Almería volvió a dejar buena imagen. Demostró que al Barcelona no sólo se le atragantan los rivales que se encierran atrás: el equipo de Unai Emery defendió donde quiso a base de rigor táctico y una gran preparación física. Estuvo brillante en el planteamiento y exquisito en la estrategia, donde defendió a la perfección. ¿Por qué perdió? No es fácil sacar algo positivo en el Camp Nou, ante un rival como el Barça, si encima te birlan un claro penalti a favor y en la siguiente jugada se inventan uno inexistente en contra.