
Uno de mis trabajos prácticos en el Máster de entrenamiento del alto rendimiento trató sobre la aplicación de la visualización al entrenamiento. Decidí mezclar dos disciplinas en las que tengo conocimientos y titulación, el entrenamiento y la psicología del deporte. Técnica empleada por los deportistas de élite para aumentar la concentración, gestionar el nivel de activación y
producir sensaciones de éxito que aumenten la autoestima disminuyendo el miedo al fracaso. El éxito de la técnica en los deportes individuales la llevé al fútbol, un deporte en el cual se busca la fórmula mágica del éxito pero con un condicionante: menos horas de dedicación que en otras disciplinas.
En el fútbol la visualización no es novedosa. Ronaldinho, en todas las faltas directas cumplía con una rutina que le ayudaba a mejorar la concentración persiguiendo un golpeo de balón mecánico. Coloca el balón para golpearlo por el símbolo de la marca, talona el campo en la zona de apoyo para el golpeo, tres o cuatro pasos para atrás, no recuerdo bien tendría que repasar, pausa y visualización. Es el momento de dibujar como vas a correr hacia la pelota, por donde la vas a golpear y como va a ser su trayectoria. Se busca la profecía autocumplida, que los sueños se hagan realidad. En ese momento, cuando visualizas, sólo estás tú. En el grado de abstracción está el éxito.
Durante mi trabajo de investigación abrí nuevas vías de estudio. No me interesa el futbolista sino el entrenador. En tiempo real de juego un entrenador poco tiene que hacer. Muchos salen cuando van ganando, otros se esconden cuando van perdiendo, unos gritan y motivan pero nadie les escucha, sólo el de la banda más cercana. El ejemplo es Joaquín del Valencia, en la banda del banquillo rinde, en la contraria le entra somnolencia. Otros entrenadores permanecen inmóviles. La visión del juego es tan limitada que alguno opta por irse al palco, como en su día hizo Terry Venables a su llegada a España.
Todo esto es humo. Los entrenadores tienen sus hábitos y se dejan llevar, pero lo más importante de un entrenador es la toma de decisiones. Estar fino es ayudar al equipo, provocar que los jugadores confíen en ti y provocar la sensación de que los partidos se acaban cuando pita el árbitro porque la grada, por muy mal que vaya el partido, siempre tendrá esperanza. Si tomas malas decisiones castigarás al equipo, los jugadores estarán llenos de dudas y confusiones, la grada tendrá miedo a tus cambios o a que hagas lo de siempre. Para ser preciso en la toma de decisiones el entrenador tendrá que visualizar el partido con anterioridad en una y mil circunstancias. Siempre debe jugar el partido antes que los jugadores. Tomar las decisiones en frío para que después la emoción no te lleve al error.
Javier Lozano, un ejemplo.
España - Brasil, en juego el título mundial. Antes de los partidos visualizaba cada partido. Los cambios más adecuados, qué jugadores serían los ideales para cada momento del mismo. Diseñaba con maestría la rotación, quien jugaría una prórroga, en caso de ir por debajo quién jugaría, en caso de ir por arriba cual sería el quinteto. Quedaba poco para el final, España se quedaba con uno menos y Brasil atacaba en superioridad a reloj parado, por lo que ese tiempo era una eternidad. Instintivamente decidió pedir tiempo, cambió de raíz a los tres jugadores de pista, sólo mantuvo al portero. España ganó pero el detalle fue que Lozano había jugado la final mucho antes. No miró ningún papel, no hacía falta; su mecanismo de decisión se basaba en parámetros ya estudiados, no improvisaba sino que seguía al cien por cien sus creencias. La toma de decisiones la había hecho la noche antes en el hotel, a 90 pulsaciones, sin la presión o exaltación por ganar un título.
A día de hoy siempre hago la misma pregunta a los entrenadores, ¿sabes los cambios que vas a hacer antes del partido?. Todos contestan con la negación. Me miran como un bicho raro, después al continuar hablando les empieza a entrar la curiosidad de muchas cosas de las que digo. El otro día Unai Emery tuvo que resolver la sustitución de Baraja que había caído lesionado en la primera mitad. Veinte, treinta segundos para decidir, mil variables y toda la presión está en tu claridad mental. Decidió tomarse más tiempo, Manuel Fernandes y Edu Gaspart a calentar. Dos perfiles diferentes, dos jugadores antagónicos. Mientras ellos corrían la cabeza de Emery procesaba la información. Se decidió por el primero, se tomó tres minutos de juego de tiempo real. Es la otra cara de la moneda, en el mismo caso Lozano lo tendría resuelto en el hotel.
El fracaso de los inventores
Lo más importante para ser entrenador es no inventar. Sólo conozco uno que haya sobrevivido, Johan Cruyff. Tenía facilidad para visualizar perfiles y roles. Era un genio. Nadie podía intuir esas capacidades en el futbolista hasta que llegaba Johan y dejaba a todos atónitos. Eusebio lateral derecho, a Manolo (Atlético de Madrid) como es un crack del desmarque pues le dejamos sólo y no se le marca. Como estas miles, tenían ascendencia, controlaba el entorno, su personalidad estuvo por encima de una institución y eso fue clave para superar miedos escénicos y para que le dejaran hacer todas sus iluminaciones.
