
Se mira de reojo a los preparadores físicos, saltan las alarmas con las lesiones musculares y la prensa justifica las derrotas con argumentos erróneos, porque los puntos no se pierden por irse de copas un día ni por tener la cabeza en el próximo viaje con tu pareja, sino por los errores repetidos en las sesiones de entrenamiento y la deficiente preparación de partidos.
Respecto al año pasado, en el que se perdió todo, y el actual, donde se confía en ganar algo, la metodología de entrenamiento no ha cambiado. Las sesiones han aumentado en media hora, pero se sigue el mismo esquema: trabajo repetitivo, cansino mentalmente, que no aporta casi nada a la hora de marcar diferencias a lo largo de un partido. Como en casi todos los equipos entrenados por ex jugadores, vemos un técnico que sabe manejar el vestuario -más o menos- y gestionar la presión, porque lleva muchos años viviéndola, e incluso sabe pulsar la tecla adecuada para activar en un momento determinado a sus estrellas. Factores que no impiden que los entrenamientos apenas ofrezcan aplicación práctica para los partidos, demostrando que tener buenos maestros no asegura saber leer los encuentros. Eso es algo innato, que se ve o no se ve, más allá de haber vestido la camiseta de tu selección muchos años: ese tipo de técnicos ex-futbolistas entienden el fútbol sólo como un juego, como algo marcado por los pequeños detalles y los estados de ánimo. Lo que caracteriza al entrenador que no descolló como futbolista es exactamente lo opuesto: querer controlar todos los detalles, manipular la fortuna para que la moneda, la lancen como la lancen al aire, siempre les caiga de cara.
Al trote
La sesión de trabajo azulgrana, tras la reunión del cuerpo técnico, siempre empieza con un trote de calentamiento al nivel de cualquier equipo amateur. Los primeros veinte minutos de entrenamiento del Barcelona no se diferencian en mucho de los que hace el Alcoyano o la Cultural Leonesa: trotar, mover brazos, elevar rodillas... un castigo psicológico para gente como Puyol, Xavi o Deco, que lleva haciéndolo desde hace siglos. Lo sistemático es bueno sólo cuando es efectivo: de lo contrario se convertirá en sintomático. Para que esa sesión de trabajo sea intensa y motive al jugador debe despertarle interés, hacerle pensar que le sirve para algo y se le invita a tomar decisiones.
Tras ese calentamiento llega el turno de Paco Seirul.lo y Albert Roca. Estiramientos, circuitos físicos, carreras a lo ancho del campo y trabajo de velocidad, arrastres y empujes, fuerza elastica y dirigida, cambios de orientacion y sentido, todo adaptado a las supuestas exigencias de la competición. Entre medias un poco de componente balón, para hacer creer que se trata de un entrenamiento globalizado: una mera distraccion para el futbolista que, después de hacer fintas a muñecos y una progresión, tirará una pared para disparar -sin rival- a Valdés o Jorquera.
Veinte o venticinco minutos después, algunos más que el año pasado, beber un poco de agua, darse unos empujoncitos a modo de motivación y empezar, teóricamente, el trabajo serio, porque esto es el Barça y no un equipo 'de barrio'. Llega el entrenamiento adaptativo a la competición, donde se personan tipos como Neeskens, Eusebio y Rijkaard. Uno espera que esta etapa, ese entrenamiento integrado, tenga ya algo que ver con el máximo nivel y sirva para ganar los partidos, pero llega el trabajo de posesión: un "3:3:3" en el que dos tríos tienen el balón y uno defiende, y el que pierde la pelota se convierte en terceto defensor. Con este tipo de juegos pasarán muchos minutos. Podrán participar más jugadores e incorporarse pivotes que atacarán, sólo para crear con superioridad, pero ya tenemos un problema entre manos: mucho trabajo para no perder la pelota, pero sin porterías. ¿Dónde están la verticalidad, la finalización, los factores que decantan los partidos?. ¿Dónde está la tasa de transferencia a la competición? ¿Dónde está la adaptación fisiológica?
