Carácter: decisivo siempre en un Barça-Madrid. ¿Cómo es el carácter del vestuario azulgrana? El dejarse llevar, obviar problemas y no decirse las cosas de frente fue el origen del fracaso la temporada pasada. En ésta, al menos de cara a la galería, hay síntomas de mejoría: las críticas de afición y prensa y los malos resultados propician un equipo más enchufado en el que hasta Rijkaard, el hombre tranquilo, da puñetazos en la mesa, es expulsado y manda a Ronaldinho al banquillo. Se acabaron los abrazos entre Eto'o y Ronaldinho sin reunirles y aclarar las cosas: Rijkaard, al fin, da síntomas de intervencionismo, aceptando que no sólo cobra por entrenar sino también por gestionar a sus hombres.
Éxito y fracaso de dos filosofías
La directiva sigue trabajando en la posibilidad de fichar a alguien en diciembre, pero desde las oficinas del club se sabe que el problema es la falta de carácter. Durante la 'época dorada' de Rijkaard coexistieron, tanto en el campo como en el vestuario, dos filosofías distintas, encarnadas en el entrenador: la italiana, con su juego de transiciones rápidas, espíritu agresivo y afán por recuperar el balón, frente a la holandesa, de toque, juego de posición y horizontalidad.
En esa mezcla encontró el Barcelona su éxito durante dos años, pero tras los triunfos la mezcla degeneró en confusión. Ahi estuvo el pecado de Rijkaard: dubitativo, incapaz de tomar decisiones, se mostró idóneo en la inercia victoriosa pero erróneo a la hora de poner a cada uno en su sitio, apostando por una de las dos corrientes.
Dos corrientes, dos jugadores
Es sencillo identificar cada una de ellas con un 'peso pesado' de la plantilla. Xavi, representante del juego de toque y del ataque estático, simboliza la complacencia en el vestuario. Lleva casi diez años en el primer equipo, jugando con mucha frecuencia, pero nunca ha tenido peso entre sus compañeros. Su cultura futbolística está en desuso: no entiende de transiciones defensa-ataque inmediatas, de arriesgar para marcar, de sorprender. En defensa es cada vez menos participativo, se esconde en muchas jugadas y se encajan goles por sus desapariciones. Con su experiencia y talento debería ser un líder, pero sigue sin imponer cultura de club ni galones. Pese a ello, Rijkaard es partidario de su carácter, de su conformismo y de su afán por tocar y tocar.
En el otro extremo, el de la 'filosofía italiana', está Deco. Deco apuesta por la transición y la agresividad, y su principal problema es que viene de trabajar con Mourinho: mucho trabajo táctico, hincapié en la preparación de partidos y una actitud que le convirtió en el personaje clave del Barça de los últimos años. Cogiendo el testigo de Davids, fue quien hizo que el Barça jugara distinto: priorizando la efectividad, parar el juego, la falta táctica antes que lo blando y lo banal. Tiene carácter, es líder en el vestuario y es el primero que grita para poner orden. Su relación con Rijkaard fue buena en una primera etapa, algo de lo que se benefició el equipo, pero trás varios problemas el holandés se lo quiso cargar en verano: Touré vino para jugar de mediocentro y de interior una vez recuperados los lesionados y eso es algo que Deco no olvida.
El enfrentamiento vino incubándose desde hace año y medio, con la relajación de todos los niveles de la entidad. Las palabras de Eto'o aumentaron el conflicto y, tras la nefasta eliminatoria ante el Liverpool, Deco estalló contra Rijkaard. Empezó a sospechar que quizá sabía más que el entrenador, porque veía los fallos del equipo, partidos mal planteados y, con sus declaraciones, dio la imagen de que iba un paso por delante, de que no se le hacía caso, y eso no le gustó nada a Frank.
Brazaletes, pero no capitanes
Ser muy buena persona no te convierte en el capitán perfecto y Puyol es un magnífico ejemplo. Gritos, pasión, sacrificio, pero incapacidad para frenar los problemas. Puyol ayuda a todos pero, como Rijkaard, no ordena. Si llevase a todos de la mano o del cuello sería el Maldini del Barça, pero no consigue nada porque no contagia su política de esfuerzo. Le funcionó como factor diferenciador, como talento exclusivo, pero no como referencia a seguir. Le sobra nobleza pero le falta carácter, y aunque transmita fuerza no es en absoluto un líder.
