
El ambiente está enrarecido. Jugadores y cuerpo técnico están molestos con las filtraciones a la prensa. Schuster está nervioso: fuentes ajenas al club le hicieron llegar que Calderón bromeaba, en privado, sobre lo mucho que dolería en Barcelona la llegada de Mourinho. El alemán contraatacó con una presunta oferta de la selección inglesa que no llegó a producirse jamás, pero fue portada en los periódicos deportivos. También han cargado contra los jugadores a través de la famosa lista negra, de escasa credibilidad. Las altas fichas de todos los mencionados imposibilitan traspasos ahora, con poco dinero en el mercado.
Es una locura decir que Diarra puede marcharse, pero nadie sale a desmentirlo. Esa indefensión no gusta en el vestuario. Calderón dice que no se fichará a nadie en diciembre, pero el Madrid rastrea el mercado para completar la plantilla. Anunciaremos el elegido durante los próximos días, pero será un mediocentro. Puede haber alguna baja, pero no será importante porque el equipo quedaría más desnudo.
Más allá de todos esos rumores, lo cierto es que el equipo entra en barrena. Tiene un calendario asequible hasta el Camp Nou, pero el nivel físico ha bajado mucho y hay síntomas de agotamiento. Algo sorprendente en noviembre, pero cierto. El fútbol del Real Madrid exige un despligue físico encomiable, no hay nada que reprochar a los jugadores, pero los títulos se deciden en mayo. Fue espectacular ver en Murcia el marcaje de Raúl a Movilla, persiguiéndole por todo el campo. Raúl parecía un debutante lleno de ilusión persiguiendo al mejor mediocentro del mundo. También Robinho, tantas veces acusado de pereza, se esfuerza en ayudar a Marcelo tras jugar la Copa América y viajar constantemente con su selección. Van Nistelrooy baja a defender hasta el área propia, y qué decir de Ramos o de Diarra. Todos están haciendo kilómetros, muchísimos, pero desde Valencia no hay cambios. Siempre juegan los mismos. Shuster no es, como se decía al comenzar la campaña, amigo de las rotaciones: sólo estaba buscando un equipo, una idea, el equilibrio.
Un coladero en banda izquierda

La victoria en Valencia, aunque contundente, tuvo mucho de ficticio, porque el rendimiento desde entonces no ha hecho más que caer. El Madrid tiene cada día menos prestaciones y vive sólo del chipazo del resultado. En los últimos partidos se le ve de capa caída: pasó en Bremen, pasó en la visita a Murcia o en el Bernabéu ante el Mallorca. Minuto 27 de la segunda parte, 3-3 en el marcador y el comentarista del PPV, muy madridista, reclamaba fútbol. "Alguien debería decirle a estos chicos que van empatando", clamaba. Minuto siguiente y gol de la victoria blanca: es un equipo eléctrico en el marcador pero no en el juego.
El engranaje falla muy pronto, en el lateral izquierdo, donde se confirma el fracaso de Marcelo. Es un libro abierto para el equipo rival: si durante los últimos años los rivales ya insistían en atacar esta banda, cubierta por Roberto Carlos, qué no podrán hacer ahora con su joven sustituto. Esa banda es una autopista: a poco que Robinho baje las prestaciones será un coladero, desbordable tanto técnica como físicamente. Schuster conoce el problema y su solución ha sido volcar a Diarra al costado izquierdo, para socorrer a Marcelo, pero el remedio no sirve: el de Mali queda ahora a mitad de camino, ya no marca diferencias en el medio centro y ni cubre la posición entre centrales ni evita que ataquen en superioridad a Marcelo. El arreglo ha debilitado al Madrid y mostrado las carencias de Gago: es inocente, le cogen mucho la espalda, se despista, no va nada bien por alto y es una máquina de perder balones, lo que no es sólo culpa suya sino de la falta de referencias, porque el Madrid ataca sin patrón táctico ni ideas preconcebidas.
