Cuenta la leyenda que nunca en el fútbol español se ha pagado la cláusula de rescisión, una leyenda urbana o una verdad encubierta. La cláusula, abusiva en la gran mayoría de los casos, nace del Real Decreto 1006/82 que regula la relación laboral de los deportistas profesionales y que nos hace diferentes en el negocio del deporte al resto del mercado.
El acuerdo de las partes para la disolución de contrato, famosa cláusula 1006, ha servido para fijar un precio acordado de venta entre club y jugador aunque partiendo de la base que el club siempre adopta una posición de ventaja. Esta posición ha provocado durante años la sospecha de que esa cláusula podría ser declarada nula por cualquier tribunal. La teoría es sencilla, la práctica compleja. La justicia ordinaria suspende la actividad de un deportista que tiene una vida laboral corta, un parón significa la muerte del deportista. La puerta está abierta pero nadie se atreve a cruzarla, el primer crack en dar el paso será el primero en decir adiós a su carrera deportiva. El precio de la libertad suele ser prohibitivo y abusivo. Hace muchos años nació la cláusula de rescisión. El Barça la inventó (Murgui, un cadete de 15 años fue el primero en tenerla) para protegerse de los efectos de un pirateo incipiente que amenazaba con dejarle, entonces y siempre, sin sus mejores jugadores por un precio inferior al de mercado. La idea fue copiada con rapidez y llegó a generalizarse en muchos otros países de Europa y América. En aquellos años, comienzo de la década de los 80, no existía aún el baremo de formación que la FIFA, la UEFA y las federaciones nacionales aplican en la actualidad.
En España, varios años después, con la entrada en vigor del famoso decreto 1006/85, se consolidó el marco legal para que los clubs tuvieran garantizada la continuidad de sus jugadores, salvo que el propio futbolista pagara el precio que se establecía en su cláusula de resolución o, en el caso de jugadores con contrato finalizado o sin licencia profesional, las organizaciones futbolísticas establecieran el importe que debía percibir el club afectado en concepto de derechos de formación.
Un aspecto importante es que quién debe depositar el importe de la cláusula ante la federación o la liga profesional de cada país es el jugador. Y ese es un dato importantísimo, pues pocos poseen patrimonio y dinero en efectivo para hacer frente a unas cláusulas tan impresionantes.
La inmensa mayoría de las veces, la cláusula de resolución ha servido sólo como punto de partida para la negociación. Al final, casi siempre ha habido pacto entre clubes. Os preguntareis a qué viene todo este preámbulo. Pues bien, vamos allá.
Volvamos a la era de la peseta y al caso más conocido, el de Figo. La salida del portugués que fue asumida por el Barça. Gaspart, que en su momento se negó a darle la mano a Florentino, tuvo la llave del candado en su mano pero prefirió otras vías y caminos. Vayamos con la historia, Florentino ambicionaba ser presidente, necesita impacto y credibilidad. Buscó en el mercado a los cracks, pocos confiaban en un aspirante. La Champions era el argumento que daba ganador a Sanz, también las renovaciones de Raúl y Roberto Carlos hacían campaña pro-Sanz. Tras una búsqueda intensa, Florentino encontró debilidad en el representante de Figo. A partir de ahí se diseñó la jugada maestra. Un aviso para navegantes, Florentino está volviendo tras sus pasos. Comprender el pasado, es atisbar el futuro de la entidad blanca.
Iba a salir Sanz, eso pensaban todos; el dinero era regalado por no hacer nada. La contraprestación, en forma de cláusula, era que si el portugués y su agente reculaban con un Florentino ganador debían pagar 5.000 millones de penalización aunque Florentino busca el mensaje mediático diciendo que sería Figo quien pagaría el coste total de los abonos del Madrid por un año, unos 3.300 millones de las antiguas pesetas. En este detalle es donde se empieza a fraguar el calificativo de 'ser superior'. Figo desconocía esta cláusula firmada por Veiga a espaldas de un jugador que creía que el 'ser superior' era él. El objetivo: presionar al Barça y conseguir un aumento salarial.
