No lanzamos una cortina de humo: aunque está todo dicho tiempo habrá de analizar lo que le sucede al Barça. Fichar no va a solucionar por sí solo nada, porque la clave es otra (volver a atacar y defender con once), pero incorporar a Tiago sí corregiría un problema de planificación importante: visto que Gudjohnsen no cuenta, el mediocampo azulgrana está herido. Sólo tiene a Xavi, Deco e Iniesta para los dos interiores, y los tres están indefensos en el fútbol moderno, donde no se perdona tener tres craks delanteros y dos jugones detrás. Ni mentalidad ni físico les ayudan, y con tres partidos a la semana son incapaces de dar la talla en defensa y marcar la diferencia después. Final de partido en Getafe y el Barça ni sueña con el empate. Xavi e Iniesta están rotos; el equipo boquea, pierde la pelota, no pueden hacer más que mirar la jugada y, sin moverse de la baldosa, lamentar el segundo y definitivo gol. Agotados, cargadísimos, pequeños, son una columna vertebral incapaz.
Desde hace unas semanas, el tiempo que Tiago lleva en el mercado, lo han ofrecido al Madrid pero en la casa blanca tienen el objetivo bien perfilado, es luso pero no responde al nombre de Tiago sino al de Miguel Veloso. Ya habrá tiempo de analizarlo, porque el costo del jugador - superior a 20 millones de euros- hace que sea difícil que Mijatovic cierre la operación en invierno. Será una operación para el próximo verano, Veloso ha jugado Champions, aunque bien es verdad que al Madrid le urge un sustituto para Diarra.
En el lado azulgrana, Txiki sabe que falta una pieza. En su cabeza hay una clara opción: vender a Gudjohnsen y traerse al portugués. Gudjohnsen conserva cierto cartel en Inglaterra, aunque haber jugado Champions le limita a equipos mediocres. La opción Tiago, en cambio, está viva: su manager es Jorge Mendes, no un intermediario más sino un hombre fuerte de Joan Laporta. El primer verano, cuando nadie quería venir al Barça, le trajo a Quaresma y a Márquez. El segundo apareció con Deco. Es también el representante de Motta, agilizó la compra de Gudjohnsen tras intermediar con su padre.
El Barça y Mendes hablan de Tiago hace pocos meses, pero hace dudar el precio tan bajo, trece millones de euros, en que le tasa el Olympique. Finalmente se va a la Juventus, pero no cuaja en Turín -ahora explicaremos por qué-. La 'Vecchia Signora' le pone a la venta, aunque como buena negociadora que es no lo hace de cualquier manera: simula tener interés por Riquelme, tira el cebo de un intercambio con el Villarreal y pone así sobre aviso a todos los tiburones de invierno: se escuchan ofertas por Tiago.
Arrinconado, en medio de la poca calidad que propone Claudio Ranieri, Tiago es un naúfrago que no juega en la Juventus. Ranieri apuesta por otra cosa: centrales como Legrottaglie -alto, cintura de hierro, aprendiz de un Materazzi que es Beckenbauer a su lado- y Chellini -mediocentro en inferiores reconvertido, buen jugador pero no mucho más que un parche tras la grave lesión de Andrade-, con Criscito y Grygera -estos dos también son interesantes aunque el primero está decepcionando- de laterales. En el mediocentro, un doble pívote destructor con Cristiano Zanetti y Nocerino, más Camoranesi corriendo por banda y Nedved, Del Piero y Trezeguet formando tridente. Un 1-4-4-2 más cercano al 1-4-3-3 del tridente de Capello, con Nedved o Del Piero ocupando la banda donde no está Camoranesi y alguna subida del lateral.
Tiago no juega porque le consideran, prensa y Juventus, blando y lento. Pese a ello brilla cada vez que aparece: contra el Empoli contó con una oportunidad y participó en los tres goles de su equipo. Pero a Ranieri no le importa, y sigue condenándole al banquillo o a entrar en los últimos minutos, para perder tiempo.
La relación entre jugador y entrenador se pudre pronto. Tiago llega a un equipo recién ascendido, en plena reconstrucción, y lo hace como pilar básico, pero desde el primer momento Ranieri no le da bola. Viendo cómo en su lugar juegan dos 'macheteros' se siente desplazado y herido. De indiscutible en el OL, jugar Champions y arrasar en Francia, a reserva de un equipo vulgar con un mediocampo de nula calidad. No tarda en explotar: en un viaje con su selección Tiago 'raja' de Ranieri ante la prensa portuguesa, y Claudio no perdona, acusándole de poco profesional y mal compañero. El director técnico Alessio Secco no apaga el fuego sino que termina de quemar al centrocampista, exigiéndole que entrene más y se calle.
Tiago no es ninguna bala perdida, Tiene carácter, fuerte, y de ganador. Y si no que se lo pregunten a Camacho, que bebe los vientos por él desde que le entrenó en el Benfica. Sin mover un dedo, Tiago podría estar mañana en el Sporting, el Benfica o el Oporto. En cuanto se ponga a precio de mercado, o surja la opción de cesión, los tres grandes lusitanos se descuartizarán por él, aunque el Benfica tiene más papeletas por haber sido su club de origen.
Su ficha no es tampoco muy alta: 2,6 millones de euros brutos, 3,4 en total sumándole incentivos, y no es ningún pesetero. Aunque vaya tercera en el Calcio, la Juve no es apetitosa desde el banquillo. Tiago quiere ser protagonista, volver a sentirse importante en un club ganador.