Goles insospechados
Fascina que el equipo haga tantos goles atacando menos que Manchester United o Barça. Su inexistente juego de posición ofensivo lo convierte, paradójicamente, en imprevisible, y el poco trabajo en ese sentido hace que el caos reine y muchas veces se logran goles de él. Sin embargo, es un éxito pasajero: basta que los de arriba pierdan un poco de inspiración para que la productividad decaiga.
En ataque Marcelo tampoco ayuda. Desde que aterrizó son pocos sus buenos centros, ni acercándose al extraordinario nivel de Roberto Carlos. De su timidez y apocamiento en defensa habla la jugada de Fritz, medio lesionado, en el primer gol del Werder. Quizá Marcelo cumpla en un equipo mediano, pero el Madrid le exigirá mucho más, un elemento diferencial. El listón estaba muy alto, y la ausencia de un sustituto decente de Roberto Carlos habla de la horrenda planificación del Madrid de los últimos años. Se escaparon Ashley Cole, Abidal o Zambrotta. Se pensó que Drenthe podría funcionar, pero ni sabe ni quiere aprender. Heinze no suma en ataque. El puesto es un punto débil serio, y la vuelta de Pepe agravará el problema: Cannavaro pasará de la derecha a la izquierda, y las consecuencias pronto empezarán a mostrarse.
Centrales dubitativos
Vendieron a Pepe como el central perfecto, pero no puede jugar en la izquierda. Sus despejes con la zurda son mediocres, por lo que está condenado a ocupar por decreto la derecha. Que a ese lado se ubiquen él y Sergio Ramos y, en la izquierda, Cannavaro y Marcelo es un libro de ruta para el adversario. El defecto será escandaloso en Europa. En el United Cristiano Ronaldo se cambia de posición con frecuencia, pero ante el Madrid puede ser un vendaval fijado como extremo derecho. Un jugador como él o Messi, pueden hacer trizas a Marcelo, y Cannavaro no está para muchos cruces.
En la otra banda tenemos a Ramos, un portento físico... con síntomas de agotamiento. Según pasan los minutos Ramos toma peores decisiones, y desde los partidos de la selección muestra una evidente confusión táctica, fruto del cansancio. A Diarra le pasa algo parecido: el Madrid está pagando la adulteración de la competición, que le obliga a jugar en Alemania el miércoles por la noche y, el sábado a las ocho de la tarde, enfrentarse al Racing. El escasísimo tiempo de recuperación disponible invita a poner un 'dos' en la Quiniela, porque a poco que los de Santander acierten de cara a puerta pueden ganar a un equipo fundido.
La competición pone a cada uno en su lugar, y canta que Metzelder difícilmente será una alternativa a centrales o lateral derecho. Es un jugador válido para defensas que cierren bien, y sería muy bueno en una zaga de cinco con libre, pero con cuatro en línea y buscando el campo contrario el alemán es muy frágil, y su contundencia y tamaño le hacen presa fácil de los árbitros. El fútbol no es baloncesto, y aunque no puedes jugar sólo con bajitos el número de jugadores altos tiene que ser limitado y a según qué posiciones. El central ideal mide entre 1,80 y 1,85, presenta una coordinación dinámica exquisita, puede competir con delanteros altos y corpulentos pero también tiene la fibra y velocidad de reacción para medirse a un 'pequeñito hábil'. Si eres muy alto, como Metzelder, y tienes poca coordinación, cualquier delantero 'ratón' le buscará las cosquillas a tu elevado centro de gravedad. Un 'carterista' del área siempre te robará la cartera. Difícilmente, con el estilo que quiere el Bernabéu, Metzelder triunfará en el Madrid.
