Artículo de Adrian Leverkühn (Firma invitada Futbolitis)
"La labor de un entrenador no es sólo elegir once jugadores, con lo que muchas veces se queda la gente, sino hacer que todos rindan a su nivel, escondiendo las carencias y potenciando virtudes."
Futbolitis, 1-12-2007
Muchos son los que miran al terreno de juego como una simple extensión espacial estructurada por círculos y líneas sobre la que corren y entrelazan jugadas un puñado de deportistas. Sin embargo, el campo de fútbol no es un mero soporte, ni siquiera un recipiente en el que ocurran cosas; el campo es una retícula de rendimientos gobernada por sus propias leyes, leyes que constantemente escapan a la lógica sumatoria y lineal que maneja el periodismo deportivo. No nos proponemos aquí nada parecido a una explicitación exhaustiva de esas leyes, tarea que desbordaría por completo nuestras posibilidades.
Lo que intentaremos, más bien, es poner de relieve algunas de las dinámicas y relaciones propias del así llamado "terreno de juego" y cómo es posible pensar lo que allí ocurre sin renunciar a ningún rigor. Acceder a la maya subterránea de relaciones: eso es ya pensar el fútbol.
Amistades de campo
La "Naranja Mecánica", el "Dream Team", los "Intocables de Wenger"... En los deportes de equipo todo el mundo parece buscar la receta perfecta y el equipo equilibrado, pero las dosis exactas son custodiadas con celo por sus descubridores. La relojería futbolística nos recuerda en ocasiones a la alquimia: cada entrenador trata de encontrar su propia manera de convertir el bronce en oro, y la recetas se reinventan sin cesar. La regla básica a la hora de construir una máquina de fútbol es tener muy en cuenta cómo funcionan las "amistades de campo": jugadores entre los que las diferencias que se afirman mutuamente, se componen y potencian entre sí, y donde el todo es mucho más que la suma de las partes. Pirlo-Gattuso, Daniel Alves-Kanouté, Raúl-Morientes: ejemplos recientes de amigos de campo, sociedades simbióticas que brotan continuamente sin que nadie pueda ser capaz de preverlas al 100% (¿cuántos han fracasado en el intento de injertarlas por la fuerza?).
Hay casos excepcionales de individuos que consiguen crear nexos de amistad con muchos jugadores a la vez a costa de hacer siempre de centro de gravedad (Riquelme, modelo del sistema solar; Ronaldinho 2004, modelo del átomo y sus partículas girando a toda velocidad), e incluso especialistas en asociarse con los cracks y hacerlos entrar a formar parte de una máquina (Larsson, Koller: aglutinadores de amistad, claves de bóveda).
El reto para cualquier entrenador es crear un equipo atravesado por relaciones de amistad futbolística: la República Checa de Karen Brückner, el Sevilla de Juande, el Barça 04/05, el EuroTenerife... Un equipo de este tipo recibirá el nombre de "máquina perfecta", pero como ya podemos intuir, no basta con aplicarle ese calificativo; habrá que ver ante qué clase de máquina nos encontramos, a qué modelo responde y qué tipo de amistades pone en juego. Hemos hecho referencia a Larsson y Koller, pero podemos ir más allá y dividir a los jugadores en "protectores" o "nómadas" según su tendencia a guardar las proporciones de la máquina y cuidar las amistades (Martí, Bakero, Galasek, modelo del capitán-guardián) o, por el contrario, a desmembrar la máquina a la vez que causan gran daño al rival con sus fugas (Anelka, Rivaldo, el Ronaldinho actual).
Finalmente, hay un tipo de jugador que participa de ambas tendencias, el jugador más valioso de todos, el que conoce y protege las dinámicas de la maquinaria pero a la vez se convierte en línea de fuga, en elemento libre capaz de generar lo impredecible: Nedved, Camoranesi, Luis Enrique,jugadores "de manada", jugadores-lobo que parecen jugar a la vez en equipo y en solitario, como si hubiera en ellos una doble tendencia. Buscad a estos jugadores como al oro, pues hasta la máquina más perfecta necesita un espacio para lo excepcional e impredecible.
En fútbol, el balón nos indica dónde hay que mirar: no a los jugadores sino al "entre" jugadores; no al punto sino a la línea-trayectoria. Un jugador en el campo no es un cuerpo, sino un conjunto de combinaciones; no es un punto en el mapa, sino un cruce de líneas atravesadas. La composición de una máquina de fútbol supone tener todo esto muy presente: el álbum de cromos y la foto de plantilla son la imagen invertida de cuanto queremos ilustrar. Ningún videojuego llegará a recoger el grado de anexactitud del fútbol mientras siga girando en torno a sumas de rendimientos individuales y no atienda a estas dinámicas subterráneas y relacionales. El fútbol no es una suma de individuos, sino una multiplicidad variable, y así debe ser visualizado en la preparación de un partido. Mourinho no llegó a ser lo que es preparando descripciones individuales del equipo rival: sus análisis son auténticos mapas de guerra propios de una inteligencia aguda que mira al porvenir. Pero dejemos este breve inciso para continuar.