Aunque a veces haya llevado el brazalete, llevar la 'senyera' en el brazo no es mucho más que un adorno para Ronaldinho. Todos le respetan, porque es el crack y técnicamente no admite comparación, pero su personalidad no es de aglutinar a la gente sino de tirar a lo suyo. No genera problemas, porque rehuye el enfrentamiento, pero tampoco hace piña ni fomenta espíritu colectivo. En el Barcelona no puede hablarse de clanes desde que Gerard, Kluivert o Motta salieron por la puerta de atrás, por lo que la ascendencia de Ronaldinho sobre Messi o su relación con Deco no pasa de lo circunstancial. Esa independencia tiene, al mismo tiempo, su lado positivo, porque facilita que con un buen trabajo psicólogico pueda recuperársele, y se le espera en el derbi porque, sin Messi y tras varias jornadas sin ser protagonista, debe ser el primero en salir a morir. Si tiene presencia en el partido desequilibrará pero, si ni siquiera contra el Madrid muestra hambre, será la sentencia para que se le venda lo antes posible.
El 'loco' camerunés y los líderes crecientes
Junto a Deco, mucha de la mentalidad ganadora la pone Eto'o, capaz de llevarse a cualquiera por delante con tal de lograr el triunfo. Pero Eto'o tiene un problema para ser líder: su falta de frialdad, tacto, de mano izquierda. Tiene semejanzas con Deco pero sus cerebros van a distintas velocidades: los arrebatos hacen de Eto'o imprevisible, aunque parece que en estos momentos puede apostarse por él. Se le ve más centrado que tras su vuelta de la temporada pasada: presiona arriba y vuelve a ser el delantero de siempre, aunque por supuesto le falta ritmo, tono y velocidad de reacción. Es el 'rey del 1-0', el que siempre abrirá el marcador, y su hambre de gloria es fundamental para redireccionar el grupo. En su mentalidad, junto a la de Deco, Iniesta y Milito, está el que el Barcelona pueda reverdecer los laureles.
Estos dos últimos son los aspirantes a manejar el equipo. Iniesta está cogiendo poder, aunque le perjudica la duda perenne de Rijkaard entre Xavi y él que siempre termina beneficiando al primero. Iniesta se cuida, trabaja en cada entrenamiento y vive por y para el fútbol: debe ser el espíritu del futuro azulgrana. Milito, por su parte, es el futuro capitán. Quizá no lleve a corto y medio plazo el brazalete, pero sí será el líder. Tiene carácter, fuerza verbal y empatía. Por su posición en el campo y trayectoria tiene capacidad de mando, y por su personalidad y origen puede atraer a Lionel Messi. El fichaje de Milito es un éxito del que se enorgullece Beguiristain, que apuesta absolutamente por él.
Perspectivas del domingo
Parece que Rijkaard ha despertado tras el toque de atención de la directiva, pero es difícil cambiar la forma de pensar en tan poco tiempo y no otorga mucha credibilidad ante los tuyos cambiar tan súbitamente de formas. El exceso de presión, varios años en el Barça y una carrera tan larga parecen haber confundido a Rijkaard en ciertos aspectos, inclinándose más por la calidad que por la práctica y el trabajo. El fútbol decidido, metalúrgico, no se mantiene sin mucho trabajo detrás, y la imagen que da el holandés es de relajación, de dejarse llevar.
Para el Barça es muy importante que no se juegue hasta el domingo. Sin distracciones europeas, el equipo llegará hambriento de fútbol, muy importante para jugadores tan saturados. Habrá que ver la alineación de Rijkaard para medir su mordiente, aunque está claro que los culés llevarán el peso del partido y tendrán la posesión del balón. Puede ser nefasto que el equipo muestre el ritmo lento de tantos y tantos encuentros, y sería interesante ver a Gudjohnsen en el mediocampo, detrás de Eto'o, para comprobar la validez de una de las propuestas sugeridas por Rijkaard. Un plantel con menos toque y más agresividad, más carácter, le haría bien a los azulgrana, que no sólo deben salir a sumar los tres puntos sino también saciar la venganza por todo lo que pasó el año pasado, por la Liga perdida, y porque ahora el Madrid es el 'guapo', campeón y mimado por la prensa, y los culés el equipo perdedor. Si los azulgrana no salen mordiendo es que el equipo, definitivamente, habrá concluído un ciclo, y su entrenador con él.