Esto va en serio, la liga entra en fase terminal, la fase donde se decantan los títulos aunque los detalles nos dejan apuntes para analizar el presente en clave de futuro. Juande Ramos y Guardiola siguen la senda de la victoria aunque por caminos bien diferentes. Compararlos es injusto, hacerlo con los equipos es más lógico. El Madrid consigue el resultado pero no consigue enganchar a los aficionados, criticar por ello al entrenador madridista es un absurdo ya que heredó un equipo que no ganaba, encajaba goles con facilidad y en lo táctico era un equipo sin ninguna precisión. Cuando un entrenador llega a un equipo en crisis, todos esperan que el entrenador no aporte belleza sino rendimiento y a estas alturas es algo irracional que el Madrid siga disputando la liga a un Barça que va camino de firmar unos registros históricos.
Una jornada menos para el final, la probabilidad de un Barça campeón aumenta, las del Madrid disminuyen. Son números y todo es relativo, hasta el cálculo de probabilidades. En una semana todo cambia, pero esta semana tiene un ganador, el Barça. Se suponía que el Madrid iba a sumar tres puntos más, no necesita jugar brillante, tampoco hacer un partido al límite, era una jornada para reducir distancias. El histórico del Barça invitaba a ello, seis puntos de quince tras virus Fifa, o lo que es lo mismo, una victoria, tres empates y una derrota tras repartir a tres cuartos de la plantilla por medio mundo. Una oportunidad perdida, el Madrid cumplió con lo suyo pero el Barça sólo dejó un indicio del virus Fifa: la falta de ritmo arrollador. Se limitó a tener la posesión, a buscar una individualidad o una triangulación, para solventar un partido que generaba miedo.
Cambio de orientación
En banda derecha, Puyol y Pedro. El primero tras lesión, el segundo tras una eternidad, ya nadie se acordaba del debate Pedrito. Alves y Messi, tras jugar en altura, esperaban su oportunidad en el banquillo. Querían jugar, el Barça estaba herido, la banda fuerte era la izquierda con una individualidad como Iniesta y un lateral doblando como Silvinho. Fútbol poco, posesión en exceso pero ausencia de comodidad. El Valladolid apretaba arriba, el Barça no generaba superioridades en el inicio del juego y todo quedaba para dos detalles, el primero era el hundimiento físico del Valladolid, el segundo era una acción con calidad diferencial. Llegó en el 40’, el Valladolid necesitó aire, replegó, abandonó la presión del balón y su línea de cuatro quedó clavada, rígida, entregada a una pared, Eto’o al espacio, Xavi de empeine interior con el efecto justo para ahorrarle un toque a Samu Eto’o. Este definió a la perfección, no podía ser de otra manera ya que cuando el camerunés tiene tiempo, llega en carrera y no necesita controlar; es un killer de otra dimensión.
Ausencia de calidad diferencial
Pensaron que era una acto de valentía o un intento de justificación. No estaban Lass y Robben, dos que son diferentes, día y noche, solidez y desequilibrio. Tampoco dos veteranos como el gringo Heinze y el kaiser Cannavaro. Era un día para justificarse pero Juande avisó con antelación, 'todos mis jugadores tienen un nivel parecido', el resultante el mismo, una victoria más sin nada descatable, quince minutos de la segunda parte, un par de arranques de Higuain y algún detalle de Van der Vaart. El drama del Madrid es ese, sus jugadores están entre el bien y el notable. Ningún sobresaliente, nada extraordinario menos Casillas y Pepe. Falta calidad diferencial, velocidad, desborde, transición, este es el drama del Madrid, sin nada extraordinario es difícil dar espectáculo pero nos deja la sensación que el Madrid es un ejército de rinde por encima de sus posibilidades. Ayer, el sistema siguió siendo sólido, jugaron Parejo y Javi García, dos de la cantera.
Intensidad globalizada
Esta semana hice un seguimiento del Valladolid. Pude seguir la metodología de Mendilibar en los entrenamientos, dos sesiones, jueves y viernes, para aprender y sacar conclusiones. También pude seguir a Onésimo, entrenador del Valladolid B, un equipo lleno de juventud, colista y del que destacaría a Carlos Lázaro. Las pautas de Mendi, similares a las de Pep Guardiola: entrenamiento de tiempo reducido, 75 minutos como máximo, intensidad competitiva aunque sabemos que esta siempre es submáxima si hablamos de entrenamiento.
Entrenamiento integrado, con fines tácticos por lo que hablar de periodización táctica estaría más que justificado aunque tanto uno como otro diseñan sesiones en las que el futbolista este resolviendo de manera constante situaciones competitivas. Un placer para mis ojos, una manera de seguir aprendiendo.
Ojo al dato
Se hablaba de crisis, de un bajón físico definitivo, dos derrotas contra Atlético y Español provocan que el debate mediático fuera una chascarrillo en cada tertulia futbolera. Era momento de generar teorías, algunas apocalípticas sobre el futuro de un Guardiola que había exprimido como limones a unos jugadores marcados por la exigencia de pasar la previa de la Champions en agosto. Muchos otros, entre los que me incluyo, hablaron del microciclo y teorías de entrenamiento, de volumen, intensidad y carga. Incluso algunos recordamos la doble derrota del Barça de Rijkaard en febrero en el año del doblete, es cuestión de establecer paralelismos y saber a qué juega cada uno y lo que es más importante, como entrena cada uno.
Tras el apagón del resultado, la respuesta del equipo de Guardiola ha sido contundente: cuatro partidos para cuatro victorias, once goles a favor, cero en contra, detalle este último que marca una pauta. El Barça ha vuelto a cerrar las vías de agua, la portería a cero no es una quimera sino una evidencia. En ese escenario el Barça es campeón, un equipo que siempre marca; si Valdés es imbatible, no hay otro campeón que el Barça.