Una vez más, el orgullo y el carácter ganador de una entidad han marcado la diferencia. Sin alardes pero con sacrificio. Un equipo en busca del triunfo sin importarle en demasía todo aquello que le alejaba de la competición. Se puede decir que este Madrid ha vivido por y para la liga; su papel en la Champions ha sido de los peores que se recuerdan y era curioso observar las dos tendencias antagónicas. Un Barça distraído en liga y concentrado en Europa contra un Madrid que dosificaba en Europa para rendir en la Liga. Hasta febrero sólo existió la competición doméstica. Llegaron al Olímpico de Roma con la liga sentenciada y todo por jugar en Europa, donde había caminado sin más pena que gloria.
Marca Raúl. Los octavos parecen coser y cantar, pero llegado a ese punto, todo empieza a cambiar en la nave madridista. Robben llega y llega pero no marca, las ocasiones se suceden pero la Roma iguala,..., la historia la conocen, el Madrid juega el partido de vuelta con un equipo de circunstancias y lejos de la mejor forma física. Eliminados, el desgaste comienza a pasar factura en liga. Schuster anuncia que en Abril caerá el diluvio universal, vendrán malos tiempos con la planificación Di Salvo en tela de juicio.
El equipo se hunde. Chilena de Ronaldinho y el Barça por encima. El título empieza a escaparse, un espejismo que se diluye en una abrir y cerrar de ojos. El Madrid gana en Huelva. Triunfo vital para mantenerse en el liderato en una jornada que pasado el tiempo nos deja el último gran gol de Ronaldinho como jugador del Barça y el adiós azulgrana a la liga en la que sólo queda saludar al campeón.
El Madrid resistía el primer y único asalto. Había conseguido marcar la diferencia en la primera vuelta, ganar en el Camp Nou y dar un latigazo psicológico para hundir más a un rival que seguía con complejos y traumas. Así lo demuestran Eto'o y Deco, borrándose para el Bernabeú, en un partido en el que lo más que puede ocurrir es que les silben y canten el ‘campeones' enlazado con ‘olès' tras cada acción combinativa merengue.
La grandeza blanca ha sido hacerse fuertes en la debilidad. El equipo se hundía en lo físico, en lo táctico empezaban las dudas y la lesión de Van "the Man" les dejaba con extremos pero sin gol. Lejos de patinar, paso firme para combatir la adversidad. El Bernabéu ya no era una fortaleza sino una posibilidad de triunfo para los rivales. El Geta ganaba a un equipo muerto en los dos últimos tercios, el Valencia hacía sangre cuando venían de jugar un partido de máxima intensidad contra el Barça,... El cielo se oscurecía por momentos, todo iba encaminado a convertir a Schuster en profeta. Tan claro estaba que el nombre de Mourinho volvió a ponerse encima de la mesa.
Llega el último tercio. Se hacían quinielas y, por comparación desde Barcelona, se replicaba a los mismos que desde Madrid auguraron todo victorias blancas en los diez últimos partidos de la liga pasada. Se decía que el Barça no volvería a perder, pero lo cierto es que lo más aproximado es que el Barça no volvería a ganar... La liga en bandeja, pero el mérito blanco fue recomponerse después de la debilidad.
La corriente daba la liga al Madrid pero la mejora ha sido jornada a jornada; en las últimas hemos vuelto a ver a un Madrid sólido y campeón. Si en la primera vuelta Casillas y los palos eran medio equipo, ahora Casillas apenas intervenía. La ausencia de Van Nistelrooy era una anécdota y Schuster manejaba plan A y plan B como cualquier aspirante a gran entrenador. Higuain saliendo desde el banquillo volvía a marcar la diferencia; lejos de ser jugador para el Madrid, los técnicos han sabido sacar el máximo rendimiento de un chico que va a más pero que nunca llegará a indiscutible.
Quedaban pocas fechas para el final, el Madrid caminaba a paso firme, Sneijder se sumaba a la fiesta, el 1-4-3-3 de Schuster como plan A parece venirle de perlas. Jugaba de memoria como en el Ajax y la presencia de Diarra le liberaba del repliegue y le dejaba como obligación defensiva la presión arriba. Jugar cerca de los puntas, entrada de segunda línea y escasa participación en el inicio de la jugada. En el Sardinero resolvió haciendo una superioridad en banda zurda, juego posicional inteligente al estilo Cruyff y rendimiento al servicio del equipo. Todo ello sustentado en Pepe, caro con avaricia, pero contundente y decisivo. Ha sido Kaiser desde la fortaleza, despitado en ocasiones y es que debe aprender que en España cada triunfo hay que sudarlo, aquí no se gana sin bajar del autobús. Limitado con el balón, despitado en lo posicional pero emperador en el uno contra uno. Mete la plancha para robar, dificil de superar sus despistes vienen cuando el rival juega sin balón. Se entretiene mirando la pelota, deja su espalda al destino. Vital, ante tanto entretenimiento con balón, Fabio Cannavaro. Vital ordenando, habla y no para, un ganador que ha superado el virus dolce vita del ganador del Balón de Oro. Virus que ha atacado de manera irreversible a Ronaldinho. Cannavaro ha salido del coma.