El mediocentro, un puesto sin alternativas
El siguiente punto débil del equipo se encuentra en el mediocentro, donde Schuster sólo dispone de dos opciones: la ofensiva, con Gago, o la defensiva de Diarra. Lo lógico sería contar con los dos si tuviesen sustitutos, pero no es así: son la única opción y tienen que jugar siempre juntos. La ausencia de ambos sería terrorífica, y la de uno ya resulta muy grave. Si falta Gago el entrenador rival apuntará a anular a Guti: es el único que podrá generar juego. Si falta Diarra el equipo sufrirá una barbaridad en defensa. Si faltan los dos... tienes que hacer un equipo nuevo o pedirte vacaciones ese día. De nuevo la planificación veraniega, pésima, obligará a acudir al mercado invernal, el peor para fichar. Como el de las angulas, el precio de los jugadores disponibles en Navidad está hinchado de manera artificial. Las urgencias se pagan. Y los condicionantes son altos: difícilmente un jugador de nivel no habrá participado en la Champions, o jugado cinco partidos de Liga. O Schuster cambia de idea y apuesta por un mediocentro solo o, si no se ficha en invierno, el puesto es una bomba de relojería.
Robben, ¿problema o solución?
Hay victorias perjudiciales y problemas beneficiosos. Las lesiones de Robben, por ejemplo, le han venido bien a Schuster. Cuando el holandés esté bien el entrenador tendrá un serio problema para encontrarle un lugar, y lo mismo pasará con Sneijder. Ambos, por lo que han costado, tienen que jugar sí o sí. La presencia de Robben hace que Robinho tenga que desplazarse a la derecha, donde pierde recursos y no se va de nadie. El puesto que ocupa Robben obliga a quitar a Gago, con lo que se pierde equilibrio. Para que el extremo dé todo lo que lleva dentro el dibujo es el 1-4-3-3, y ahi Raúl no tiene sitio. Son ya muchas elecciones: Robben o Robinho, qué hacemos con Gago o Sneijder, dónde encajas al capitán en el tridente ofensivo...
En plenas condiciones Robben sería imprescindible. Por calidad es el jugador de la plantilla más capacitado para marcar diferencias. Su regate imparable, bien aprovechado, facilitará el juego de los demás, porque desequilibra como nadie y es el mejor extremo puro del mundo. Sin embargo no supera las lesiones, y recuerda el caso de Overmars: no sale de un problema y ya está metido en otro. Ojalá nos equivoquemos, porque es un jugador espectacular, pero su físico hace complicado construir un equipo en torno a él. Para que Robben triunfe tiene que desequilibrar dentro de un equipo equilibrado, tiene que ser la fantasía en un grupo maquinal. Robben es más que aprovechable si tienes el dibujo del equipo claro: los once atrás y buscando el contragolpe, donde Robben es letal, o jugando con dos bandas y Gago y Guti distribuyendo, llevando el balón de banda a otra hasta que Robben reciba en el pico del área, desborde al lateral con una jugada eléctrica y definan Van Nistelrooy o Raúl. Así tendríamos por fin espectáculo, pero el planteamiento parece arriesgado, el cuerpo de Robben no invita al optimismo y tampoco es sencillo encontrar y encajar las piezas.
El otro 'titular por decreto', Sneijder, peleará por un puesto con Gago, aunque aporta menos creación. Sneijder es, casi, un delantero, un jugador de llegada en posición de arrastre, más pendiente de finalizar que de construir. No es fácil combinar ambas cosas: o eres poderoso y tienes la zancada imperial de Gerrard o es imposible buscar el demarque de apoyo para construir y, un segundo después, empezar el desmarque de ruptura que te deje frente al portero. Es un tipo de juego que no puede soportar casi nadie, porque requiere un esfuerzo anaeróbico bestial. Los desmarques de ruptura son los que más cansan, los que disparan lactato, y Sneijder tiene un físico limitado. Estas semanas jugando poco le han venido bien, porque se adentraba además en una tormenta mediática sobre su mentalidad. Se dudaba de su capacidad para soportar la presión, se sugería que quizá necesitara un psicólogo, el Bernabéu empezaba a echársele encima y Schuster desveló que sufría ansiedad competitiva.
