
El Valencia es un equipo en quiebra, un fondo de maniobra negativo permanente y un activo circundante no puede hacer frente a la deuda a corto plazo. El club vive en un laberinto ruinoso, con una gestión calamitosa que llevará al club a la decadencia. Las líneas de crédito están agotadas ya que el club de Mestalla debe a Bancaja la escalofriante cantidad de 240 millones de euros. Ayer se paralizaban las obras del estadio que iba a ser la referencia europea durante años. El cese de la actividad puede significar un respiro, pero el propietario del Valencia, que no es otro que Juan Soler, debe afrontar con fecha de 15 de marzo el pago de unos pagarés a Bancaja que pueden significar el derrumbe de un castillo de naipes llamado Mestalla.
Juan Soler tiene en manos de tres despachos de abogados la venta del club y de sus acciones, quiere salir y olvidarse de una pesadilla que empezó el día que Soler declaró que el Valencia iba a ser la envidia de cualquier club, entre ellos, Madrid y Barça. Se buscan inversores en Dubai, también en Rusia. La cuenta atrás ha comenzado, el club parece caminar hacia la ley concursal, solución que puede considerarse dramática pero que puede ser un mal menor ya que en marzo a Soler le espera un ‘match ball' que se vislumbra como el comienzo del camino de la perdición.
El viejo Mestalla en números
La operación era sencilla, vender el viejo Mestalla con un plan urbanístico a medida y hacer un nuevo estadio en un solar del Ayuntamiento pagadero a través de una permuta de terrenos que el Valencia a día de hoy no tiene capacidad para comprar. El plan urbanístico del viejo Mestalla era ajustado, el resultante eran 80.000 metros cuadrados de edificabilidad, con un subsuelo que iba a contar con 3.900 plazas de aparcamiento valoradas en 10.000 euros cada una, lo que da un resultante de 39 millones de euros y con un PVP posterior en 30.000 euros en una venta por concesión a 50 años. En el siguiente nivel, 13.000 metros cuadrados de bajos comerciales que supondrían 40 millones de euros, más 10.000 m² de oficinas valoradas en 21 millones de euros. A partir de ahí, 68.000 metros cuadrados de pisos, con una valoración de 4.000 euros el metro cuadrado, lo que genera 272 millones. En total, la operación dejaría en las arcas valencianistas 372 millones de euros.

Nuevo Mestalla, el epicentro de la crisis
El proyecto tenía un coste de 180 millones, meses más tarde se hablaba de 210 millones y, más tarde, allá por agosto, Juan Soler reconocía un coste de 300 millones. A día de hoy, estamos en 350 millones .El plazo de entrega primario era para Abril de 2009, quedan un par de meses y no se contempla ninguna opción de que la entrega de llaves del Nuevo Mestalla sea antes del verano de 2010 aunque a los plazos previstos hay contar con la paralización de las obras desde ayer por impago de 22 millones de euros de las certificaciones de la obra. Se negocia con determinados grupos para que se hagan cargo de la obra a cambio de la gestión de la zona comercial por unas cuantas decenas de años. Es inviable, como los números del Valencia. El estadio está parado por quiebra técnica y estrangulamiento contable.
Ciudad deportiva de Porxinos
La misma operación del estadio se planea con la ciudad deportiva. Se compra terreno rústico a 22 kilómetros de la ciudad para recalificarlos en suelo urbanizable y dar vida a un proyecto urbanístico con viviendas y una ciudad deportiva que permita unos ingresos dando oxígeno a las arcas valencianistas, y la venta posterior de Paterna por falta de uso. La operación sale mal, una más. Juan Soler para demostrar que no quiere enriquecerse a costa del Valencia decide sacar a concurso la ciudad deportiva de Porxinos. El concurso lo gana Nozar, que se compromete a pagar 100 millones de euros al Valencia. Llega la crisis inmobiliaria y Nozar presenta suspensión de pagos. De los 100 millones al Valencia se le adeudan 36, aunque hay quien dice que estos están avalados. Lo más grave no es esto, es el estudio del suelo: en la prospección geológica ha quedado en evidencia la imposibilidad de abastecer de agua a las viviendas que se proyectaba edificar. Otro camino sin retorno.
Ayuda institucional agotada
No puede el Valencia presionar a las instituciones, tampoco tirar balones fuera. El Valencia siempre ha contado con el apoyo de todas ellas. Desde hace años, hasta el esperpento llamado ‘Valencia experience', el club siempre ha llevado publicidad institucional. El contrato televisivo vigente con Canal Nou y un plan urbanístico del viejo Mestalla hecho a medida. Tampoco hay que olvidar la ayuda de Bancaja, en forma de créditos y aplazamientos de una deuda cifrada en 240 millones de euros. Existen casos de clubes a los que las instituciones han considerado como sociedades anónimas en manos privadas, el Valencia siempre se ha considerado como un bien popular que debía ser protegido a pesar de que la propiedad era capital privado no elegido por la masa social. A pesar de la transición, los estamentos públicos siempre han dado respuesta. Pedir otro esfuerzo en tiempos de crisis es irracional. Tampoco es que antes fuera justificable. La viabilidad es un imposible, el futuro se juega en el presente; marzo parece un mes para dictar sentencia.
Ingresos a corto plazo
La publicidad en las camisetas ha sido un primer atípico de la temporada. Unibet se ha comprometido a pagar 1'2 millones por el patrocinio hasta final de temporada. Se espera que el acuerdo se prolongue a razón de 5 millones anuales una vez que el Valencia haya conseguido deshacerse de 'Valencia Experience', empresa que pretendía organizar los eventos de la ciudad y que no ha pagado ni un solo euro a la entidad, estando el Valencia a la espera de que los juzgados dicten sentencia.
El contrato televisivo ha sido otro caballo de batalla. Canal Nou paga 30 millones por temporada, existe una cláusula de renegociación a final de temporada y es por ello que el Valencia utiliza a Tele 5 para engordar las cifras. Se filtra a los medios que pagarán 60 millones por temporada pero la única realidad es que el Valencia cedió sus derechos al mejor postor. Mediapro con 48 millones de euros por cada uno de los cinco años firmados es una vía de escape dentro de un laberinto ruinoso.

Todos los viernes, Marcos López escribe para Negocio la cara económica del mundo del fútbol.