Un vestuario lleno de ganadores: el primero Diarra, un futbolista que no acepta el fracaso, y el último Raúl González. Un ganador desde lo individual, madera de campeón y una trayectoria espectacular pero con menos ascendencia sobre sus compañeros que la que se le supone por sus formas y actitudes en el campo. Decir que el ‘7' contagia es de otro tiempo. La soledad de Sergio Ramos,un león indomable compitiendo, delata la falta de influencia de un Raúl al que sus compañeros elogian sin olvidarse de la coletilla de que va a la suya. En el vestuario todos tienen el objetivo competitivo en el punto de mira y todos aceptan el día a día marcado por el adjunto de Schuster, Manolo Ruiz, un tipo arisco, dictatorial pero auténtica fuente de conocimiento de un Bernd Schuster que pasa desapercibido en el día a día.
Schuster ha sido el jefe de un equipo de trabajo y es el primer entrenador en la historia del fútbol español que firma en contrato que ni pincha ni corta en el apartado físico. Consciente de sus limitaciones, Schuster no se ha desgastado en batallas, ha buscado ganar guerras desde el primer momento. Las salidas de tono o la vida poco profesional era correspondida con nevera excepto con uno, Robinho, al que le hizo de padre en octubre siendo comprensivo en la primera salida de tono. La siguiente, la de Londres, le condenó al banquillo.
La estadística nos deja a Guti como el gran perjudicado. Sin la presencia del canterano en el once, el Madrid ha ganado todos y cada uno de los partidos de la competición; cuando ha jugado han llegado las derrotas. Pasan los años y Guti sigue encallado en la irregularidad. La estadística es un detalle en fútbol, pero llegado a la madurez, Guti es el "yin y el yan" blanco. Cuando todo es un agujero negro es la ‘luz' que te lleva al paraíso, cuando todo es gloria parece el primer paso hacia ‘la mediocridad'. Pasan los años y Guti no huye del rol que adquirió con Capello en su primera etapa. Imposible hacer un proyecto sólido en torno a él. Sin duda quedará para los anales de la historia con el mejor ‘desatascador' que haya tenido la entidad blanca.
Toca celebrar. El Madrid ha sido el mejor porque ha sabido competir; un ejemplo para otras entidades que coleccionan cromos como el Barça u otras como el Atlético que están cerca de la Champions sin que su corazón lo desee. Los blancos le han puesto pasión y eso marca diferencias. Los colchoneros juegan cada partido como si fuera uno más, sus jugadores convierten una fiesta en rutina y así cualquier éxito es poco.
Es la gran diferencia, los colchoneros conseguirán el objetivo pero no tendrá nada para recordar salvo una remontada contra el Barça. Los blancos tendrán mucho que recordar de este título porque cuando le pones pasión, dedicación y quieres ganar por encima de todo y de todos, el tiempo hace justicia. En Santander vimos un Madrid holgado para recordar esas victorias fuera de casa. Casillas héroe contra el Athletic parando un penalti para que todos recordaran que había sido decisivo en los tiempos de miseria. Por último, llegó la liga cuando ya se quitaban las vallas en la Cibeles. Nadie podía olvidar que este Madrid tenía raza de campeón y lo mejor para demostrarlo era voltear un partido en un par de minutos. Era el tributo para recordar todo aquello que empezó en el Camp Nou tras el regalo del cuerpo técnico azulgrana sacando una defensa de tres sin carrileros siempre perdedora en el fútbol actual, que hacía que la gran noche de Messi fuera una anécdota. Ese partido cambio la historia...
Es momento de campeones, es momento de una entidad con virtudes y defectos pero con una tradición que se transmite de padres a hijos, una sensación que te inculcan desde pequeño. Cualquier discrepancia es anécdota cuando en juego está el triunfo. Es el arte de la guerra.
R.Madrid, campeón
Messi, objetivo del Chelsea