Enemigos de campo y entrenador-compositor
Naturalmente, la cosa no se agota en los amigos de campo. También hay enemigos de campo: jugadores que se anulan mutuamente, que forman sociedades defectuosas y componendas nocivas. Enemigos de campo en este sentido son Iniesta y Xavi jugando alineados (alienados) en el centro. También Xavi-Cesc, Gilardino-Inzaghi, Ronaldinho-Kaká. Un ejemplo de equipo enemistado fue Brasil en el mundial 2006. Pero hay modulaciones de la máquina que convierten enemigos en amigos: saber modular de este modo las relaciones es tener verdadera maestría. Wenger ha demostrado tenerla con la sociedad Hleb-Rosicky; Basile ha conseguido juntar a Riquelme-Verón; el primer Rijkaard lo hizo con Ronaldinho-Deco. Estos casos muestran que nada está dado de antemano; siempre hay formas de escapar al destino en el campo de juego. Entrenadores: experimentad.
Muchos se han preguntado por el éxito de Monchi en la caza de jugadores. Para nosotros no es ningún secreto: diremos que el buen ojeador es el que sabe ver amistades y enemistades posibles de un jugador aunque aún no se hayan dado de hecho. Kanouté era un segundo delantero acostumbrado a jugar a la contra y alejarse mucho del área; Keita era una antigua promesa mundial a la que muchos daban por perdida en las jornadas dominicales del fútbol francés. Pero un jugador siempre es más y menos de lo que hace en el campo cada domingo.
Hay un campo de fútbol abstracto que no se actualiza cada domingo: el buen ojeador, como el buen entrenador, los ven ambos superpuestos, pero el campo del domingo nunca hace venir del todo al campo abstracto. La pregunta que debemos hacerle a nuestro equipo de ojeadores es ésta: ¿seréis capaces de ver en cada campo actual ese otro campo potencial? ¿Seréis capaces de mirar al porvenir, a lo que todavía no está presente pero ya se adivina? Las ligas brasileñas son una mina para oídos finos (Senna, Mauro Silva, Baptista). Quien tenga oídos, oiga. Y Monchi ciertamente los tiene.
Anular al rival: romper su armonía.
Un equipo siempre está volcado a dos caras: ataque y defensa, acción-reacción. Y hay dos tentaciones o dos formas de hundimiento: por una parte, volverse una máquina de ataque total (el Tenerife acabó hundiéndose; el océano se tragó a la isla del buen fútbol); por otra, volverse una máquina de destrucción total (Capello ha coqueteado con este modelo, muy italiano por otra parte). Lo ideal es que ataque y defensa no se desconecten: cuanto más lo hagan, más cerca del hundimiento estaremos. Se trata de formar una zona de indiscernibilidad en la que los dos contrarios se entremezclen ("acción-reacción", le decía Rijkaard a Ronaldinho siguiendo una máxima de Futbolitis) y en la que atacar sea algo más que atacar y defender algo más que defender. El jugador debe sentir que la defensa es la continuación del ataque, y no su contrario, y viceversa. Sergio Ramos, Jaap Stam, Rio Ferdinand, Roberto Carlos o Pepe Reina, pero también Eto'o, Inzaghi, Kanouté son, entre otros, los que mejor han entendido esto, y cada uno lo ha puesto en práctica en función de sus posibilidades.
Alguien dirá que un jugador no es capaz de estar pensando en todo esto y a la vez jugar. No decimos que eso sea lo que ocurra; estas dinámicas no tienen por qué ser conscientes ni haber sido asimiladas por completo; más bien gobiernan el terreno de juego imponiendo su lógica aunque los jugadores no lo sepan, o precisamente por ello. El fútbol tiene su propio inconsciente, pero es muy distinto al que nos intentan describir los psicoanalistas: no tiene nada que ver con papá, mamá, Edipo y demás, sino con un campo de juego abstracto en el que se van realizando "tiradas" (jugadas, partidos), pero donde ninguna tirada actualiza todo el campo abstracto ni abole el azar: podemos adivinar tendencias, mirar con agudeza y diseñar tácticas complejas, pero nadie, ni siquiera Dios (suponiendo que el fútbol tuviera su dios) puede saber con exactitud qué va a pasar esta noche. Esto no quiere decir, por supuesto, que todos los análisis valgan lo mismo. Cualquiera que lea Futbolitis sabe bien que no es así.
