Hablamos de conceptos tácticos, sorpresas, psicología y entrenadores, pero por muchas órdenes y variantes un clásico es un partido de pocas oportunidades e incertidumbres, donde los más decisivos suelen ser los porteros y los delanteros centros. Ellos son los que suelen marcar diferencias, y es díficil sobreponerse, especialmente si eres el que juega fuera, a la mala tarde de un portero o de un delantero centro. Al fútbol juegan once contra once, pero la solidez de un equipo viene marcada por la suma de un portero y un 'killer': un equipo que no encaje, más un delantero enrachado, terminará consiguiendo objetivos.
Recordamos derbis recientes con porteros decisivos: un empate regalado a Xavi por César, Reina tragándose un misil de Roberto Carlos, Arnau condenándose para siempre, el fabuloso Casillas, pese a los goles de Messi, en el 3-3 de la temporada pasada. Ocultos tras regates y polémicas, los porteros acostumbran a ser fundamentales en estos partidos.
Víctor Valdés, el indiscutible aprendiz
Aunque ya tenía unas condiciones innatas magníficas, Víctor Valdés es el producto de un aprendizaje excelente, de la efectividad del buen trabajo de formación. Su afán por mejorar completó un gran trabajo de los técnicos, porque tanto él como Pepe Reina son el prototipo de un portero diseñado desde la época de formación para el estilo del primer equipo.
Su punto fuerte es el juego con el pie. Habría sido el sueño de Cruyff, mientras que con otros técnicos jamás habría cuajado como titular. En las últimas temporadas ha dado un notable salto de calidad, exactamente desde que Van Gaal abandonara el club y Antic apostara por él en los últimos partidos de ese año. Fue entonces cuando Víctor supo que sería el portero azulgrana del futuro, ayudándole el entrenador serbio a mejorar su concentración.
Trucos de un portero inestable
Uno de los trucos que Valdés usa para concentrarse es radiar el partido. Siempre está hablando, comentando y gritando las jugadas. Sus grandes problemas eran la ansiedad y la falta de concentración, precipitándose en las estiradas, a la hora de irse al suelo y en las salidas, convirtiéndose en muy vulnerable. Según pasa el tiempo se ha estabilizado, activándose anímicamente con mucha más precisión. Eso, unido a sus cualidades físico-técnicas, ha traído garantías a un puesto convulso en las filas catalanas.
Cuando le disparan, su primer objetivo es blocarla. No quiere pararla y salvar el gol, sino que ha sido educado para retenerla, lo que le juega malas pasadas. Sabe que de cara a la prensa un buen portero es el que más se estira y la manda a córner, pero para su equipo es conveniente quedarse con la pelota. Juega en un equipo débil a balón parado, por lo que evitar el córner es prioritario. Salvar un gol para, inmediatamente, enfrentarse a un saque de esquina con Xavi, Deco, Iniesta, Messi, Bojan o incluso Eto'o es sólo prolongar el peligro, mientras que reteniendo el balón puede hacerse una rápida transición y forzar el contragolpe.
El reductor de distancias
La enorme velocidad es su elemento diferencial. Es uno de los guardametas más rápidos a la hora de reducir la distancia con el delantero, disminuyéndole el ángulo de tiro y obligándole a un gran control para preparar el disparo, porque si no controla la bola Valdés estará muy encima, haciendo casi imposible batirle en el mano a mano.
Sin embargo, uno de sus defectos es que juega a adivinar, lo que se nota especialmente en los penaltis, donde muchas veces no tiene el punto de serenidad para aguantar la estirada. Es algo que tiene que mejorar, porque los penaltis no sólo se detienen en función de un 'scouting' previo sino también atendiendo al momento. Debería aprovechar los entrenamientos para superarse en ese sentido, aprovechando los magníficos lanzadores de la plantilla: Ronaldinho, Messi, Bojan, Deco o Henry. Gracias a su velocidad gestual, agilidad y fuerza en el tren inferior debería detener muchos más penaltis de los que para ahora, o al menos adivinarlos, obligando al delantero a previsualizar el disparo y buscar la barra de atrás, donde termina la red del palo.