El abecedario del fútbol dice que no se trata de correr mucho para recuperar la pelota, sino de estar colocado, saber dónde y cómo hacerlo. No es dejarse las piernas en el esfuerzo, sino un poco de sentido táctico. Cuánto más corres menos presión efectiva ejerces, y menos corres. La presión hay que entenderla, no correrla. Con ese trabajo no hay progresión ni mejora, si no existe el componente táctico no se desarrolla el fútbol como bloque, que es el que marca diferencias.
Todos estos ejercicios se ven en el calentamiento antes de los partidos. En un lateral cuatro contra cuatro, dos pivotes, casi siempre Ronaldinho y Messi, jugando sólo al ataque. También, en el entrenamiento, veremos jugar algunos diez para diez y otro ejemplo de inconsciencia técnica: ¿qué hace uno de los entrenadores, o el preparador físico, participando con los jugadores? ¿No sería mejor que un chaval del filial se dejará el alma compitiendo con sus ídolos? Que Albert Roca juegue de central frente a Eto'o es una broma: como enfrentarte a tu jefe en un partidillo "del curro" antes de comer paella. Para el delantero es tiempo perdido, no supondrá la más mínima referencia para cuando se enfrente contra un central de verdad.
La otra variante son los partidos reducidos, quizá de seis contra seis, donde el que marca sigue jugando, como en los "rey de la pista". Ahi se buscan ataques rápidos, cortos, de pocos toques, espacios reducidosy agilidad mental pero tampoco aplicables a la competición porque las distancias son escasas, como mucho medio campo, y los delanteros finalizan a pocos metros del portero. Una especie de fútbol sala con mucha relajación, a años luz de un encuentro de la máxima competición.
Buscando competitividad
Así ya, con tan poco, pitido final y cada uno a su casa. Hora y veinte después de empezar, el año pasado sin llegar a cumplirse una hora, se acaba el trabajo diario. El tiempo es un detalle sin importancia: no por entrenar más se entrena mejor, pero con muchos o pocos minutos seguimos sin entrenamiento de calidad. Ese es el primer defecto; el segundo, que nada de lo realizado es aplicable a la competición, donde hoy por hoy se marcan las diferencias. Equipos que hacen entrenamiento de calidad aplicado a la competición son, por ejemplo, el Liverpool de Benítez o el Milan de Ancelotti en la Champions, cualquiera de los de Mourinho o, yéndonos al baloncesto, los planteles de Messina u Obradovic. Caso contrario, y siguiendo con la canasta, está el Barcelona de Ivanovic: todas las horas de entrenamiento del mundo para no saber qué haces ni en ataque ni en defensa. Darle vueltas y más vueltas a cosas intrascendentes, ajenas a la competición. Perderse en pesas, técnica individual, cosas que apenas se ven en estos niveles... Mejor una hora de trabajo para hallar la competitividad.
Ver entrenar a equipos de la NCAA sería una buena lección: entrenamientos globales en una sola canasta, dando órdenes el primer y segundo entrenador a cada uno de los quintetos, jugando en ataque y defensa. Plantear problemas, discutir el juego, descifrar la situación y buscar la solución como en un tablero de ajedrez. Trabajar, insistir y corregir basándonos en la práctica, enseñando al jugador a encontrar las respuestas a base de intensidad, esfuerzo mental y físico. En resumen: un trabajo de cabeza para que aprenda a comprender su deporte. Intensidad, calidad y aplicación de la competición que disputas.
