
No es campeón pero sí que, tras el partido del Calderón, tiene más de media liga en el bolsillo. Con siete puntos de ventaja, la visita del Barcelona a falta de tres jornadas y el último encuentro, en casa, frente al probablemente descendido Levante, el Real Madrid sólo puede regalar el título.
El conejo blanco del espectáculo
No hay muchos, pero existen precedentes. Recordemos la liga de Antic, cuando Mendoza despidió al serbio sólo porque no había espectáculo. Ese Madrid ganaba con una efectividad aplastante, pese a ser incapaz de dar más de cuatro pases seguidos. Hierro era el goleador del plantel, jugando en la mediapunta y demostrando su enorme categoría futbolística. También en ese Madrid se volvió a ver al mejor Butragueño, como ahora vuelve a verse al mejor Raúl, y el Bernabéu pitaba a veces a los suyos por partidos mediocres como los que tiene que observar ahora.
Casillas no estaba por aquel entonces, pero el registro era similar: pocos goles en contra aunque les llegaban mucho, muchos goles a favor pese a no deslumbrar en ataque. También, como ahora, era un equipo que dominaba la psicología de los tantos: los lograba al principio y al final de cada parte, hundiendo al rival camino de los vestuarios o aniquilando las recientes instrucciones del técnico.
Para gripar a esa apisonadora que iba a arrebatarle el título Cruyff, un maestro de la guerra mental, se sacó de la chistera el conejo del espectáculo. Ganar no era lo importante, los títulos no lo eran todo, el espectáculo también importaba... el mensaje caló en el madridismo y en la prensa madrileña. Mendoza se tragó el anzuelo y pasó lo que todos sabemos: vuelta de Beenhakker al banquillo, Hierro al centro de la defensa y el equipo que se desmorona. De ser un plantel basado en el contragolpe se transformó en uno de posesión, pero carecía de la calidad técnica suficiente para conseguirlo. Beenhakker, animado por Mendoza, aceptó el reto de Cruyff, y lo perdió. El holandés azulgrana había ganado la guerra.
El Madrid de Schuster es ese Madrid de Antic. Incluso con Gago y Guti en el campo no sabe qué hacer con la pelota pero tiene algo que, probablemente, sólo la Juventus y el Milan comparten: una habilidad insultante para meter goles en el instante preciso. Probablemente, el Madrid es el equipo del mundo que mejor aprovecha los errores del rival: así llegaron hoy los dos tantos.
Un paseo, un medio campeón y una china en el zapato
Los fallos de la zaga atlética, de Pablo en particular, son dos regalos de un amigo íntimo. Muchos se preguntarán como el central, tras firmar con un aspirante a la 'Casa Blanca' y cobrar por un precontrato, volvió a llevar la elástica rojiblanca. Los errores de Pablo en el derbi son imperdonables, de los que sentencian a un jugador. Un defensa de Primera debe saber que, en fase de iniciación de juego ofensivo y con todo el equipo desplegado en ataque, tienes que mandar la pelota al campo contrario o, en caso de dificultad, enviarla fuera. No lo hizo, y así llego el primer gol. El segundo es otro caso sangrante: Van Nistelrooy no debe recordar muchos goles a lo largo de su dilatada carrera tan fáciles. Quieto, el defensa le deja anticiparse, controlarla y tirar en una falta de actividad defensiva insultante. Después Abbiati, el lento y pesado Abbiati, hace el resto. Segundo gol y partido concluído.
Rijkaard, desde luego, no es Cruyff. Nunca habla mal del rival, y jamás ha utilizado esas tácticas para desestabilizar al contrario, pero algo así debería ocurrir si quiere que se desmoronen los blancos. Pocas ligas han estado tan claras tan pronto. Los madridistas lo tienen todo a favor... menos el juego. Tanto como Schuster como el club tienen pánico a que se empiece a hablar de la falta de brillo, de espectáculo, de que toda la eficacia del mundo no es sinónimo de disfrute. El alemán no pierde ocasión de justificarse en cada rueda de prensa, despista hablando de los árbitros, cualquier argumento es bueno para que no se detecte esa china en el zapato del que se pasea en la Liga.
