
Pasó la era de las defensas de tres o de cinco: las primeras por suicidas, y las segundas por la ausencia de carrileros eficaces que aportaran un equilibrio ofensivo. Vivimos, por tanto, la época de la defensa de cuatro, que impera en casi todos los equipos del mundo. Probablemente, dentro de un tiempo también el 1-4-4-2 caiga en el desuso, como empieza a sucederle al 1-4-2-3-1 tan en boga en los últimos años. El 1-4-2-3-1 fue, sobre todo a finales de los noventa, sinónimo de rendimiento y resultado, pero tampoco abundaban los arietes de más de veinte goles por temporada y esto, trae consigo que ante la ausencia de un killer, una línea de tres mediaspuntas con recorrido, calidad y gol para poder conseguir que jugar con un sólo punta te lleve a la ruina.
Muchos equipos, entre ellos el Espanyol de Valverde, siguen con ese sistema. Frente al Barça la idea era la habitual: Riera se tiró a la izquierda, Valdo a la derecha y Luis García en la mediapunta. Los dos de banda buscan centro y remate rápidos y, como segunda opción, la diágonal hacia el área y llegada a zona de definición si el balón viene de banda contraria. Tamudo, como único delantero, buscará el balón vertical y el pase interior, con Luis García observando los movimientos de su compañero para ocupar los espacios libres dejados por este en en el desmarque de ruptura o de arrastre, según se entienda.Todos saben que pueden buscar a Tamudo pero este, aún no estando, dejará una posición de partida que pronto llenará Luis García.
VARIANTE RIJKAARD: La sorpresa y el temor
Enfrente, Rijkaard busca la sorpresa. Tras meses en el cajón, vuelve a un dibujo similar al del Milan-Barça de las semifinales de Champions, cuando Gio se incrustó en mediocampo para coger a Gattuso. Un lateral abandona la línea de cuatro para marcar en individual o para incorporarse a la media para paliar la inferioridad numérica.
Frente al Espanyol es el turno de Puyol, que abandona el lateral de la zaga para seguir por todo el campo a Riera. El defecto es el de toda marca individual: te descolocas en el campo, haces que los movimientos defensivos sean individuales en lugar de colectivos y un simple despiste más una mala cobertura supongan ocasión del rival. Tampoco es beneficioso en ataque, porque al recuperar la pelota careces de referencias para sacar bien la contra.
El marcaje individual, no se utiliza en el fútbol actual. Lo que hizo Rijkaard fue optar por la solución Serra Ferrer en el retorno de Figo al Camp Nou. Aquella noche, Puyol sólo tenía una preocupación: perseguir a Figo. El sábado fue con Riera. Si analizamos al resto de jugadores, vemos que todos marcaban en zona aunque un jugador: Rafa Márquez tenía que marcar su zona y la del desaparecido lateral derecho. Por tanto, el Barça hizo una defensa mixta con un dibujo defensivo similar a este: 1-3-1-2-3 + una marca al hombre.
LA BASCULACIÓN VALVERDE: Clemente Rodríguez interpreta mal
En el otro banquillo Valverde tenía otra obsesión: detener a Messi. Nada de defensa individual: Valverde no podía dejar solo a Clemente Rodríguez frente al argentino, sino que gracias a la zona contaría con la ayuda del central izquierdo y los dos mediocentros. También aquí los errores de un jugador salen caros: Clemente se equivocó porque, por muy zurdo que sea Messi, tienes que conducirle hacia el centro, donde le esperan tus compañeros. Si haces lo contrario, y le dejas escaparse por tu banda, tu central tendrá que correr al lateral mientras tú te diriges al centro, haciendo la permuta y dejando a la zaga en cueros.
Clemente Rodríguez creyó que podría quitársela a Messi, adivinarle y no picar. Pero con el tobillo más rápido del planeta Messi le regateó buscando la grieta defensiva perica... y encontrándola. Jarque, lejos, obsesionado con no alejarse mucho del centro. Messi en el área. Clemente superado. Gol culé y error defensivo táctico de interpretación grave en el Español.
La distancia entre Jarque y Clemente era kilométrica. Esto no era un error, estaba preparado, era intencionado. En la basculación lateral, las distancias se hacen más grandes cuando el lateral tiene garantías de no ser desbordado, sin embargo, este no era el caso. El Español de Valverde salío con una basculación que dejaba mucha distancia entre lateral y central pero que tenía a sus dos centrales pegaditos haciendo un emparedado a Bojan. La idea de Valverde era obligar a Messi irse para dentro, el equipo estaba preparado si Messi desbordaba de manera habitual, el sistema de basculación del Español estaba preparado para tapar a una pareja del tipo Beckham - Van Nistelrooy. Centrales muy juntos, lateral encima del interior - extremo porque este no desborda y así se evita el centro. La variante es que si Messi se iba por dentro estaba Ángel esperando. Valverde lo tenía todo preparado excepto que Messi se fuera por fuera y Clemente Rodríguez quiso hacer más de lo que debía, quiso quitar la pelota cuando su función era una: Evitar que Messi se fuera por banda ya que ahí no tenía cobertura y por ahí, se rompió el Español.
