
Esconde, tras un muro, los entrenamientos de la prensa y el público. Aisla a los jugadores en unas sesiones de trabajo que, aunque persiguen la filosofía holandesa, no satisfacen en lo táctico a nadie. Algunos dudan del compromiso de la plantilla, pero a lo largo de dos reuniones ésta pidió a Ronald un trabajo táctico de calidad, que les ayudara a defender. No están en su mejor momento, pero son hombres que estuvieron a las órdenes de Benítez y Quique, y no puede engañárseles fácil: los rondos, los juegos de posesión, pueden ocultar imperfecciones en un equipo sobrado de calidad, pero no sirven en tiempos de crisis. Empeñado en decisiones dictatoriales, lastrado por un orgullo que le impide rectificar, los jugadores saben saben que Koeman es el máximo confundido, y que como si fuera la pretemporada deambula entre el 1-4-3-3, el 1-4-2-3-1, partidos con tres puntas y otros sin delanteros.
Tampoco su capacidad de análisis y de planteamiento llegan a la plantilla, porque desde que pisó Mestalla parece más preocupado de apartar jugadores que de lo de verdad importante: el juego, el rendimiento individual, la metodología de entrenamiento y el sumar para ganar. Sí, se encontró con una situación compleja, pero en vez de una solución se ha convertido en otro problema. Si no se llamara Koeman su figura sería casi cómica, y desde luego estaría en la calle desde hace tiempo.

Movimientos en el palco
Ese 1-4-3-3 con el que se esperaba a Koeman no era tampoco la panacea. Históricamente, hablamos de un equipo y unos jugadores muy acostumbrados a las dos líneas de cuatro, que con tres jugadores no saben llenar el campo. Baraja habría sido el hombre clave de ese sistema, pero el escaso gusto de Koeman por la dosificación ha vuelto a quemar al vallisoletano. Es uno más de los graves defectos del entrenador: la mala gestión de la plantilla, debida en gran parte a su ductilidad a los consejos ajenos. En la situación que encontró, lo ideal era aterrizar en una burbuja, sin hacer caso a las palabras de alrededor. Sólo llegar a cada entrenamiento y mandar, observar, planificar y refugiarse en el hotel para, sin ni siquiera leer la prensa, reflexionar sobre cada problema. Las ideas preconcebidas enturbian, y los delfines del presidente le han hecho sentirse agradecido por tres años de contrato, pero serán los primeros que echarán tierra en la tumba. Koeman saldrá de Mestalla con la cuenta corriente repleta, pero la credibilidad deportiva más que tocada.
Todo indica que, antes de que la temporada termine, Cañizares, Albelda y Angulo volverán a pisar el césped. Sus nombres serán coreados para bochorno de un presidente al que apenas le quedan escudos. Todos saben que Koeman ha sido un desastre, pero Soler no puede despedirle porque es su última columna. En un club muy politizado, en el que la Generalitat valenciana tiene mucha mano, no es descartable un movimiento en las alturas que haga desaparecer a Soler y se busque otra imagen para la entidad. El presidente quiere seguir al frente cuando llegue el nuevo estadio y las plusvalías de los terrenos vendidos, pero la degeneración deportiva está carcomiendo también lo económico. Cuando peor era la oferta en el mercado, en diciembre, se ha pagado una fortuna en hombres que, como Banega y Maduro, difícilmente podrán asentar un proyecto de nivel.
Las vías de escape económicas son muchas. Se le paga un sueldo multimillonario a hombres que se quedan en casa. Tampoco Koeman, Bakero y Bruins Slot son baratos. Estar en la próxima Champions suena a utopía, y la política deportiva está logrando depreciar a hombres que, como Villa o Silva, tenían un alto valor de mercado. Fichajes astronómicos, como los de Joaquín o Zigic, empiezan a volverse a locos, y los problemas físicos de un chico como Vicente, con una lesión parecida a la que retiró a Kiko, le descartan de un traspaso.
Con balón no hay peligro
Los jugadores no están cruzados de brazos. Helguera, por ejemplo, pide más compenetración, que se marquen las distancias. Él y sus compañeros saben que no es momento de tener el balón, sino de cimentar un plantel sólido, fuerte, de contragolpe y velocidad. Que el Valencia tenga el balón, hoy en día, es sinónimo de derrota, porque carece de un solo detalle de calidad que sirva para desequilibrar. Apenas se trabaja la estrategia, no hay juego a balón parado. Los que tenían qe marcar diferencias, como Silva o Villa, están fundidos. Koeman insiste en alinearles hasta hacerles recaer de sus problemas. Muchos partidos, pocas rotaciones, un Koeman que parece tener dos formas de actuar: a base de limpias -Morientes puede ser el siguiente- e insistiendo en jugadores lejos de su mejor momento.
El holandés da lecciones de cómo decidir sin observar la situación. Contra el buen planteamiento del Almería necesitas velocidad y, ya de paso, pensar un poco en el partido de Copa contra el Atlético. Hombres como Villa, Vicente o Silva necesitan reposo, porque ni sumarán ese día ni estarán luego para el Calderón. Es el momento de un centro del campo con Maduro y Banega, quizá Joaquín y Mata en las bandas, con Zigic arriba ayudado por un delantero capaz de sacrificarse y combatir el 1-4-1-4-1 almeriense en el mediocampo. No hubo nada de eso, ni desde la apuesta inicial ni con los cambios absurdos a la vuelta de vestuario.
