El Barça tiene ante sí un partido trascendental para no meterse en problemas: los diarios hablan de certificar el pase a los octavos ganando a los escoceses, pero el encuentro tiene otra cara. Se trata de la primera final de la temporada para el Barcelona, un equipo que siempre que se ha clasificado como segundo de grupo ha caído después en el cruce.
La moneda tiene un reverso, un lado oscuro: de perder, los azulgrana sufrirán para pasar de fase. Es un partido 'average' y eso lo define todo: si gana el Rangers será primero de grupo, y el Barcelona visitará Lyon jugándose la clasificación.
Peligro: como dijimos, el OL crece cada semana, y será muy peligroso en marzo si se clasifica como segundo, uno de esos equipos que nadie quiere como pareja de baile en octavos. Estaban muertos, pero encontraron aire en la jornada anterior, y si logran el pleno frente al Stuttgart estarán llenos de vida. Y ojo a su resurrección: en octavos será, directamente, otro equipo.
La tensa espera es el ambiente ideal para el Barcelona. La luz en ámbar mantiene alerta al entorno, pero está vez los semáforos parecen estar todos verdes. Todo el mundo da por hecho que, con la fortaleza azulgrana como local, la sorpresa es imposible. La lectura del partido es clara: dominio abrumador de los de Rijkaard, que deberán defender bien mientras atacan para llevarse tres puntos de oro.
Tras los noventa minutos de Escocia, quedan pocas dudas del planteamiento que presentará Walter Smith. Veremos un Rangers bien armado atrás, parapetado en dos líneas metidas en muy pocos metros. Para evitar cualquier riesgo recurrirán al doble pivote, incrustado en medio de la línea defensiva de cuatro y la de los tres medias puntas. Gente, gente, gente... En el espacio en el que suelen jugar dos líneas los escoceses meterán tres, e incluso veremos a su portero en funciones de hombre libre, ya que los centrales tendrán más como referencia la línea del área que la del mediocampo.
Con esta primera y simple aproximación tenemos definido el sistema del Rangers y su versión europea. Los de Glasgow juegan un 1-4-4-2 en competición doméstica, pero cuando llega la Champions mutan al 1-4-2-3-1, donde es clave el posicionamiento de Ferguson, que pasa de la media punta al doble pivote en un movimiento que arrastra a un delantero a bajar a defender al mediocentro rival.
¿Se acuerdan del Barça-Celtic del primer año de Rijkaard, cuando los culés quedaron eliminados de la UEFA? Sí, la eliminatoria en la que Txiki y Rijkaard decidieron que Saviola nunca podría ser el '9' de un equipo que quisiera marcar época. Pues ahora llega la otra escuadra de Glasgow, y el partido se presenta similar. La temporada siguiente el Celtic volvió al Camp Nou, y tampoco se pasó de las tablas. Era la primera Liga, el 'año de los cruzados', y un Barça muy golpeado se resignó a ser segundo grupo. Tras el afortunado gol escocés, que significó el empate, el Barça jugó a dosificar al más puro estilo Schuster: poco después vendría el cruce contra el Chelsea y la eliminación europea.
LECTURA DE PARTIDO
El partido puede ser posesión, mucha pelota y esperar al cambio de ritmo, la sorpresa o el genio individual. No se olviden de que el Barça, en fase ofensiva, no es un equipo, y aún le queda mucho camino para llegar a serlo. A la espera de crear automatismos que faciliten el rendimiento de cada jugador, el equipo ataca a golpes de individualidad. No existe ritmo, y se abusa de dos parámetros muy nocivos para cualquier equipo: ataque previsible y reiterativo, que definiremos como un "Quiero entrar con ella hasta dentro", y ausencia de registros y variantes.

Analizar cómo atacar el Barça es un ejercicio sencillo, y también supone contemplar el primer problema que encuentra un entrenador de escuela de iniciación: exceso de conducción, abuso del pase corto y la pared, búsqueda reiterativa de la vía más directa, la central, el ataque frontal, porque la portería rival nunca está en el córner.