Tantos palos eran previsibles, porque su espectacular arranque de Liga no podía durar mucho tiempo. Es un buen jugador, pero no un crack. Sus cifras, a final de año, pueden ser de unos diez goles, contando con que su efectividad en faltas y saques de esquina irá decayendo según se le conozca más. Sus virtudes son notables, llegada en segunda línea, disparo desde fuera del área, una pegada terrible, pero no es el mejor centrocampista del mundo. No es, por ejemplo, un gran defensor, aunque cuando regrese destacará porque saldrá a devorarse el mundo. Pero será pasajero: no es intachable en ataque y defensa, porque de esos en el mundo hay muy pocosTampoco le ayudan sus desapariciones, porque es irregular y no es referencia durante noventa minutos, lo que considerando que también está Guti, a quien le pasa lo mismo, resta fiabilidad al Madrid.
Sneijder y Guti son jugadores de partidos extraordinarios, de fases magistrales de encuentro, pero que desaparecen la siguiente jornada. Te hacen jugar a impulsos, en la cuerda floja, y si ambos desaparecen se evapora el mediocampo, donde urge la solidez. Si juegas con Diarra y ellos dos tendrás problemas de competitividad a la larga, y es una pena que Guti se empeñe en dar la razón a sus críticos.
Mentalmente, y ya tiene muchos años, sigue sin centrarse, ejemplificando el poco entrenamiento de calidad y específico del mundo del fútbol. Su mentalidad, desde luego, ha sido su peor enemigo.
Marcado por el dinero
Arriba tampoco hay alternativas: sólo están Van Nistelrooy y Raúl. No lo decimos nosotros, sino que lo demuestra Schuster. Leímos durante meses que Saviola no contaba para Rijkaard, que estaba castigado en el Barça... pero allí jugaba más que en Madrid. Con Soldado desaparecido, Van Nistelrooy no tiene relevo. Quedarse en el Real ha supuesto para Soldado un descomunal paso atrás: de la selección a la grada, y si la situación se prolonga será otro jugador malogrado. Con Saviola siempre hemos dicho lo mismo: le penaliza preferir el beneficio económico al rendimiento deportivo. Cuando se retire será, probablemente, el reserva más adinerado de la historia del fútbol. Su afán por ganar dinero le ha impedido ser referencia deportiva, porque tiene el perfil necesario para ser importante en cualquier equipo que juegue 1-4-4-2 con él de segunda punta. Madrid y Barça le quedan grandes, y tampoco el presunto interés de la Juve parece un salvoconducto a la gloria. En Turín le exigirían presionar y correr, y eso tampoco le gusta. Si tuviese ambición lo habría hecho en el Barça y habría adelantado a Giuly, pero es otro Ronaldinho y prefiere jugar caminando. Su rendimiento en Sevilla tampoco habla a su favor: el criticado Luis Fabiano iguala o mejora sus registros, y qué decir de Kanouté.
La pregunta en torno a Saviola se sale, entonces, del ámbito deportivo. ¿Cuánta gente vivirá de él? ¿Cuántos 'chuparán' de su sueldo? ¿Cuántos le asesoran, aconsejándole que no perdone una peseta, que vaya siempre donde más dinero hay? Ser ambicioso en lo económico no suele sentarle bien a la ambición deportiva. Veámos el caso de Shevchenko, delantero de referencia en el mundo hasta que dejó el Milán para ganar un par de millones más. Ahora está en la cuesta abajo, y se rumorea que volverá a Kiev. Como 'rossonero' tendría una Champions más, competiría con Ronaldo y estaría esperando los pases de Kaká y la novedad de Pato. Ahora, fuera de sitio y sin un sistema de juego adecuado para él, se lamenta en Londres, donde trató de metérsele con calzador y muchos millones de euros.