Nunca pensó ni Figo ni su agente que el capitán del Barça sería más decisivo en el madridismo que las dos Copas de Europa de Lorenzo Sanz. Se vendió como pago de la cláusula pero las reuniones se sucedieron, Gaspart tuvo la llave para evitar la salida de un portugués maniatado por una ambición desmedida e injustificable ya que todo nace de una mentira al club que le paga, 500 millones por alimentar un rumor. Gaspart mueve hilos para liberar a Figo. El portugués no quiere ir al Madrid, la tensión aumenta y es cuando Florentino aprieta. La tensión aumenta y el representante le dice a Figo que si no firma por el Madrid tiene que pagar 5.000 millones. Figo busca a Gaspart, llegan a un acuerdo, el portugués paga la penalización aunque sería el Barça el que de manera encubierta lo pagaría a través de una renovación que igualaba las cifras del Madrid pero que le harían vitalicio en el Barça. Ese diferencial de años servía para sufragar la penalización.
Veiga engañó a Figo, Gaspart optó por el dinero y dejó tirado a un portugués que no se merecía nada. Las comisiones se las llevaron entre tres o cuatro y las cifras resultantes marcaron un antes y un después. El ganador Florentino, el precio a pagar era una presentación en la que Figo estaba desolado.
El montante de la operación es sencillo, 10.000 más IVA, más 500 en comisiones de intermediarios, más 1.000 de la comisión del agente más la prima de 500 del jugador por hacer campaña pro-Florentino. Total, 13.600 millones. A esta cantidad hay que sumar el salario del jugador: eran 1.200 millones netos por cada una de las cinco temporadas que firmó con la entidad blanca. En total, con unas cosas y otras, una operación de 23.000 millones de pesetas, con un cuadro de amortización anual de 4.600 millones, aunque esta es otra ya que Florentino mete el coste de los galácticos en el mismo ciclo contable para reducir las plusvalías de la ciudad deportiva.
Cara
La cláusula la paga el Real Madrid, señal inequívoca de que el Barça estaba de acuerdo con la salida de Figo. El talón debía ser de Luis Felipe Madeira al FC Barcelona con el detalle de pago de cláusula de rescisión. No fue así, Gaspart jugó su papel de víctima. Pudo evitarlo, el Real Madrid era responsable subsidiario, debía pagar el dinero a Figo y este declarar la fiscalidad de la época. Después hacerle un pago al Barça. Todas las partes hicieron fortuna, un traspaso pactado, no podía ser de otra manera. Hacienda somos todos y que Figo pagara la cláusula era un camino por explorar.
Cruz
Otro Felipe, este de Astorga y apellidado Miñambres, gran futbolista, fue el segundo en recorrrer el camino de la cláusula. El primero fue Paco Llorente Gento, del Atlético al Real. En el caso de Felipe, el Sporting no quería pactar ni vender. Al final, 60 millones de cláusula pagados con un talón del jugador al Sporting. El Tenerife le ingresó el dinero, al día siguiente Felipe ingresó los 60 millones más el IVA al Sporting con pago de cláusula como detalle, y hasta el día de hoy, nadie ha dicho que eso fuera un incremento patrimonial ni que Felipe tuviera ningún tipo de problema fiscal.
Caso Zubiaurre
El caso entre el Athletic de Bilbao y la Real Sociedad marcó el inicio de un camino que puede significar el final de las cláusulas de rescisión. Recordemos que el jugador decidió rescindir unilateralmente su contrato con la Real. Consideraba abusivo el dinero a pagar en función de lo que cobraba. Al final se condena a Iban Zubiaurre a pagar 5 millones de euros en lugar de los 33 millones que figuraban en el contrato con un matiz importante: el Athletic es el responsable subsidiario. Un precedente: si la fiscalidad considera al club comprador como responsable subsidiario, podemos empezar a ver como se pagan cláusulas de rescisión.

Cada viernes, en la edición impresa del diario Negocio, Marcos López analiza el fútbol desde un prisma económico. Artículos diferentes, sencillez y profundidad, serán las líneas maestras para descubrir a todos los lectores los caminos más oscuros de la economía del fútbol.