Casillas sigue salvando y Van Nistelrooy y Raúl marcando, pero hay otro aspecto que sigue preocupando en los blancos: los errores persistentes que el equipo deja sin pagar. Es injustificable que un jugador como Pepe, que no ha completado una sesión de entrenamiento desde hace tiempo por problemas físicos, sea titular en un derbi con siete puntos de diferencia, porque pasa lo que pasa: al banquillo lesionado a los diez minutos, aunque por fortuna ya con uno a cero a favor. Tampoco un equipo serio pone a Gago en la marca de Motta en un córner, cuando el italo-brasileño es casi el único rival que es solvente de cabeza. Ocurre lo previsible: buscan a Motta, este remata a gol... y la pelota golpea en la madera. Otro directo que apenas roza la barbilla del Madrid.
Partido para no olvidar
Aunque el equipo se clasifique para la Champions y gane la Copa del Rey y la UEFA, el derbi deja evidencias en el lado rojiblanco. No fichar a Riquelme, como dijimos en su momento, es un error histórico, y la planificación del equipo parece concebida por su peor enemigo. Es inconcebible gastar ochenta millones de euros para tener una plantilla tan pobre. El único jugador con autentico valor en el mercado es, a día de hoy, Agüero: el resto está estancado o comenzará pronto su cuesta abajo si no está ya hundido. Hacer tantos de fichajes de banda para que nadie sea capaz de desbordar a Salgado y Torres amonestado es ridículo, y no ofrece muchas garantías de cara a los próximos partidos de categoría.
Lo que ha pasado hoy con Reyes, sin ir más lejos, no es culpa del jugador. No puedes fichar en verano a un hombre al que no quiere nadie, que está en serios problemas con su equipo, el Arsenal, cuando te ha despreciado hace un año para jugar en el eterno rival. Podría esperarse que el andaluz pisaría hoy el campo con ánimo de revancha frente a un Madrid que le dejó marchar, pero pasó todo lo contrario: con dos goles en contra tuvo tiempo de reir ostensiblemente y saludar a cada uno de los rivales como si fuera un partido homenaje. Hay que ser demasiado generoso para creer que alguien así tiene sitio en tu proyecto.
La grada terminó el encuentro coreando el nombre de su equipo, lo que no sabemos si es sinónimo de fidelidad o de estar completamente engañados. Están arriba en la tabla, pero cuentan con un equipo mal construído, con una falta de equilibrio evidente, dos centrales que están entre los peores del campeonato y mucho jugador-adorno para puestos exteriores, cuando una columna vertebral se construye con los jugadores de dentro. Después de un gasto mayúsculo no es descabellado pensar en diez o doce bajas, las de hombres que no son aprovechables para un equipo con aspiraciones.
El derbi ha sido sintomático. El Atlético no ha ganado a ninguno de los equipos de arriba, y quizá esté rindiendo por encima de sus posibilidades. Su pegada ha bastado hasta ahora, pero ni tiene a un portero como Casillas ni un esqueleto que sostenga la dependencia de sus delanteros, que por otra parte tampoco han inquietado a los aspirantes al título. Agüero empezó bien, pero después se desvaneció en medio de tantísima ineptitud. Forlán apenas dejó algún desmarque antes de ahogarse en la avalancha de juego mediocre. Motta rozó la expulsión varias veces hasta que Aguirre le envió a la caseta.
Señal de que el Madrid será campeón es la carrera, en el minuto 92 y con todo decidido, de Raúl por todo el campo persiguiendo a Antonio López. Si el equipo sigue con esa actitud alzará el título: esa es la verdad de la jornada. Pero hay otra: Aragonés, con la Eurocopa cada vez más cerca, debe estar muy preocupado, porque su equipo se desmorona. Salvando al denostado Raúl y a Iniesta, ambos en un gran momento de forma, el resto de los internacionales da síntomas de hundimiento. Pablo, Antonio López y Pernía son componentes de una zaga muy débil, Juanito da miedo en el Betis, Puyol sufre con cualquiera, Xavi ya chupa banquillo y de los valencianistas Albelda, Villa, Joaquín o Marchena, casi mejor ya ni hablar.