Recorrido y competencia
Con 26 años, Valdés sigue siendo un portero por hacer. A no ser que se acomode, su mejor momento está por llegar todavía, para lo que debe trabajar al límite. En cuanto su concentración y autoexigencia baja dos puntos se transforma en un portero vulgar: a tope es el gato casi imbatible de la final de París, pero algo más relajado tiene actuaciones calamitosas como la de la ida del año pasado ante el Liverpool. A favor de su carácter competitivo decir que, dos semanas después, volvió a estar portentoso en Anfield, pero ya era demasiado tarde. A un nivel tan alto se paga pronto no tener portero.
La pareja Valdés-Jorquera no debe seguir una temporada más: Valdés debe perseguir la excelencia, y para eso necesita más competencia y pelear sin sentirse indiscutible. Es un claro objetivo de Txiki para la temporada que viene: fichar un portero que le ponga en aprietos, no una figura mundial inaccesible sino alguien que, sencillamente, haga saber a Valdés que de no hacer bien las cosas terminará en el banquillo.
Las críticas a Valdés
Las salidas de Valdés: las mide bien, técnicamente sabe impulsarse y no suele dar rechaces, aunque cuando no está concentrado del todo suele generar problemas. Es muy decidido y eso, a veces, le lleva arriesgar cuando no debería, y se le ve en faltas y corners más de lo recomendable en tierra de nadie. Sale de la portería y, a mitad de camino, se arrepiente. Cuando se duda entre salir o quedarse lo mejor es lo segundo, porque en ese momento de duda quedas muy descolocado y alejado de la pelota y la raya. El que se atreve y se arrepiente no tiene nada que hacer.
Se le acusa de poco fiable, y en cierta medida es cierto. Por condiciones físicas y técnicas debería ser casi imbatible, pero da sorpresas negativas cuando menos te lo esperas. No domina los tiempos del partido, no tiene la serenidad de los grandes. Desearíamos que fuese siempre el de la final de París, el del día que evitó que el Barça se pusiera con 0-3 y se marchase sin la Champions a casa. Es lo que hay que exigirle, y no que dentro de un desastre, al estilo Casillas, salve al equipo.
El portero también pasa
Decíamos que su gran fortaleza es su preparación para el fútbol moderno: hábil para jugar con una defensa adelantada, rápido y con buen manejo del balón con los pies, sería el heredero ideal de Molina aunque le falta dominio de la situación táctica del juego. El año pasado, con Thuram echando la defensa atrás, debería haberse impuesto más. El equipo se alargaba, era imposible recuperar la pelota, pero él no colocaba al equipo. No asume esa jerarquía, quizá por no sentirse del todo seguro, pero en todos los grandes equipos el 'kaiser' debe estar respaldado por el portero, porque aunque mande el defensa el de la portería tiene efecto corrector, ve a todos sus compañeros y la situación del juego.
Con el balón en los pies, en cambio, es excelente, entre los que mejor ponen la pelota en el pecho o los pies del delantero, gracias a un excelente golpeo que hace que la trayectoria del balón sea plana, recorriendo pocos metros hacia arriba, con envíos poco previsibles para la defensa y que facilitan el control orientado de sus compañeros. En ese apartado, con Reina y Van der Sar, está entre los mejores.
A la hora de batirle, le vienen bien los puntas que llegan y definen sin pensar, ya que no es de los que más aguantan. Si el 'killer' hace una finta o un recorte, es el propio Valdés quien enseña la puerta que garantiza el gol; si el 'killer' emplea la técnica y la pausa será gol seguro.
Marginado por Aragonés
Se ha discutido sobre porqué Valdés no va nunca a la selección. Nosotros le encontramos una explicación sencilla: Aragonés es preso de la prensa madrileña y, para colmo, Valdés celebró la primera Liga del Barça envuelto en una bandera indepentista. Casillas es indiscutible, pero Reina no demuestra ser mucho mejor en un equipo defensivo con un autobús delante. El ocaso de Cañizares, la decadencia de Ricardo y un Palop que, pese a su momento dulce, no es superior a Valdés, le han cerrado la puerta. Hay motivos para su convocatoria: motivaría a Casillas, tiene excelentes números y, pese a jugar muy desprotegido, ha sido Zamora y tiene un palmarés excelente. Sería indiscutible en las porterías de muchos grandes de Europa (United, Inter o Arsenal, por ejemplo), y que después del doblete, con el colofón de la Champions, no fuera el Mundial de Alemania sólo demuestra la cabezonería de Luis.
