
Ayer analizábamos el juego de ataque del Manchester.
El objetivo para hoy es dominar lo que el Manchester hace cuando no tiene la pelota. La esperanza azulgrana arranca de un equipo que siempre concede al adversario su oportunidad. En momentos de esplendor esa oportunidad ha sido una minucia porque
el United, cuando se siente fuerte, te mata. Todos recordarán aquella remontada mágica contra la Juventus en Delle Alpi cuando lo tenía todo en contra. Por el contrario, esa oportunidad ha sido un clavo ardiendo para otros equipos como el Madrid para pasar ronda contra pronóstico.
El primer objetivo tras pérdida es el pressing al poseedor del balón. Se busca retardar el ataque para dar tiempo a meter muchos jugadores por detrás de la línea del balón. Hasta diez jugadores sitúa Ferguson en repliegue, dispuestos en un 1-4-1-4-1. Dos líneas de cuatro muy juntas, cerca de Van der Sar, para evitar espacios a la espalda y dejar metros por delante para exprimir la mejor cualidad del United, los contraataques de largo recorrido.
Defienden todos menos uno que por momentos se desengancha, Wayne Rooney. No lo hace por comodidad sino para dar salida al equipo cuando este recupera. Se cae a banda contraria de donde se juega, bien pegado a la cal y ahí espera que sus compañeros recuperen para ser letal. Todos le buscan como primera opción, la más vertical. Como segunda se ofrece Scholes, nunca buscan a Cristiano Ronaldo y Giggs ya que estos están metidos en la línea de cuatro en bandas y su misión es salir como flechas para ser los que culminen una contra letal.
Antes de que Rooney se desentienda, pasan cosas. Es la punta de lanza. Mientras que el adversario no supere la línea de cuatro, Rooney permanecerá centrado, presionando y ante cada balón atrás saldrá despavorido a presionar. Eso permite adelantar líneas al United y convertir un repliegue en una presión arriba. Para ser campeón hay que dominar todos los registros y el United, sin duda, los domina.
Cualquier obra de arte es imperfecta y Ferguson cojea del mismo pie que Cruyff y la escuela holandesa. Cuando tienen balón se sienten cómodos y, como quien no quiere la cosa, van metiendo jugadores por delante del balón. Ahí está el partido y la eliminatoria. Rikjaard debe aplicar la misma receta que le aplicó Mourinho en aquella primera media hora letal de Stanford Bridge. Cuando tiene el balón, el Manchester queda con defensa de dos... ¿recuerdan a Belleti y Gio subiendo al ataque, defensa de dos centrales, Gudhjonsen recupera a Xavi, y cómo salen Duff, Kezman, Guddy y Lampard para atacar a Puyol y Oleguer?
La víctima debe ser Scholes. Si recibe Hargraves, Park o Anderson en la medular, el equipo se protege. No son garantía de conservar la posesión pero Scholes sí que lo es. Cuando la tiene, los laterales anticipan y se suman a posiciones de ataque. Es el ‘rejista' de Old Trafford. Recuperar el balón a Scholes. Ahogarlo tiene doble lectura: si no juega, el Manchester no tiene ataque a nivel colectivo. Si recuperas, es ocasión de gol segura.
Si no recuperas en primera instancia, el objetivo debe ser replegar y ser fuerte en la frontal. El Manchester deja mucho espacio entre la defensa y la media, una laguna enorme, fruto de la tendencia Carrick para ir al ataque. Es un interior en el 1-4-3-3, enjaulado en la posición de mediocentro. Si el Manchester elabora, Carrick avanza y deja un espacio libre que debe ser aprovechado por el Barça para iniciar el contraataque. Ahí debe aparecer Messi o Iniesta, si juega arriba, para ser el primer pase tras recuperación.
El Manchester es débil tras pérdida, pero siempre bajo la premisa de que en cuatro toques tienes que finalizar. No dar tiempo al repliegue es un arma letal que se traduce en desconfianza, algo que lastra al equipo de Ferguson. Si sienten la presión de que una pérdida es ocasión de gol del adversario, su juego de ataque no es brillante, tiran de individualidad, ya no buscan la superioridad en el toque y suelen quedar entre dos aguas que les conduce a que su única baza sea el ‘Apache' Tévez y Nani para cambiar los partidos trabados.
El Manchester te devora cuando toca y toca, cuando pierde y recupera al instante, cuando acosa y no tienes argumentos para salir de tu campo. Se vuelven el mejor equipo del mundo porque les gusta tanto la sensación de aplastar, de ganar con su estilo, que no regalan ni un minuto. Nunca tendrán ganas de que acabe porque Ferguson no busca ganar sino una victoria siendo un rodillo. Le pasó a la Roma la temporada pasada, al Liverpool de Benítez en esta; tocaban, jugaban, presionaban y la sensación era de iban contrarreloj. Sacaban rápido de banda, presionaban como si el marcador estuviera por decidir, no había pausa y los jugadores que salieron del banquillo lo hicieron para resolver cuando en realidad estaba todo el pescado vendido. Les hubiese encantado seguir jugando un extra time.
Una imperfección de Ferguson es la basculación. No le presta tanta atención como Mourinho o Benítez, porque para reinar en las Islas no lo necesita si es capaz de jugar a ritmo de vértigo en ataque. West Brown se olvida de su línea, se queda dormido por detrás habilitando o en tierra de nadie por delante. Ferdinand es contundente, una fiera en la disputa pero olvidadizo cuando se trata de pensar en lugar de pelear. Vidic es vital y decisivo, criterio y colocación; sin él, las opciones del Manchester de pasar ronda bajan como la bolsa en el crack del 29. El ex monegasco Evra por izquierda y Silvestre en el pasado, fuerza física sin control. Tienen el mismo problema que Sergio Ramos, pierden el sitio por exceso de recorrido. El quinto elemento es O`Shea, el apagafuegos que sirve igual para un roto que para un descosido. Será vital si ocurre lo esperado. Vidic vuelve tras un mes de lesión muscular, error imperdonable de Sir Alex que le hace jugar contra el Blackburn Rovers los 90', esperándole tres partidos en seis días con posibilidad de prórroga. Ferguson le necesita en los tres. Si no vuelve a romperse es una bestia de la naturaleza.
En Europa, un despiste en la basculación es un agujero y por ahí se te van las opciones de ser campeón. De otra manera, tanto Barça como Manchester, con los jugadores que han tenido en las dos últimas décadas, deberían haber sido campeones en más ocasiones porque recuerden que cuando estos dos han ganado lo han hecho sufriendo hasta el último suspiro o de milagro como en el caso del Manchester cuando tenían equipo y prestaciones para ganar con más suficiencia.
Si quieres tener opciones contra el Manchester debe sentirse incómodo en el terreno de juego; por eso esto pasa por preparar el partido en función del rival. Puedes salir a jugar tu fútbol; si lo impones, el adversario sufrirá pero seguirá vivo. Si lo que quieres es fulminarlo debes imponer tu estilo y cuando no tengas el balón tener preparado un plan estratégico para que el adversario siente que sabes lo que va a hacer con antelación.
Mañana, publicaremos ‘La trampa'
Primera aproximación al Manchester - Barça en el Tirachinas
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