Alinear a Maduro, que no es en absoluto un mediocentro creativo, junto a Marchena, es quemarle delante del público. El año pasado, el Ajax de Ten Cate jugaba en el mediocampo con Gabri de mediocentro y Davids y Sneijder al lado, y no Maduro no aparecía por ahi. Ni es una estrella ni marca las diferencias, sino que es un hombre de equipo que no llega para sacar las castañas del fuego. Ponerle en el lugar de Baraja es, simplemente, tirar piedras contra tu propio tejado, la especialidad del entrenador valencianista.
Las locuras de Koeman y la lista negra
Las pedradas son incontables. Colocar a Arizmendi en el lateral derecho es, simplemente, una barbaridad, y hay que estar ciego para no ver que no vale para esa posición. Cada partido de Arizmendi es una exhibición de cómo no entender una posición, de escasa capacidad táctica, de dar todas las facilidades para que te cojan la espalda. Arizmendi abandona la línea de cuatro constantemente, siempre pensando más en atacar que en defender, pero no aporta calidad diferencial en la posición porque ni centra, ni desequilibra ni dobla. En el lateral derecho, es un inadaptado. Una prueba más de que Koeman no ha empleado ni un segundo en analizar partidos y buscar entre sus jugadores.
Zigic también sufre las fijaciones de Koeman. Podría apostarse por él para jugar al balón largo, buscar la continuación, llegar al área sin necesidad de juego: una solución de equipo pequeño pero quizá utilizable a día de hoy, pero no es así: el serbio sigue marginado por Ronald. Sunny también paga que, de buenas a primeras, Koeman le dijera que no contaría con él, cuando en ausencia de Miguel podría ser el que mejor se adaptara al puesto de lateral derecho. Tiene ritmo, corre y, como habitual mediocentro, se fija más en lo táctico que en lo físico, siendo bastante sólido en banda. No juega. Miguel está volviendo, poco a poco, pero no mezcla bien con Joaquín. Insiste en doblarle por dentro porque el andaluz no suele pedir dos contra uno, y casi siempre todo termina en un pase interior que es robado por el central adversario que, de ser zurdo, dispone de la primera piedra para construir un contragolpe con todo el Valencia descolocado.
Dueño de regate y arte pero, a cambio, presa de su irregularidad, Joaquín sigue sin encontrar el equipo en el que desbordar partido a partido. Su paso por el Valencia es ya una travesía en el desierto: banda izquierda, mediapunta, delantero... está completamente perdido. Pero Koeman insiste en marearle, cuando sólo rinde como extremo derecho. Tiene, presuntamente, calidad para hacerlo en otras posiciones, pero está claro que no está dispuesto. ¿Para qué obcecarse en ello?.
Llama también la atención el tremendo sacrilegio cometido con Montoro, un canterano con un altísimo contrato desde que estuvo a punto de irse al Madrid. Jamás ha jugado de interior izquierda, pero Koeman lo alinea en esa posición contra el Atlético para, unos días después, mandarlo de vuelta al filial.

Día a día, la lista negra engorda, por más que Villa no esté, que no está, y que Zigic sufra la fijación del orgulloso que no quiere volver tras sus palabras, Morientes es presa de la secta y parece que lo tendrá difícil con Ronald. Su pecado, ser auténtico pedir exigencia al cuerpo técnico en los entrenamientos minusvalorando la importancia de la normativa. En esa lucha también está Helguera, el cual pide soluciones a Koeman. ¿Será el próximo en caer?
El partido del miedo
Pase lo que pase en el partido de esta noche frente al Atlético, el que saldrá peor parado será el Valencia. El Atlético está hecho unos zorros, pero cualquier adversario es grande para un equipo que juega contra sí mismo y al que la ausencia de criterio castiga hasta el punto de que la temporada empieza a recordar la del último descenso ché o el del Atlético.
Con poco, el Atlético puede hacer mucho, porque ganar a Koeman en la estrategia no se antoja complicado. No entraremos de lleno en la previa del partido pero, las probaturas de Maxi en el doble pivote, hacen atisbar que Aguirre ha visto lo mismo que nosotros. El partido se gana desde la banda izquierda, el objetivo es buscar la espalda de Arizmendi o Caneira, matar desde esa parcela a la desajustada defensa de cuatro ché.
No le sirve Reyes a Aguirre, porque hace mucho que José Antonio no la pide al espacio, por lo que el elegido tiene nombre: Forlán, haciendo labores de extremo, ahí donde lo quería Txiki para el Barça. Jugando por dentro, haciendo diagonales por dentro del lateral. Si no es es Forlán es el turno de Luís García.
Para compensar los diez metros posicionales hacia delante de Forlán o Luís García necesitas un mediocentro con determinadas características. Cléber Santana no, porque no tiene zurda y tecnicamente anda limitado, por lo que el camino puede ser orientar a Raúl García a la izquierda y Cléber de mediocentro. En punta el Kun con Maxi, este último bajando a la media punta para no permitir al Valencia tener superioridad numérica. Aprendiendo de errores, la segunda parte del partido liguero entre ambos. La táctica a seguir es la marca que diseña Caparrós a Gago a la llegada de éste a Madrid. Marca individual ahogándole, sacando provecho de la inadaptación del jugador al ritmo europeo para recuperar y a partir de ahí hacer daño con la contra. El encargado será Clebér Santana, cogiendo Raúl García el mediocentro posicional cuando Cleber salga de zona.
La penúltima de Koeman, las bajas de Vicente y Silva. Un ejemplo más de cómo no manejar una plantilla y, sobre todo, de cómo quemar jugadores para no contar con ellos en el día decisivo.