Es mediático, vende polémica y genera riqueza, es The Special One. Todo lo que gira a su alrededor es seguido con una expectación inusitada, entrena en la Serie A pero nadie se ha olvidado de sus andares. Sinónimo de éxito, arrogante y directo, maneja la dualidad con maestría, poco o nada tiene que ver la persona o el entrenador. Ha aprendido de los mejores, muchas horas de esfuerzo y dedicación en la sombra a sumar a su talento. Lee los tiempos, sabe aplicar la medicina adecuada en cada momento con una precisión asombrosa en el discurso, distrae al entorno sin dejar de convencer a los suyos. Esos que siempre son los mejores para él, confían en él porque les hará ganadores con todo lo que eso conlleva. Reconocimiento, bonanza, renovación al alza de sus contratos y estar en primera línea mediática. Mourinho representa el pasaporte para “the hall of fame”.
Maneja el 1-4-3-3 y el 1-4-4-2, la llegada del portugués a la élite ha servido para cambiar la leyenda: “Se juega como se entrena” por el “Se entrena como se juega”; los detalles importan y la inversión de los términos es tan simple como revolucionaria. Ejecutor de la revolución metodológica del fútbol, la periodización táctica es su base argumental, la creatividad y el diseño de entrenamientos es básica para perdurar y obtener rendimiento. Si no eres el mejor en el día a día, podrás encontrar un éxito efímero pero convertirse en una leyenda requiere de genialidad y disciplina, talento al servicio del sacrificio.
La facilidad para etiquetar como ganadores a los ordinarios convierte la adjetivación en usual. Gladiadores ha habido pocos. Ser un mito, vencer a las dificultades, sacar todo el talento para cambiar el orden jerárquico, está al alcance de muy pocos. Uno de ellos, Drazen Petrovic, un líder innato, una ambición desmedida, un talento que rompió moldes, incapaz de aceptar la derrota, rebelde en la victoria. No era un ganador por talento sino un manipulador con talento, le gustaba arrollar y desalentar al rival. Provocaba odio, no te ganaba sino que te sacaba todas tus miserias; si te consideraba una amenaza cambiaba el escenario, dominaba lo mediático. Los que le odiaron aprendieron a amarle, hizo mejor a todos los que tenía alrededor, todos ganaban, las audiencias subían, los periódicos con los antídotos anti Drazen se vendían como churros, el espectador indiferente se volvía fanático. Falleció demasiado pronto, lloramos su ausencia, todos queríamos que su Yugoslavia – después llegó la guerra - pusiera a los yankies en su sitio; fue el único momento en el que inconscientemente sentimos que éramos europeos.
El relevo lo ha tomado Mourinho. Una bendición para todos los que viven del circo del fútbol, rebelde en la derrota, sorprendente en la victoria, mediático como los galácticos y tan ganador que es capaz de entrenar a quien le asegure un desafío. Se le derritieron los huesos cuando lo quiso el Barça pero era el hombre perfecto para Florentino y así se lo hizo saber por mediación de terceros, es el único capaz de repetir la gesta del indomable de Sibenik. Drazen entró en un avión siendo jugador del Barça y aterrizó con un contrato firmado con el Madrid. Mourinho es irascible y único, capaz de repetir una gesta de semejante dimensión. Su momento en España llegará, es ‘the Special One’.