Todo esto lo dice Mendes y lo sabe Txiki. Es una oportunidad de mercado, y la única: o se le ficha a él o no vendrá nadie. La operación a largo plazo es Cesc por Xavi y Tiago por Deco. Por el primero no se pagarán barbaridades, aunque si el Barcelona no lo pone todo el Madrid insistirá y Cesc es un profesional. Respecto a Tiago estaba perdido, se le dejó pasar de largo, pero la tozudez de Ranieri ha vuelto a ponerle a tiro. Antes sobraba Deco, para Tiago también porque no quería ser su reserva. La experiencia del Chelsea, donde no jugó lo que él deseaba, le marcó, aunque conserva una gran relación con Mourinho, que se arrepintió de dejarle marchar incluyéndolo en la operación Essien (38 millones y el portugués que tiene una valoración de 10 millones aunque de manera contable sean dos operaciones diferenciadas). Tiago no sólo cumplió en Lyon, sino que rayó a gran altura.
Si el Barça se plantea ficharlo no es para sustituir a Touré, que se ha adaptado perfectamente al mediocentro. Rijkaard recibiría con los brazos abiertos a Tiago como interior, por su zanzada, recorrido, presencia ofensiva, tiro desde fuera del area y llegada en segunda línea. Es serio, duro, fuerte y competitivo. Apenas tiene 25 años, mide 1,83 y ha sido cuarto en un Mundial, subcampeón de una Eurocopa, vestido la camiseta de Benfica, Chelsea, OL y Juve. Y sabe lo que es un 1-4-3-3, porque con él jugó ya en el Chelsea.
Suena extraño, pero un reserva de la Juve sería titular indiscutible en el Barça... ¿extraño? ¿Se acuerdan de Davids? Puede repetirse la historia si Txiki se atreve. Su perfil es absolutamente necesario. Es una oportunidad única. A nivel económico, no pasaría de quince millones de euros, más justificables aún considerando que los últimos fichajes, excepto Milito, llegaron todos antes del 30 de junio y no entran en el balance.
Los tres grandes refuerzos juventinos, Salihadmicic, Iaquinta y Tiago, apenas cuentan. Tiago se quiere ir, y la inversión fue importante como para que la Juve le deje pudrir. Alargar esa situación sólo puede traer malas consecuencias, a menos que en ese tiempo Ranieri recapacite y recupere al jugador.
Tiago, ahora mismo, es interesante para cualquier gran equipo. No ha jugado Champions... Pensar en él junto a Diarra en el mediocentro blanco impresiona... Pero Jorge Mendes tirará para el Barça. Es amigo de Laporta. Ha compartido grada con Txiki. En Barcelona se vive mejor que en Turín.
Su llegada supondría evolucionar al equipo. Se le necesita, porque hay escasez de efectivos y de competitividad. Un mediocampo con Touré, Deco y Tiago supone solidez, disputa, brega y mucho carácter. Iniesta abandonaría esa zona para disputarle el 'diez' a Ronaldinho. Quitar un delantero para fortalecer el centro del campo. Y demostrar que nadie tiene el puesto seguro.

El Barça necesita adrenalina. Que cada jugador salga a morir. Rijkaard no tiene que ser amigo de sus pupilos, sino su jefe. Un entrenador listo ni siquiera tiene que sacar siempre al mejor: puedes dejarle en el banquillo, que juegue uno que lo haga peor que él, para que esté con ganas de demostrarlo todo justo cuando tú le necesites.
Dejar a Iniesta o a Ronaldinho en el banco, junto a Xavi, supone además tener revulsivos. Un 'plan B': ese mismo que el Barça lleva tiempo despreciando. Y tener a Tiago es volver a tener a dos jugadores por puesto. El virus no es sólo Ronaldinho: se extiende el acomodamiento. Messi muestra síntomas, un recién llegado como Giovanni dos Santos, con todo por demostrar, se olvida de seguir a su lateral en Getafe. Lógico, si es lo que ves hacer a tu ídolo partido tras partido.
Txiki, el Barça, debe atreverse a fichar a Tiago. Hay muchísimas opciones de lograrlo, las piezas encajan. Puede hacerse muy rápido: él está ansioso por irse. Sabe que eligió mal, que la Juventus está demasiado llena de veteranos, que el único superclase que tiene recorrido es Buffon. El resto es carne de cañón. Los títulos no tienen porqué llegar.
El Barça tampoco es una balsa de aceite, pero la continuidad de Rijkaard no tiene nada que ver con Tiago. Cualquier entrenador del mundo estará encantado con un hombre de su perfil. Con el talento que encontrará en la delantera necesitará variantes en el centro del campo, y ahi Tiago tiene mucho que decir.
En un vestuario en el que, de momento, todo son palabras bonitas y gestos de enfado pero no hay un mensaje de unidad y criterio, ni hechos sobre el campo, habría muchas medidas a tomar. Txiki, Laporta y su junta, deben sentarse y pensar en que si quieres un barco navegando a toda vela tienes primero que mirar al patrón. Si quieres jugadores al cien por cien, quizá Rijkaard ya no sea el adecuado. La primera solución sería un cambio de dirección total, no teatro ante la prensa ni códigos de disciplina. Pero si no hay volantazo, si los jugadores realmente no entran en cintura, deciden cómo ganar e ir a por ello, empezarán las cortinas de humo. Pero la primera, si efectivamente es Tiago, no será sólo eso: será un telón de acero, un imprescindible, un jugador indiscutible en un equipo como el actual.