La liga parecía sellada, y el Madrid tenía margen para permitirse el lujo de darle prioridad a la Champions cuando ésta volviera. Todo le daba como vencedor final, aún a sabiendas de que
en deporte nunca se puede cantar victoria, pero es que la comparación resultada rotunda:
fortaleza contra depresión,
pegada contra tedio. Los blancos castigaban cualquier debilidad, cualquier mínimo problema era un gigante para el Barcelona.
Se hablaba del momento idóneo del paseíllo; Raúl y Guti un año antes prescindibles, eran vitalicios, Calderón no conocía equipo que pudiera derrotar a los suyos, volvía a cantar victoria antes de tiempo hablando de la décima en un ejercicio de torpeza superior y entre medias, el equipo combinaba magia -jugando a una velocidad de vértigo atacando todos los límites verticales - con milagro, amparado en Casillas y el detalle de cualquiera que pasara por ahí. A nivel táctico, el Madrid ofrecía poco más que la exhibición de pizarra del Camp Nou, pero esas limitaciones no le penalizaban sino que validaban la afirmación de que la pegada surgía de lo imprevisible.
Se buscaban argumentos para buscar vida a la competición, y sólo encontrábamos la gráfica de rendimiento físico coincidente en Schuster y Walter Di Salvo como único punto débil. Ambos van por libre, a Bernardo le obligaron a renunciar a la preparación física por contrato, algo sin jurisprudencia conocida en fútbol. sin una estrecha y dependiente relación de trabajo que debería dar como resultado un Madrid más perfecto. Las conclusiones a las que llega Walter no tienen correlación con las alineaciones de Bernd, y la caza de brujas ya ha empezado.
Queiroz tenía una plantilla corta, Schuster ha hecho la suya pequeña. "Gurú" Di Salvo ha tirado de una planificación de cargas e intensidades similares, y ese Madrid que entró en barrena en marzo de 2003 parece ser el mismo de febrero de 2008, o aquellos 'noviembres negros' del Barça de Van Gaal.
La primera derrota en el Bernabéu deja un agujero negro. Lo preocupante no es perder, sino la sensación física y mental del equipo y la comparativa con el adversario. El Getafe llegaba tan roto como el Madrid: muchas bajas, batalla en UEFA e inferioridad física con los blancos. Durante los últimos veinte minutos vimos un 'Geta' fundido, con puntas corriendo como boxeadores extenuados, sin posibilidad de hacer un pique, y medios que buscaban quitarse la pelota de encima saturados de lactato. Con semejante escenario la remontada del Madrid debería haber sido coser y cantar, pero la realidad nos mostró fatiga, ausencia de cambio de ritmo y un intercambio de imprecisiones que hace prever dos meses y medio de sufrimiento para ambos equipos.
Si miramos a Madrid y Geta y comparamos la última media hora de su partido con el duelo entre Chelsea y Tottenham en la final de la Carling, diríamos que los que estaban jugando la prórroga extenuados eran los del Bernabéu, lo que es preocupante.
El Madrid de Queiroz fue un Dr. Jekyll y Mr. Hyde, excepcional en la primera vuelta y esperpéntico en el último tercio. La cuesta abajo de aquel equipo no tuvo fin, y medidas como una concentración en La Manga eran estériles. Cada fecha era evidencia de que el equipo estaba destrozado. Nueve puntos de los últimos treinta, ese fue el saldo final de la era Queiroz. Este Madrid ha empezado a quebrarse tres semanas antes que el de Queiroz, y la imagen de hoy es síntoma de que suenan las alarmas. Di Salvo planifica, analiza parámetros e indicadores de los jugadores pero Schuster lanza la moneda y tienta a la suerte de manera constante. Robben juega su tercer partido en ocho días, recién salido de lesión y con dos viajes por el medio, y Heinze sigue por el mismo camino con dos choques en cinco días. El diagnóstico de Di Salvo dice que estos jugadores, de porcelana, serán vitales para marcar las diferencias y alcanzar los títulos, pero Schuster sigue empleándolos.
Cannavaro está también en el límite, hoy pasa revisión con Guti porque acabó tocado, quizás una contractura, y la ausencia de rotaciones con Van Nistelrooy y Raúl deja al ataque sin esa frescura necesaria para marcar la diferencia. La junta apunta a Schuster, no gustan sus modos, pero también a Di Salvo que será el primero en caer dejando al 'entre algodones' Madrid TEC sin patrón, quizás en junio el primer equipo tampoco tenga comandante. A día de hoy, el protector de Di Salvo, no es otro que Pedja, que lo fichó y Schuster que es listo y quiere un escudo para que su cabeza no quede sin red. Lanzo una pregunta al aire, cada uno que la conteste como quiera: ¿Qué indicadores son los adecuados para calificar a un preparador físico como el mejor del mundo?
Para finalizar, un jugador que puede ser el síntoma de dos temporadas coincidentes: Guti. Nunca jugó tanto y tuvo tanto rol de titular como en el Madrid de Queiroz como en el de Schuster y ya entonces, en el último tercio, su fútbol era víctima de la extenuación. La memoria neuromuscular es algo real en el Madrid TEC y Guti, por su físico, puede ser determinante entrando y saliendo del equipo, pero ser la referencia única le deja vacío.
Derrota en casa, cambio de escenario y un Madrid que tendrá que ir con todo a Huelva, sin reservar nada para la vuelta contra la Roma. Exigencia máxima, un equipo castigado por las lesiones musculares y la necesidad de alinear a jugadores con una fátiga física al borde de lesión. Pepe y Robinho empiezan a ser una urgencia y la vuelta de Diarra como efecto corrector se antoja la primera medida de Schuster para afrontar el choque contra el Recreativo.
Las opciones del Barça para ganar la liga pasaban por tres principios fundamentales y el primero era volver a ser sinónimo de velocidad, profundidad y mentalidad. Ese era el principio del sueño culé, pero faltaban otras dos condiciones: una derrota inesperada del Madrid en el Bernabéu y, por último, ganar en ese mismo estadio en la antepenúltima jornada, recuperando el factor average. Y un cuarto factor intangible, inexplicable, mágico: Van Nistelrooy tirándola al palo, Xavi goleador, el despiste azulgrana ante el Betis dándole al Madrid el liderato el año pasado y el festejo madridista alrededor para acercarle la Liga al Barça.
Hay Liga, pero mucho por vender: el Barça entra en ciclo corto, y eso castiga. Miércoles contra Valencia, sábado contra Atlético y martes contra Celtic, sin posibilidad de recuperación fisiológica. El nivel en la rotación dirá si el Barça puede atreverse con el desafío Rijkaard: "no perder hasta final de temporada", y tras un año y medio de crisis puede revivir el milagro de Capello ganando una insospechada triple corona. El Barça ha mejorado en velocidad, hay primer toque y Henry/ Eto'o siempre piden al espacio. Ronaldinho se implica en la recuperación y Messi parece dispuesto a pulir sus defectos, pero el Barça debe demostrar que la velocidad, la profundidad y la mentalidad ha vuelto contra equipos de jerarquía, contra esos a los que los de Rijkaard no ganan desde 2006.
Se presenta un final trepidante, lo que beneficia a los apasionados del deporte rey. Como dijo Kevin Keegan, ‘lo más difícil es encontrar algo para reemplazar al fútbol, porque no hay nada'.