Todo aquel que sigue su escuela fracasa porque el éxito de Cruyff era su personalidad y su capacidad para dominar y controlar la mente del futbolista. Siempre dos pasos por delante de cualquier personaje del fútbol porque era capaz poner al jugador en una posición inverosímil y provocar que el equipo necesitara esas cualidades en ese puesto concreto para ganar el partido. Cruyff no ha visualizado nunca, es un creador como ven. Nunca ha necesitado preparar los partidos porque su grandeza estaba en su reacción instantánea. Cuando lo hacía era en el Bernabéu y era para olvidar, Guardiola persiguiendo a Butragueño, Pablo debuta contra el Madrid después de iniciar la liga sin minutos, marcas al hombre atrás...
Poner a los extremos de laterales, a los delanteros de centrales y demás cuentos chinos son inventos que sólo llevan al fracaso. Muchos quieren ser Cruyff pero este es irrepetible. No hay vuelta de hoja, este planteamiento es tan sencillo que el propio Johan no volverá. Su salud no es la adecuada para sentarse en la silla eléctrica pero no vuelve porque visualiza que nunca podría volver a triunfar siendo fiel a sí mismo.
Reinventar al futbolista.
Interior o lateral, mediocentro o central... eso no es reinventar a un futbolista, es adaptarlo a una posición concreta. Para reinventar es necesario cambiarle todos los parámetros de su juego, el recorrido, su rol dentro del equipo y todo ello tiene que coincidir con dos tendencias, por un lado la decadente del jugador y la alcista que tendrá que suponer para el equipo su nuevo rol. Existen muy pocos entrenadores que hayan sido capaces de visualizar cómo poder mejorar el rendimiento del jugador provocando una subida de nivel dentro del equipo.
Un ejemplo muy claro es Fernando Hierro. Antic coge el equipo en decadencia, el Barça era el amo y señor de la liga. En la temporada siguiente, el Madrid era líder destacado con roles diferentes. La reinvención de Hierro, de ser el káiser de la defensa era el mediapunta llegador de segunda línea. Máximo goleador de aquella de la liga, era la principal amenaza ofensiva de los adversarios del Madrid.
Otro caso fue Lothar Matthäus, el gran '10' alemán. Mediapunta con recorrido y gol desde fuera, tuvo años sobresalientes en el Inter y en el Bayern. En el ocaso de su carrera, estaba exprimido tanto física como mentalmente. En sus años de gloria defendía haciendo kilómetros, nunca fue un ejemplo táctico porque el equipo necesitaba que apareciera para marcar la diferencia. Balón de Oro por su juego ofensivo. Se retiró en el Bayern pero no sin que antes Ottmar Hitzfeld lo reinventara para provocar su salida por la puerta grande. En un ejercicio de visualización metió los siguientes condicionantes: liderazgo y ascendencia sobre el grupo, poco recorrido físico, tiempo para pensar y calidad en la toma de decisiones.
Era el ideal para ser el hombre libre en una defensa de cinco. La adaptación no resultó fácil, necesitaba dominar el aspecto táctico. Una vez resuelto este problema, Matthaus un jugador al borde la retirada, se convertía en un pilar fundamental del equipo. Le metieron ocho en dos partidos al Madrid en la segunda fase de grupos de la Champions 99/00. Un mes más tarde tuvo que hacer frente a un contrato firmado con los Metro Stars cuando era un mediapunta que suponía un lastre para el equipo. Era un retiro dorado, firmado cuando ni soñaba que podía volver a ser grande. Lo retardo pero llegó su hora. Se fue y un mes más tarde, el Madrid se volvió a cruzar con el Bayern en las semifinales, ya no estaba Matthaus y era el Madrid el que pasaba a la final de Paris.
Otro jugador que se ha reinventado es Jordi Cruyff. Por recomendación de su padre se va al Metalurg Donetsk, castigado por las lesiones ya no puede jugar arriba. Le han firmado un buen contrato, el club pertenece al responsable de la operación Touré Yayá y habitual jugador de golf con Johan Cruyff. Juega de libre por detrás de la defensa con marca al hombre. Ordena y manda, saca la pelota limpia desde atrás y su fútbol ya no depende de su físico sino de su mente.
Garreth Barry es otro ejemplo. Un jugador joven con velocidad y recorrido para jugar por fuera. O'Neill le sitúa en el doble pivote del Aston Villa. Su cotización aumenta, su rendimiento le da al equipo algo diferente que no tienen otros equipos. Por dentro juegan jugadores más lentos que por fuera, su calidad y fuerza marcan la calidad diferencial. Acostumbrado a un recorrido de 60 metros pasa a jugar en 30 metros, eso hace que nunca entre en fase anaeróbica y que su mecanismo de decisión no se vea penalizado por el ácido láctico. No suele equivocarse con el balón, permanece explosivo los 90'. Benítez lo quiere porque Martín O'Neill le ha dado un rol donde sus cualidades pasan de buenas a excepcionales.
Llegados a este punto les diré que diseñe toda una serie de parámetros de análisis para desarrollar la parcelación de la visualización del cuerpo técnico para reinventar jugadores y perfiles. El primer paso es un entrenador que sea capaz de visualizar y observar rendimiento sin que este deje de ser algo irreal. Todo con unas premisas, para desarrollar mentalmente y obtener tasas de transferencia al terreno competitivo. El fútbol camina, como ven el entrenamiento invisible ha girado. El control alimenticio, los tiempos de recuperación, la sala del sueño... son unos pequeños detalles conocidos por todos. Hoy en día, el entrenamiento invisible ya responde a otros parámetros...
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