United y Barça buscan el triplete, acaparan las portadas y los titulares, los cracks y la ambición de un sueño irrepetible. Tras ellos está el Chelsea, una vez más, compitiendo hasta el final por todas las competiciones. Desde la llegada de Mourinho este equipo es ganador, cada partido es una final y no hay diferencias entre una competición y otra. Remontada contra el Arsenal casi sin bajar del autobús, aprovechando los fallos en la salida de balón de un Arsenal que pagó caro no distinguir las zonas de riesgo. Querían sacar la pelota limpia desde el área, combinando entre jugadores. El fútbol es posesión de balón pero también criterio. Wembley fue el escenario que reflejó la inmadurez de los gunners.
Viven del error del adversario, también de la experiencia, son muchos años compitiendo juntos sin apenas novedades en la plantilla y nunca se derrumban, siempre se mantienen vivos aunque parezca que no tienen nada que hacer. En la FA CUP están en la final, en semifinales de la Champions lucharán contra el Barça, y en la Premier están a dos puntos con un partido más que el Manchester United. El triplete lo tienen lejos pero aspiran a ello por más que Abramovich desee la Champions para cerrar un ciclo que puede desembocar en la venta del club.
La nueva jerarquía
No son inexpugnables, tampoco viven de mantener la portería a cero. Atrás sufren por las lagunas de un Cech que ha bajado un rendimiento que le situaba entre los mejores del mundo. Ahora comete errores, no es un muro, batirle es una cuestión humana cuando antes era una hazaña. No todo era mérito de Cech, la periodización táctica de Mourinho hacía del Chelsea un equipo con una superioridad posicional que le permitía ganar todos los duelos. El ingrediente que faltaba era la calidad individual, y ahí el Chelsea tenía lo mejor. Siguen estando, Terry y Carvalho son la dupla pero Alex ya les puede discutir el puesto. Ashley Cole es un riesgo indiscutible, juega siempre pero no lo hará en el Camp Nou y eso es un problema mayúsculo tras la venta de Bridge al Manchester City en el mercado de enero.
En la estrategia son una amenaza, siempre lo han sido, ahora tienen menos jugadas ensayadas pero tienen un lanzador como Lampard y unos cuantos rematadores de primer nivel como Ballack, y los citados Alex, Carvalho o Terry. A estos, que ya son mucho, hay que sumar a Drogba y Anelka. Contra el Arsenal no necesitaron el balón parado, con un error de los gunners en el inicio de juego y una contra fue suficiente. Tienen pegada, experiencia y un físico descomunal, en el banquillo un ganador como Hiddink. No tiene nada diferente pero en el vestuario hace magia, simplifica el fútbol y orienta la competición a una máxima: el grupo como bloque.
Con esto es suficiente para dar un salto cualitativo sobre la era Scolari, un equipo que seguía esperando a Robinho en octubre, con el síndrome del distraído, acusando el shock del penalti fallado por Terry. La Champions le debe una al Chelsea, llevan años persiguiéndola, la han merecido tanto o más que los ganadores pero el fútbol son detalles y nunca les han sonreído. Un año un gol fantasma de Luis García, un exceso de confianza contra el Mónaco con Ranieri en el banquillo, un Messi galáctico contra un Del Horno que nunca tuvo la arrancada del argentino, una estrategia de Agger o el resbalón de la pierna de apoyo del capitán Terry. Siempre han estado ahí, candidatos al título, reconocidos por todos. Los años pasan, el equipo pierde velocidad pero gana experiencia, los blues quieren el título. Un habitual eterno en ambicionar tripletes, luchan por todo como siempre pero sueñan con la Champions, manda Abramovich.