A un niño debes enseñarle esas cosas: hacerle entender el juego, dominar las distintas soluciones porque un jugador no sólo debe jugar pensando en el balón: también está el espacio, el adversario... El Barça es ese niño, y sólo sigue sobreviviendo gracias a una plantilla de descomunal talento, capaz de tapar muchas deficiencias.
No todo es culpa de Rijkaard. El holandés anda preocupado por la defensa, quiere que el equipo adquiera automatismo defensivos, quiere encorsetar las obligaciones defensivas para que nadie se salga del guión. Imaginamos que, cuando defender sea mecánico, llegará el momento de entrenar las variantes de ataque. Cuando el equipo asimile esas obligacones defensivas y domine los automatismos de ataque volverá el espectáculo, y el Barcelona debería ser un rodillo.
Rijkaard cree que ese momento llegará, pero también es consciente de que la clave está en conseguir volver a defender atacando. En Valladolid dijo que había que volver a los orígenes, que el sacrificio colectivo debía ser lo primero y que el equipo tendrá que 'resetear'. Le está costando, y mucho, volver a meter el 'espíritu Davids' en el vestuario... y eso que los hombres que lo forman son básicamente los mismos.
SORPRESA TÁCTICA: INVERSIÓN DEL TRIÁNGULO
Para el partido de mañana se prevé jugar, 'vivir', en la zona de finalización escocesa. El ambiente está asegurado, la avalancha de aficionados escoceses llenará de color y cánticos Barcelona y el Rangers prevé un rival volcado al principio. Correcto, pero hay algo más: recomendaría al Barça cambiarle un poco el escenario al rival. Qué mejor para lograrlo que una sorpresa en el equipo inicial, que además supondría disponer de dos registros en el campo con Rijkaard gestionándolos a su antojo.
Sólo un cambio en el once de salida, pero muy importante: Gudjohnsen por Xavi o Iniesta. Como todos sabéis mandaríamos al banquillo al primero, y no por capricho sino porque ante un rival con 'el autobús' necesitas sorpresa y esa te la garantiza el manchego. Xavi te regala otra cosa: ritmo, y el ritmo es una virtud que, mal empleada, termina confundiéndose con previsibilidad.
Así que el mediocampo tendría a Touré Yayá como vértice e Iniesta y Gudjohnsen de interiores. En ataque Ronaldinho, Messi y Henry.
El ataque del Barça sería jugar la posesión al ritmo habitual, pero cuando Rijkaard ordene un cambio posicional dejar la posesión de lado y jugar más directo, buscando centros y remates.
Basta un silbido: cambio de bandas entre Messi y Ronaldinho y cada uno a jugar con su pierna natural, con Henry de delantero centro y, en la zona ancha, el triángulo invertido, pasando Iniesta a jugar de mediocentro -al jugar ellos con un solo punta sobra un defensa- y Touré Yayá y Gudjohnsen de interiores, garantizando la llegada en segunda línea y convirtiendo cada centro de Ronaldinho o Messi en una ocasión de gol.
Messi centrando desde la izquierda: Henry en zona de remate al primer palo, Touré llegando al espacio libre generado por el desmarque del francés. Ronaldinho haciendo la diagonal para rematar en el segundo palo, Gudjohnsen trabajando el punto de penalti y la zona de rechace corto. ¿Iniesta? También hay tareas para él: atento al rechace en la frontal del área y, cuando se pierda el balón, inmediata falta táctica.
Otro silbido de Frank y los extremos vuelven a jugar a pierna cambiada. Touré Yayá cambia de posición con Iniesta, te tiras un poco atrás, dejas salir al Rangers y le juegas al contraataque. O sigues jugando 'a lo Barça', según te interese.
Si vas ganando, el cambio es Xavi por Gudjohnsen. Garantizas la posesión, y matas a correr a los escoceses detrás del balón. Entonces, y siempre con el marcador a favor, llegará el momento de cambiar a Messi y gestionar el tema de las tarjetas, para llegar a octavos limpio y sin lastres de amenaza de sanción.