Mentalidad de equipo superviviente, no se confía ni en la hazaña ni tampoco en la proeza. Ganar un título es una quimera, nunca un objetivo porque estos siguen líneas económicas. Con estar entre los cuatro primeros es más que suficiente para cumplir el expediente y cuadrar los números. Los gastos en personal suponen un 115% de los ingresos, una barbaridad con la que conviven los colchoneros y que obliga a la propiedad a tener que avalar, negociar las deudas de corto a largo plazo y vender activos aunque esto genera un rechazo unánime en la masa social. El escenario es complejo, todas las partes tienen argumentos pero ninguna tiene la verdad única. La regeneración colchonera pasa por encontrar el hueco de mercado para saber competir sin que el dinero sea una excusa, recuperar una filosofía ganadora y caminar todos en la misma dirección.
La catarsis pasa por asumir responsabilidades, la primera es que la afición no parece estar indignada con la propiedad. El pañuelo es sinónimo de rechazo en el fútbol, las miradas al palco una manera de presionar para cesar al entrenador y las movilizaciones son las señales de humo de que ya no existe vuelta atrás.
Con la temporada iniciada poco se puede hacer. El Atlético se ha reforzado, tiene mejor plantel y mayores recursos que la temporada pasada pero le ha faltado, una vez más, saber invertir en jugadores desequilibrantes y con jerarquía, de aquellos que te hacen pelear por los títulos. Recurrir al mercado invernal será un error, los jugadores que se pueden adquirir en navidades son segundas o terceras opciones y de este perfil de futbolista la plantilla está plagada.
Poco se puede hacer en la gestión de la plantilla. Queda la teoría de las capas. Cerezo y Gil están ilusionados con las dos joyas sobre las que cimentar el futuro: el estadio y la ciudad deportiva. Cuando sean una realidad, Gil y Cerezo sueñan con estar. Para conseguirlo tendrán que despistar a los socios protestantes, minimizar el desgaste de estar en el ojo del huracán y quizás poner más dinero aunque este sirve de bien poco si no hay criterio.
Una derrota en Barcelona acelera el proceso. García Pitarch está en el punto de mira, Abel es cuestionado. No sentó nada bien que contra un Racing con diez mantuviera el doble pivote defensivo y no fuera capaz de darle una vuelta de tuerca más al equipo situando a Jurado en el mediocentro para mantener la dupla de delanteros. Tampoco contra el Apoel encontró la fórmula del éxito, intentó con Sinama Pongolle el 1-3-4-3 pero el francés no se enteró demasiado de su posicionamiento, síntoma de que la táctica es de palabra y no de entrenamiento específico.
Las encuestas han comenzado, una anécdota que refleja la realidad de nuestro fútbol. Los medios las utilizan a instancias de los clubes con menos personalidad, algunos prefieren ir a buscar la opinión de sus socios de manera directa. La incidencia de estas es máxima, muchos de los que se deciden a votar o contestar deberían darse cuenta de la trascendencia de su voto por mucho que sea ínfimo en lo porcentual.
Luis Aragonés como director deportivo o entrenador de urgencia, sería su último banquillo aunque a estas alturas el ‘malencarado de Hortaleza’ debería hablar de la penúltima. Se tantea a la afición. Pantic, Milinko, sin experiencia en la élite aunque comparte cartel en el tanteo con Quique Sánchez Flores, un entrenador táctico capaz de trabajar una de las mayores carencias colchoneras: la táctica adaptada a la filosofía de la entidad como punto de partida para encontrar solidez y rendimiento, juego y resultado.
El desánimo está presente, el fútbol es un estado de ánimo y el arranque del Atlético no deja buenas vibraciones. El partido de Barcelona puede traer los primeros despidos, García Pitarch o Abel, quizás los dos. Acertar con los candidatos será vital para no caer en depresión y poder competir con lo que se tiene, que no es poco. Buscar que los jugadores asuman responsabilidades es un detalle que no debe olvidarse, un club donde todos apuntan al banquillo o a la presidencia debería tener en cuenta de que los jugadores marcan el devenir futbolístico y en este sentido, la afición colchonera tiene protegidos y acusados. Todo lo que pasa es culpa de Pernía o de Cleber, también de Pablo pero nunca de las vacas sagradas; estos, sólo ganan partidos.