Auge y decadencia de la máquina futbolística
Finalmente, diremos que es preferible una máquina futbolística en formación que en descomposición, pues aunque la segunda tenga más activos que la primera, la ventaja de una máquina en construcción es que siempre tiene a su favor la ilusión y la alegría de ánimo que surge con el descubrimiento de nuevas amistades y formas de composición entre jugadores (Villarreal y el "efecto Pires": la alegría de jugar sin un Dios único y monopolista -Riquelme-). Una máquina que se descompone, aunque todavía cuente con más automatismos y recursos, se contagia de tristeza por ver que no es capaz de inventar nuevas formas de jugar. El Madrid galáctico era mejor que el de Capello, pero éste contaba con la ventaja de estar formando un nuevo orden desde el caos, mientras que el otro venía de una máquina muy ajustada que se descomponía (la era Queiroz como descomposición paulatina; Beckham como el enemigo de la máquina blanca: no supo hacerse amigo de nadie y, por el contrario, perdieron al amigo de todos -Makelele-). Lo cierto es que también se puede combatir la tendencia a la decadencia de todo sistema (entropía futbolística) introduciendo un espacio de creación, un espacio de descomposición controlada: las variaciones de Cruyff, que nunca se sabía bien si reforzaban al equipo introduciendo lo impredecible como fuerza activa o lo debilitaban acelerando la disolución. En todo caso, el Barça de Cruyff fue especialista en la producción de jugadores modulares y flexibles (Óscar, Roger, Celades, Amor) capaces de soportar el peso de estas variaciones rutinarias.
Hay todavía un libro por escribir sobre tipologías de entrenadores y máquinas futbolísticas que valore estas tendencias a una organización férrea que acaba matando por previsibilidad -Rijkaard- o, por el contrario, a una descomposición constante que puede acabar -como le pasó a Cruyff- matando por experimentación excesiva. Pero en la lógica anexacta del terreno de juego nada coincide exactamente, y además todo se combina, o pasa de un lado al otro sin cesar. ¿Seréis capaces de componer una máquina futbolística con la precisión suficiente como para marcar una época? ¿Cederéis ante los peligros que os esperan? Nuestro consejo es éste: haced la línea, no el punto. Sed rápidos, incluso sin moveros. Línea de suerte, línea de lobo, línea de fuga. Haced mapas y no fotos ni dibujos. Experimentad.
Célebres máquinas futbolísticas de nuestro tiempo:
Cech; Jiranek, Ujfalusi, Bolf, Jankulovski; Galasek; Poborsky, Rosicky, Nedved; Koller, Baros
ENT: Karel Bruckner
Abbondanzieri; Burdisso, Ayala, Heinze, Sorín; Mascherano, Cambiasso, Riquelme, Maxi Rodríguez; Saviola, Crespo
ENT: Pekerman
Víctor Valdés; Belletti, Oleguer, Puyol, Van Bronckhorst; Márquez, Xavi, Deco; Giuly, Eto'o, Ronaldinho
ENT: Rijkaard
Casillas; Míchel Salgado, Hierro, Iván Helguera, Roberto Carlos; Makelele, Flávio, Figo, Zidane; Raúl, Ronaldo
ENT: Del Bosque
Dida; Cafú, Stam, Nesta, Maldini;Pirlo, Gattuso, Seedorf, Kaká; Shevchenko, Crespo
ENT: Ancelotti
Cech; Paulo Ferreira, Ricardo Carvalho, Terry, Gallas; Makelele, Lampard, Gudjohnsen; Duff, Drogba, Robben
ENT: Mourinho
Palop; Daniel Alves, Javi Navarro, Escudé, Puerta; Poulsen, Renato, Jesús Navas, Adriano; Kanouté, Luis Fabiano
ENT: Juande
Viera; Javi Venta, Gonzalo, Quique Álvarez, Arruabarrena; Josico, Senna, Riquelme, Sorín; José Mari, Forlán
ENT: Pellegrini
Molina; Scaloni, Naybet, Jorge Andrade, Romero; Mauro Silva, Sergio; Víctor, Valerón, Luque; Makaay
ENT: Irureta
Ojeda; Julio Llorente, César Gómez, Antonio Mata, Alexis; Jokanovic, Chano, Robaina, Felipe; Juanele, Pizzi
ENT: Heynckes
Cañizares; Curro Torres, Ayala, Pellegrino, Carboni; Albelda, Baraja; Rufete, Aimar, Vicente; Mista
ENT: Benítez
Máquinas fallidas de nuestro tiempo:
Peruzzi; Stam, Nesta, Mihajlovic, Favalli; Simeone, Mendieta, Poborsky, Stankovic; Claudio López, Crespo
ENT: Zaccheroni
Casillas; Puyol, Iván Helguera, Marchena, Raúl Bravo; Albelda, Baraja, Etxeberría, Vicente; Raúl, Fernando Torres
ENT: Iñaki Sáez
Toldo; J.Zanetti, Cannavaro, Materazzi, Córdoba; C.Zanetti, Emre, van der Meyde, Kily González; Martins, Vieri
ENT: Héctor Cúper