Si trabaja como debe hacerlo, con la plantilla que le rodea y su juventud, Valdés puede pasar a la historia como uno de los grandes porteros del Barça. Aprovechó los títulos de Ronaldinho, puede aprovechar el impulso del equipo actual y tiene edad como para, antes del declive, seguir engordando su palmarés con Bojan y compañía. 26 años y mucho tiempo en la élite, pero Valdés es un aprendiz con muchos goles aún por salvar.
Iker Casillas: el monstruo que gana partidos
Su descomunal rendimiento tiene un lado negativo: sus milagros, su aura de imbatibilidad, es reflejo de la impotencia que le rodea. Es un portero, como todos, imperfecto, pero un auténtico Dios de la competición. Cech y Buffon son sobre el papel superiores, pero cualquiera elegiría a Casillas para defender nuestra meta. De un portero esperas que te gane partidos y sume puntos, y eso lo hace Iker cada semana desde hace muchísimos años. No hay otro mejor para eso, es un espectáculo verle agrandarse frente a la ofensiva rival.
Hablando de él lo hacemos de un portero que crea escuela, estilo propio, como un superclase de la NBA inventaba un gancho imparable o una suspensión insólita. Casillas hace magia desde la portería, y también es alguien que demuestra que no hay nada mejor para la cantera que una época de crisis, porque en aguas revueltas los jóvenes portentosos pueden dar un paso al frente. Si el Madrid de final de milenio hubiese tenido estabilidad, un entrenador asentado y un portero firme, quizá la confianza de Casillas hubiese mermado careciendo de oportunidades, relegado a las pachangas. Casillas llegó, vio y venció, y en el camino puede completar dos décadas haciendo historia de blanco.
Exigencia máxima, rendimiento sobrehumano
Su gran cualidad son los reflejos. También la capacidad de aguantar más que nadie, porque tiene un impulso tremendo. Puede recuperar el tiempo perdido en salida, cubrir con la mano opuesta el lanzamiento por raso, reducir distancia con el pie, forzar al delantero a tirar por alto enseñando un hueco y, como un resorte, sacar el brazo y despejar el balón. Es la máxima expresión de los gestos de un portero a la vieja usanza.
Juzgarle por su calidad es injusto, porque la exigencia que crea es máxima. Siempre te gana el partido. Muchos de los títulos del Madrid han sido porque Casillas lo ha mantenido con vida. La leyenda de ganadores el año pasado, de Capello, de la unión del vestuario, habría quedado en muy poco de no estar Íker bajo palos. Con un portero de perfil algo más bajo, en un mercado de guardametas muy escaso, da miedo pensar que habría sido del Madrid. Si quieres fichar a Cech o Buffon tienes que pagar más que por el mejor delantero del mundo. El Madrid tenía al galáctico en casa, firme como una montaña, espantando crisis bajo palos.
Luciendo galones
Casillas sabe todo esto y es frecuente verle protestando y abroncando a sus defensas. El nivel de pasotismo y desconcentración desde que está en el Madrid ha sido alarmante, y uno se pregunta si no habrá sido, precisamente, por la confianza casi milagrosa que él mismo genera en la zaga. El año pasado Capello amontonaba hombres en defensa, pero sus rivales llegaban igual y le fusilaban en cada partido: no importaba, estaba él. En los últimos años ningún portero tiene un palmarés como el suyo, porque el Chelsea no ha conseguido la Champions ni Buffon derrotó a Dida en la final de los penaltis. Desde Kahn nadie mostró la autoridad de Casillas. Sólo con unos minutos en Glasgow, ante el Leverkusen, ya acumuló suficiente gloria como para convertirse en leyenda.
Así ha conseguido galones, beneficiándose del relevo generacional de los últimos años. Con Hierro no se llevaba muy bien, porque le quería poner siempre en su sitio y minusvaloraba su calidad. Eran también frecuentes sus broncas con Helguera, con Roberto Carlos... Ahora, con defensas más jóvenes, Casillas tiene carta blanca para comportarse como un veterano con órdenes de dote y mando.
Un frontón
Técnicamente, es el contrapunto de Valdés. Su primera opción es sacarla, no blocarla. Regala corners pero sabe que, desde siempre, el Madrid es un equipo más sólido y preparado para defenderlos que el Barça. La estrategia, el juego aéreo, no han sido valorados en Barcelona como en Madrid: Casillas ha tenido a su alrededor a Hierro, Redondo, columnas vertebrales fuertes, y ahora mismo tiene para los balones por alto a Pepe, Diarra o Van Nistelrooy como hombre libre en el primer palo. Saber que tu equipo es alto y poderoso permite no obsesionarse con el blocaje.