La distancia de basculación del Español se pudo ver en el Rangers - Barça. Puyol ahogando a McCulloch en banda y Thuran pegado a Milito con Cousin entre ambos. La distancia entre Puyol y Thuram era abismal. El planteamiento era correcto. McCulloch no tiene uno contra uno, el Rangers juega a centros y remates, y si Thuram hiciese la cobertura de Puyol, cualquier balón al área emparejaba a Milito con Cousin y Abidal con Novo. Un 2x2 generado de ayudar a Puyol en la defensa de McCulloch. Hubiese sido un error, tener a Puyol en el lateral, al igual que a Sergio Ramos te permite que los dos centrales no achiquen en la cobertura y los centrales puedan vivir para emparedar al punta y hacer que no tenga opciones en los balones laterales, ni en los pases interiores.
LA TRAMPA: Cebo a Márquez
Todo el mundo aplaude y habla de Messi, pero antes y después pasan cosas en el campo, como que Riera se dé cuenta del marcaje de Puyol. Grito al míster, instrucción de Valverde y un navajazo al rival: Riera abandona la zona izquierda, genera espacios libres y deja campo para sus compañeros. Ya no juega para él sino para ellos, generando el uno contra uno en esa banda. Es el momento de que Clemente Rodríguez se la haga pagar a Messi, le fuerce a defender, correr y desfondarse tratando de ocupar un solar. La puerta de Riera estaba abierta, el turno de Clemente era aprovecharla y entrar, agotando a Messi. Su aportación ofensiva hubiese bajado. Lo habría anulado atacándole.
Esa era la primera opción. La segunda la tenía Tamudo: balón al espacio a la derecha de la zaga culé y Márquez hasta el lateral siguiéndote. Así generas dos cosas: si recibes el balón al pie puedes arrancar hacia el centro y, si avanzas, disparar a pierna buena. Si no, si te quedas más en banda, abres una distancia kilométrica entre Márquez y Milito. Si una zaga de tres ya es un riesgo tener, además, a un central marcando a un falso extremo es un coladero. A este nivel es, sobre el papel, sinónimo de derrota. Sólo el derroche físico de los azulgrana, las pocas pérdidas en zona de construcción y los errores españolistas, a nivel táctico y técnico, salvaron a los azulgrana.
EL ANTÍDOTO: Rijkaard sorprende, el descanso le ahoga.
Al igual que en Zaragoza, en la Copa, el 1-3-4-3 de Rijkaard neutralizó y agarrotó a los pericos, pero sólo durante treinta minutos. Valverde recompuso a los suyos en la segunda mitad y, ya con la lección aprendida, el Espanyol se creció. Quizá Rijkaard infravaloró a Valverde, lo cierto es que no comprendió que su rival se percataría y contrarrestaría el bofetón inicial. Valverde leyó la situación y reiteró sus órdenes: Riera y Tamudo siguieron cumpliéndolas y, por fin, Clemente se sumó al esfuerzo. Dejó de perder balones, hizo correr a Messi hacia atrás y el argentino terminó el partido sin oxígeno.
Con Márquez casi de lateral el Barça se empieza a ahogar. Da igual que recupere la pelota: con Tamudo sobre el mexicano y Luis García con Touré las opciones de sacar la pelota son pocas. El toque entre Abidal y Milito no va a ningún sitio. Puyol, superado, se pierde persiguiendo a Riera. Las posiciones idóneas están olvidadas, y el equipo está en problemas. Valverde ya no vuelca siempre a Tamudo a la izquierda, sino que lo hace entrar y salir. Pone a Luis García de delantero centro y punto de referencia para sus compañeros. Touré no tiene más remedio que meterse de central. muy atrás... Xavi y Gudjohnsen, los dos únicos centrocampistas, están aislados. El 1-5-2-3 imposibilita robar un balón. Xavi no puede pasársela a nadie, Gudjohnsen apenas la huele. Mareados, están en tierra de nadie.
El partido se inclina hacia los locales. Valverde, en otra vuelta de tuerca, aprieta a Clemente para que se incorpore más al ataque. Messi ya no corre tanto. Bojan no está hecho para cazar pelotazos. El Barça está sin posición, no la tiene ni atrás ni adelante.
Entonces Rijkaard opta por Ronaldinho, y es como lanzarlo al abismo. Sale Gudjohnsen e Iniesta retrasa su posición, defendiendo y atacando el equipo con uno menos. Quizá se añora a Zambrotta, que junto a Puyol, Milito y Abidal atrás y con Márquez y Touré de mediocentro habrían dado solidez al equipo. Con seis atrás y cuatro adelante el equipo se parte, pero frente a un rival volcado Bojan y Messi podrían haber sentenciado. Juego directo, poco fútbol, buscar el partido a la contra.
No fue así. Rijkaard siguió con el recurso olvidado. Pertenece a su primera etapa, aunque brilló en la Champions ganada y frente a rivales con 1-4-4-2. Después cayó en desuso, cuando Ronaldinho dejó de correr y Gio ya no pudo meterse en el mediocampo. Rijkaard, como parche, colocó muchas veces a Eto'o como extremo izquierdo, pero tampoco el camerunés está ahora disponible. Pese a todo vuelve a funcionar en Montjuic, te da la primera parte, te vas al vestuario ganando. La variante puede entonces reinventarse y, como en el baloncesto, responder al tiempo muerto rival cambiando otra vez el concepto. La charla del oponente se queda en papel mojado, los contrarios salen confundidos y, en el despiste, haces el segundo. 0-2, buscar el final del partido, ganar. Y, por fin, hacerlo fuera de casa.