Volvemos a la realidad: rondos, calentamiento, posesión y finalización. Tras el partido trabajo de recuperación; partidos de once contra once con técnicos incrustados, pared y tiro a puerta con Eto'o, Puyol o Thuram disparando. El entrenamiento del sábado, el de la táctica, lo de cada semana, y cuando se quiere sorprender al rival un ejercicio de improvisación: imponer el 1-3-4-3 delante de una pizarra, moviendo fichas en la pizarra digital, delante de los 18 convocados. Resultado: 18 bocas abiertas que no entienden la teoría que les cuentas. Una invitación a cometer todos los errores, desajustes e imprecisiones del mundo. Esa misma teoría, aplicada sobre el campo de entrenamiento, sería lo contrario: a cada fallo, una corrección inmediata. Explicaciones al futbolista en el césped y con el balón por el medio. Pasar de las palabras a los hechos.
Se entrena como se juega
¿Quieren escuchar una de las más grandes mentiras del fútbol? "Se juega como se entrena". Es la verdad del inculto. La leyenda que se instauró en las escuelas de fútbol como metodología de trabajo para formar a niños pequeños, y que después fue calando en el nivel profesional. La excusa del derrotado, porque no tiene nada que ver una cosa con la otra. Nunca se podrá entrenar como se juega porque la competición, la exigencia máxima, incluye factores mentales, de estrés y un nivel de activación especial que se moldea de otra forma.
Más que "se juega como se entrena", se juega como se vive... Ser deportista es un estilo de vida, y si no lo mantienes no podrás rendir, durante un cierto tiempo, en el máximo nivel. Tu carrera declinará pronto... La metodología adecuada es la inversa: "Debes entrenar como juegues", y no al revés. Esa es la diferencia entre un entrenador ganador y otro que no lo es. El entrenador que sólo pelea porque sus jugadores tengan ritmo de competición, chispa y escaso trabajo táctico irá "tirando", y si dispone de calidad y orgullo de sus jugadores sobrevivirá un cierto tiempo sin que salten las alarmas. El entrenamiento debe ser desde el primer entrenamiento un medio para progresar como equipo, y un recital de práctica sobre situaciones de partido y búsqueda de soluciones por parte del jugador o del entrenador mediante la enseñanza guiada.
El que luche porque su equipo sea la referencia, el que arrastre a sus jugadores a dominar ataque, defensa y las transiciones hacia atrás y hacia delante estará en la senda de lograr un equipo imparable. Entrenando esos aspectos inculcará a sus sus hombres una determinación que hará de su equipo una máquina. En el Barcelona, hoy en día, no se trabaja ni defensa ni ataque, ni grupo ni bloque. Rijkaard, hoy en día, 'pasa' del análisis de los rivales, no lucha por machacar al contrario, desprecia las soluciones. De los rivales se queda con la manera de atacar y su manera de defender... pero olvida lo decisivo: las transiciones.
La fórmula del equipo-bloque
Un bloque o nada: eso es el fútbol. Hay que entender que, cada jugador, tiene una función ofensiva y defensiva, que debe analizar en función del juego. El jugador debe saber qué ha de hacer. El entrenador ha de evitar en lo posible las improvisaciones: ha de lograr que la genialidad sea entendida por los compañeros del genio. Así, con la base del trabajo y el mínimo margen a la sorpresa, nacen los equipos-bloque, que saben lo que tienen que hacer en cada momento y consiguen las cosas cómo, cuándo y dónde quieren. Algo que nace del entrenamiento de calidad, a través de prácticas ajustadas, estudiadas, definidas y llevadas a cabo a velocidad de vértigo. El Milan de Sacchi jugaba la final de la Copa de Europa en cada entrenamiento, para que el partido oficial pareciese un amistoso. El Valencia de Benítez, a base de analizar cada momento de los encuentros, demostró que la manta puede llegar a tapar la cabeza y los pies. Y los equipos de Mourinho, evolucionando el método de Sacchi, entrenaban para que fuese el jugador el que tuviese capacidad para leer los partidos y aplicar soluciones. Mourinho convirtió cada entrenamiento en una disección del partido próximo, inventando la máquina del tiempo: el portugués adelantaba el reloj, disputando la batalla días antes de que el árbitro soltara el pitido inicial.