Gestión de plantilla
Uno de los secretos de los grandes entrenadores es la gestión de la plantilla. Definir los roles, tener 16 ó 17 jugadores enchufados, tratar a todos igual aunque no vayan ni convocados, son aspectos básicos para que un vestuario piense en competir para conseguir los objetivos del grupo. Están en juego los sentimientos; jugar con ellos conlleva que el vestuario sea un incendio constante. No se trata de mimar al jugador sino de confirmar con decisiones que el entrenador confía en la plantilla. Se trata de reducir al máximo las decisiones personales, evitar llenar la plantilla de intocables indiscutibles porque es el principio del fin del rendimiento ya que la plantilla perderá competitividad interna, algo básico para poder ser un equipo ganador.
El caso Sinama
Tres delanteros, Agüero, Forlan y el Kun Agüero, para dos puestos. Sinama venía de meter goles, su entendimiento con el colectivo iba en aumento, su fútbol eran goles y su velocidad en el desmarque vertical, un argumento para romper la defensa madridista. Competía con un jugador indiscutible pero que arrastra problemas en el abductor y una sobrecarga de partidos que lo pone al filo de la lesión. Venía de Chile donde jugó a pesar de estar muy tocado. Después de un calendario atroz y lo que queda por venir, no hubiera sido descabellado una rotación, al menos de inicio.
El otro punta, Forlan, venía de lesión. Dudas sobre su ritmo de juego ya que volver después de lesión muscular te deja con problemas en los controles y en la toma de decisiones. En los entrenadores hay una norma no escrita que es respetar la fase de readaptación del futbolista. Meterlo a falta de un cuarto de hora cuando el rival ha bajado a nivel físico, es el escenario ideal para volver y recuperar sensaciones sin riesgo a que una sobrecarga provoque una recaída.
Leído esto, el único indiscutible era Sinama. Jugar arriba con el Kun, dejando un cambio a falta de quince o veinte minutos para Forlán, era lo más lógico cuando de gestionar una plantilla se trata. El objetivo de Aguirre debía ser tener a los tres enchufados durante toda la temporada pero ahora Sinama ya sabe que su entrenador no confía en él, por más que le diga. Su fútbol perderá la progresión que llevaba porque la confianza en el deporte es todo y su suplencia no tendrá otro resultante que la inestabilidad.
Planteamiento interior
El equipo era interior, dejar las bandas para 60 metros de recorrido de Pernía y Perea, subiendo ambos al unísono, es inventar sin tener las piezas adecuadas. No estaba el Atlético para modificar patrones o roles, era un partido para los jugadores de banda ya que ahí es donde el Madrid sufre. Lejos de eso buscó el overbooking interior, donde más fuerte es el Madrid. Más jugadores colchoneros, el resultante es aritmético, menos espacio, menos tiempo para pensar y aumento del número de pérdidas porque se pierden las referencias de pase fácil.
La expulsión de Perea es táctica. Un error individual pero después de su amarilla inicial era algo que se veía venir. Fuera de sitio, incómodo con la pelota en los pies, llegaba tarde a la entrada; no hay nada peor que un jugador defensivo desubicado porque todos sus problemas los va a solventar con el tackle y eso es un riesgo que termina dejando al equipo con diez cuando estás fuera de sitio.
Perea subía y no tenía cobertura, miraba para atrás y tenía que volver porque su zona estaba vacía. Cuando el equipo tenía la pelota le pedían que subiera. Un sin sentido que acabó como lo de Oleguer en el 1-3-4-3 del Barça contra el Madrid. Error individual seguro pero provocado por una pizarra desajustada.
Los cambios, una asignatura pendiente
Hablamos de un Aguirre lento en la toma de decisiones. Su cuerpo técnico no le ayuda demasiado cuando su toma de decisiones se contradice ya que el último cambio replica el primero dejando al equipo confuso en cuanto a las intenciones de su entrenador. Un cambio tiene que transmitir intenciones y posicionamientos evitando las dudas y la incredulidad.
En Barcelona la lesión de Maxi no fue aprovechada para solucionar los problemas colchoneros. Aguirre tuvo que recurrir al segundo y tercer cambio para poder intentar ajustar a su equipo. Signo evidente de que el mexicano tarda en detectar cuáles son los males que asolan a su equipo. Tiene muchas virtudes pero el 'vasco' no es un estratega. Sabe jugar a caballo ganador pero cuando su equipo no funciona no sabe mover ficha, cambiar el paso a un partido ni exprimir a sus jugadores cuando el viento no sopla a favor.
Contra el Madrid había que ganarle tiempo al reloj. Estás perdiendo, tu equipo no tiene bandas y tienes que recomponer tras la expulsión de Perea. Sacar a un zurdo como lateral derecho es estrechar más el campo. No supo leer la situación y gastó un cambio innecesario ya que al final tuvo que recomponer y uno de ellos acabó siendo A. López por Perea. Mejor no hacer cambios que perderlos. Para arreglar el dibujo con lo que tenía dentro mejor Heitinga como lateral y Assunçao como central, dejando a Raúl García de mediocentro con Banega y Maniche a sus costados. El dibujo sería 1-4-3-2, el mismo que empleó Aguirre pero mejor resuelto y sin gastar un cambio.
A partir de ahí, tres cambios para cambiar el ritmo. Uno indiscutible, Sinama Pongolle, por velocidad y pegada. Los otros nos llevan a las bandas. Simao dentro y Banega fuera para ganar en bandas y no perder recuperación. Sacrificas el toque pero jugando diez contra diez, los espacios se generan por desajustes y no con la pelota.
Falta de respuesta
Empate in extremis, equipo roto en lo posicional. Quedaba el añadido. El Madrid era un rival directo, perder son cuatro puntos porque estás entregando la llave del adverage. Cabeza fría tras el gol, ajustar la defensa que ya era de dos y un medio campo en el que cada uno hacía lo que podía ya que el cansancio era extremo. Darle órdenes a los jugadores, ajustar dos líneas de cuatro, dejar al Kun arriba, era la mejor manera de no tirar por los suelos un partido en el que había regalado un punto con el que pocos habían soñado. Lento de respuesta, tardío en las reacciones. Dejó que el partido siguiera por un camino que no era bueno para el Atlético a pesar del empate. Era la mejor manera de darle aire al Madrid, dejar todo como estaba. Los blancos apretaron y todo fueron facilidades.