Además de despejar Casillas sabe a dónde tiene que hacerlo. Siempre hacia el lateral, nunca dejando balones muertos frontales, siempre rechazando con fuerza. El balón no le golpea: es él quien revienta al parar la pelota, alejándola y evitando que los delanteros listos se arrojen para remacharle.
Aprendiendo a salir
Durante muchos años se le criticó por las salidas pero ha mejorado muchísimo. Siempre se quedaba a medio camino, pero ahora domina los tiempos y es difícil verle fallar, porque no duda y cuando se adentra en el área tiene todas las de ganar: es atrevido, tiene salto y, tras tantos años, sabe gestualizar lo necesario para que los árbitros le protejan. Para progresar tanto han hecho falta experiencia y trabajo, porque hay porteros, como Cañizares, que se negaron a aprender y han llegado a sus últimos días encerrados bajo palos.
Lleva tiempo sin hacerlo, pero es uno de esos porteros que siempre dan la sensación de que pararán el penalti. Es lógico con todas las cualidades nombradas: es un gato que estira su cuerpo al máximo, que cubre todas las vías, capaz de poner las dos manos al mismo nivel en la máxima estirada con los dos pies también estirados, en una estampa felina que intimida a los rivales.
Intuición y confianza
En otro contraste con Valdés, Casillas no juega a adivinar en el uno contra uno, sino que mantiene la figura tapando espacios. El delantero, verdaderamente, tiene que hacerlo muy bien para superarle. En una entrevista de sus inicios le preguntaban cómo paraba tan bien, y él decía no encontrar una explicación. Los balones le daban a él, decía en un gesto de humildad. Hay algo de cierto: los porteros, como cualquiera que viera a un rival dando una patada a centímetros, cierran los ojos y se fían del instinto. Casillas tiene esa intuición, ese don, de saber antes que nadie donde la mandará el delantero.

Contragolpes por la mano
En el plano ofensivo destaca su capacidad para sacar contragolpes. Tiene muy claro ese concepto, que sus contrarios subestiman olvidando molestarle. Es capaz de poner la pelota, con la mano y gran precisión, en el centro del campo, y su conexión con Zidane era mágica. Era el que mejor rendimiento sacaba a un equipo partido: en cuanto blocaba se la mandaba a 'Zizou', con Roberto Carlos subiendo como una flecha y dando abundantes pases de gol.
Con el pie, a diferencia de Valdés, la bombea muchísimo, bajando la pelota más muerta y haciéndola más incontrolable para el delantero, que tiene que pararla y pierde velocidad. Aunque no es seguro recibiendo una cesión, y suele darle la pelota al contrario, tiene una virtud: es consciente de sus límites y no tiene reparos en mandar el balón a la grada, en una cualidad que comparte con Buffon.
Esa tendencia de Valdés, sabedor de su calidad, a ir de sobrado con el pie le ha llevado a errores desastrosos, muy escasos en Casillas. Es obligación del entrenador elegir lo que prefiere: buscar que los balonazos del portero vayan al rival o a la grada, o que suelan caer en tus delanteros pero, de vez en cuando, te encuentres con un gol ridículo.
¿Cómo batirle? Casillas tiene dificultades cuando le tiran al primer toque, sufre ante delanteros que utilizan la puntera o tiros con una ejecución técnica sorprendente. Aguanta mucho: por eso, cuánto más tiempo emplea el delantero para pensar más opciones tiene él para sacarla. Sufre ante delanteros explosivos, que no pierden ni una décima en ejecutar, aunque esa ejecución sea deficiente.
Próximo parada: la Historia
Es utópico pensar en el portero perfecto, pero desde luego Casillas responde al perfil de guardameta casi infalible. Queda enmascarado, porque recibe muchos disparos, pero es un prototipo de portero de equipo grande, de los que pasan horas sin ser puestos a prueba pero te sacan el balón decisivo y te salvan el partido. Insistimos en su actuación, casi siendo un niño, de Glasgow: el portero necesita un calentamiento especial, cuarenta y cinco minutos en lugar de 25, un entrenamiento específico. Él apenas necesitó estirar, calentar y salir en el momento más difícil. Barruntaba su suplencia y, bajo la lluvia, salió para detenerlo todo. Ahi estaba Iker para atrapar la Novena.