Ha habido dos Barças este año: el de España y el de Europa. Del primero hemos hablado mal muchas veces, el segundo al menos aseguraba disciplina y concentración defensiva, pero en ambos faltaba algo: el poderío ofensivo que en teoría aseguraba la plantilla. Hoy, en Celtic Park, empezó a vislumbrarse el camino. Muchas voces olvidando la crítica constructiva, no es el caso de futbolitis, y un equipo en plena cruzada para tapar bocas, como bien puede observarse en la foto.
Una delantera olvidada
Cuando casi no se recordaba el último gran partido de Ronaldinho, el brasileño volvió a brillar y jugó para el equipo. Estuvo disciplinado tácticamente sin la pelota, se entendió con Abidal, mostró una movilidad olvidada y, respondiendo a las palabras de Cruyff, jugó al primer toque dándole inercia y velocidad al balón. Estuvo más rápido, sí, pero sobre todo demostró otra actitud. Si no ha sido flor de un día volveremos a ver a una estrella.
Por cómo se movió la pelota y se encontraron entre sí los delanteros, quizá por las dobles sesiones de entrenamiento y la mayor intensidad de las mismas, jugó otro Barcelona. Messi no la pedía en fase defensiva para regatear a ocho rivales, ni Ronaldinho ralentizaba la circulación. Henry, otra vez como 'nueve', volvió a marcar, y se vieron momentos de gran fútbol.
Velocidad, velocidad, velocidad
¿La diferencia? Se movió la pelota con velocidad y profundidad, en vertical y diagonal, nunca en horizontal. Márquez y Milito no se pasaban la pelota, sino que buscaron a Touré e Iniesta para construir la jugada. Iniesta persiguió la superioridad en banda en una labor muy oscura, metiéndose a un costado de Touré para ayudar a sacar el balón a los centrales y en caso de pérdida cubrir la espalda del lateral. Iniesta estuvo táctico, equilibrado y generoso con el equipo, certificando que un jugador no sólo crece marcando goles o recibiendo ovaciones sino haciendo partidos así. Evidenció, una vez más, ser una esponja capaz de seguir aprendiendo conceptos.
También rindió a plena satisfacción Touré, que jugó al primer toque sin pérdidas, se incorporó al ataque aunque sin demasiado atrevimiento y no fue responsable de ninguno de los dos goles, transiciones del Celtic en las que no tuvo tiempo de corregir ni marcar. En cada balón frontal fue un muro, dio solidez y corroboró la impresión de ser un gran fichaje, adaptándose al puesto.
Deco, aunque con momentos buenos, no jugó uno de sus partidos más brillantes, quizá porque para variar no era el único que presionaba tras pérdida. No gustó la ingenuidad con la que se ganó una amarilla y, como Ronaldinho, dio la imagen de que necesita un gran partido para recuperar confianza.
Puyol subió con criterio y acierto, aunque mostró lagunas en la línea de cuatro y fallos de colocación. Márquez insistió en sus excesos de confianza, pero fue fundamental en el centro de la zaga: Puyol y Milito hubiesen naufragado hoy como pareja de centrales en Glasgow. El argentino acusó el 'efecto Champions', y demostró que los delanteros en Europa no son de la misma pasta que en la limitada Liga española. Sufrirá contra delanteros que sepan utilizar su cuerpo, y por eso la compañía de Márquez puede ser fundamental.
El momento de Frank
Dijimos que Rijkaard movía ficha, y el equipo volvió a presentar en muchos momentos un 1-4-1-4-1. Ronaldinho respetó los principios defensivos, Henry siguió trabajando y Messi mejoró su juego, no por los dos goles sino por sus decisiones en cualquier zona del campo, más acertadas que de costumbre. Trabajó sin la pelota y por eso la presión en primera línea resulto efectiva. Recordó, él también, al de sus mejores tiempos, al de su primer año de crack, cuando corría tanto en defensa como su 'adversario' Giuly.
En el tramo final entró Eto'o, al que la Copa de África puede haber venido bien. Alejarse de las preguntas de los periodistas, de las dudas sobre su físico, y disputar unos cuantos partidos en pocos días le han hecho regresar rápido y hambriento. Si él y sus tres compañeros de arriba vuelven a jugar como cracks, Bojan y Giovanni pueden dar un paso al lado y aprender desde el banquillo. Esta temporada ya han cumplido, porque no son canteranos ni promesas: son niños. Dieron la talla estos meses y ahora es el momento de que otros pasen al frente. También es el momento de Rijkaard, porque sólo hay sitio para tres y debe fuerte y saber exprimirlos. Una salida nocturna, un entrenamiento a menor intensidad un mal gesto, deben condenar al banquillo. Hoy, por primera vez al mismo tiempo, los 'Cuatro Fantásticos' mostraron los dientes. Afílarselos teniéndolos enchufados es labor del holandés.
Tres goles, tres argumentos
Que nadie cante victoria: la ausencia de Scott Brown lastró todavía más a un equipo que, siendo bueno, no está en la primera línea europea. Que Strachan repitiera el planteamiento que mostró el Rangers frente al Barça tampoco fue acertado, porque los azulgrana estuvieron hoy mucho más rápidos que en la primera fase, cuando era incapaz de marcar.
Hoy hizo tres goles por tres argumentos básicos: velocidad de balón, transición ataque-defensa y recorrido de la pelota en uno o dos toques, nunca planos sino en picos.
No todo fue perfecto, y hubo fallos de atención. Ganando a falta de once minutos es injustificable que Touré y Messi no vieran una amarilla: con un rival limitado como visitante y una plantilla al completo, deberían haber forzado la suspensión y llegar limpios a cuartos. Indigna escuchar decir a Messi que no sabía que cargaba con una tarjeta, porque debería saberlo y, sobre todo, deberían recordárselo los tipos que, vestidos con traje, se sientan en el banquillo.
La victoria no significa todavía nada, pero debe convencer al equipo de que la Liga es posible. A diferencia de Madrid o Milan, el Barça no es capaz de ganar la Champions olvidándose de la Liga, sino que necesita del trabajo cotidiano para afrontar ambos frentes. Este partido hace creer que puede ser rival del Madrid, sobre todo porque llega al momento clave de la temporada con toda la plantilla disponible y síntomas de superación, mientras los blancos están muy tocados por las lesiones y tienen una vuelta difícil contra la Roma. A dos meses y medio de la línea de llegada, la carrera entre Madrid y Barça vuelve a ser apasionante.