De los piropos exagerados a la leña y el árbol caído
De vuelta a Madrid nos encontramos con Drenthe, el mejor ejemplo de cómo el fútbol de ahora está en manos de prensa, intermediarios y representantes varios. Ellos son los dueños del balón, y los que siempre te la terminan jugando. Pasó con Giovanni Deiberson, con Tavano, con tantos y tantos ejemplos. Surge el rumor, la bola rueda y va engordando en verano y, el día de la presentación, llega el mejor jugador de la historia. Semanas después ya se habla de fracaso. Cuando las expectativas son tan altas uno jamás alcanza a cumplirlas, y por mucho que se dé siempre se deja gusto a poco. Un joven como Drenthe, inexperto, que ni siquiera habla el castellano, no debe de entender nada: primero se le ensalzó, luego sólo escucha críticas. Surge el conflicto y la caída en picado. Su cabeza tampoco ayuda: se niega a adaptarse al lateral, genera problemas en el vestuario, le gusta mucho la noche y en el campo es la anarquía en persona. El Madrid puede enmascarar su salida en forma de cesión, pero mucho tendrá que aprender si quiere triunfar aquí. Con lo que cobra, con tan poco demostrado, quizá ya ni le apetezca aprender. Su fichaje, en cualquier empresa seria, sería motivo de despido del director general.
A la búsqueda de remedios
Problemas, problemas, problemas... ¿y las soluciones? La primera: buscar una manera de jugar que no convierta cada partido en una batalla física. Perseguir un fútbol más cómodo, más desahogado, porque el equipo lleva dos años de remontadas, de guerras, de caminar al filo de la navaja con una intensidad y desgaste asesinos. Buscar, entonces, un sistema de juego más sólido en el centro del campo, con juego por bandas y mayor control del cuero. Schuster no lo tiene fácil, porque carece de laterales que ocupen la banda, necesita extremos y eso supone quitar delanteros. Llenar las bandas supone vaciar el centro, y si quieres algo más de brillantez en el juego puedes perder competitividad. La decisión exige madurez institucional: si quieres olvidar la fórmula de Capello, el camino de la angustia, tienes que tomarte tiempo. A día de hoy el Madrid sigue líder, pero está claro que la cosa no funciona. Eres el equipo más grande, el que más dinero tiene, pero no diviertes en ataque y tu portero está al borde del ataque de nervios constante, sufriendo más que el portero del Levante.
Rescataríamos pues el 1-4-3-3. quizá recuperando a Baptista como interior, siempre con Diarra de mediocentro, el otro puesto para Gago o para Guti. Los extremos serian obligados. El problema sería siempre el mismo: la falta de jugadores que sean 'dos por uno', que son los que hacen bueno cualquier sistema de juego. Contar con hombres así marca la diferencia en ataque y en defensa, te lleva a jugar 'con doce'. En el Madrid ha habido varios: contar con Roberto Carlos suponía aglutinar en un solo hombre dos posiciones, lateral e interior, y jugar con un mediocampo asimétrico sin perder una pizca de rendimiento. También tuvo uno de esos el Madrid de Antic con Hierro, un mediapunta que en defensa era el mejor mediocentro del mundo, con físico, robo de balón y gol. El Barça sigue anhelando la vuelta de Eto'o, porque era el goleador que defendía y presionaba, el que marcaba la diferencia de actitud fuera de casa y siempre abría el marcador.
Como siempre, las grandes soluciones implican también grandes decisiones, y estas vienen de más arriba que Schuster. Hablamos del agotamiento de la plantilla y nos encontramos con el tema de los viajes, con los dementes desplazamientos blancos. El tema de 'La Saeta'... Un mero producto de márketing que va a traer muchos problemas. Desde el próximo uno de enero el avión no podrá volar de noche por exceso de ruido, por lo que los jugadores tendrán que pasar la noche fuera después de cada partido como visitantes. El avión tiene más de veinte años y, por mucha grandeza que represente, hace un flaco favor al equipo. Schuster quiere que los jugadores descansen, algo difícil jugando la noche del miércoles en Alemania, llegando a Madrid al mediodía del jueves, teniendo que entrenar por la tarde, acusando el esfuerzo hasta el sábado. El tema de 'La Saeta' no ha gustado ni a entrenador ni a plantilla ni a los periodistas que viajan con el equipo, que lo describen como modesto, incómodo, decepcionante desde la comodidad hasta el catering. ¿Para qué sirve? Para colocar la cabeza en un cojín con el escudo del Real Madrid y ver a las azafatas con un uniforme del club.