La obsesión por ‘jugar como el Barça’ era el argumento de muchos que tocan de oído, de aquellos que sin ver fútbol se permiten hablar con propiedad. El rumbo de la superproducción de Florentino va equivocado si el fin último es imitar la filosofía de un Barça que es uno más dentro de los equipos que han ganado con una superioridad arrolladora. Será recordado pero la propiedad del espectáculo nunca será azulgrana ya que el fútbol si es intenso, veloz en las transiciones y con calidad diferencial técnico – táctica, puede llegar a ser maravilloso.
La propuesta azulgrana es apasionante, ganar por la vía más difícil ridiculizando al adversario hasta dejarlo sin autoestima. La premisa de espectáculo es confrontación, rivalidad e incertidumbre. Siempre se necesitan dos equipos para elevar el espectáculo, nunca es cosa de uno y lo más complejo es jugar contra el que no juega para ganar sino para que le metan los menos goles posibles. Otro detalle es el ambiente, ya puede ser el partido más divertido del mundo que con el estadio semivacío es casi imposible gozar del fútbol. Lo vimos en el Pizjuan, el colorido y la pasión te llevan a disfrutar o sufrir pero transmite sensaciones y eso, es espectáculo.
El Barça estuvo espeso, torpe, confuso ante las marcas individuales de Hugo Sánchez. El titular era tan sencillo como impreciso: Hugo planteó un partido de 10 contra 10. Error, el marcaje de Chico a Xavi no fue el único, el dolor de cabeza vino con el marcaje pegajoso de Guillerme sobre Dani Alves. Eran 9 contra 9, el planteamiento de Guardiola era tan sencillo como difícil de ejecutar, Alves abriendo el carril a Rafa Márquez, Xavi bajaba hasta posición de centrales para convertir a Chico en el nuevo delantero del Almería en la liga. Sin ritmo y desequilibrado en las bandas, el partido era Messi y ocho más para ganar pero el equipo de Guardiola no acabó de entender que era un partido para golear basándose en desbordar en el 1x1 y dejar el juego colectivo de lado. Como el Almería no propuso fase ofensiva, nos quedamos sin espectáculo pero la incertidumbre mantuvo la tensión de los aficionados. Otros días, como contra el Racing, con 0-3 en el marcador a la media hora, la superioridad azulgrana es tan monótona como aburrida. El problema de este Barça es que reduce la temporada a muy pocos partidos, aquellos donde puede perder son los más esperados y de esos, habrá pocos.
“A lo mejor lo que gusta allí, no gusta aquí”
Como si Pellegrini me hubiese leído no tardó en posicionarse en rueda de prensa. Mientras alguien me acusaba de barcelonista, Pellegrini, en la rueda de prensa, decía en pocas palabras lo mismo que uno que suscribe. “En el Bernabeú si tocas de más hay pitos”. ¿Es Pellegrini barcelonista? Lo dudo. Llegar al Madrid nunca te pilla de sorpresa, te puede asustar la presión pero nunca podrás acusar a nadie de no saber dónde estas y lo que espera tu afición del equipo. Es el Madrid, son palabras mayores y la propuesta merengue nunca ha tenido nada que ver con la culé.
En el Pizjuán vimos un choque de trenes. La expectación desborda la pasión, tres puntos poco significativos en la lucha final pero básicos en la declaración de intenciones. La entrada de Diarra aseguraba solidez y defender a Negredo por delante para desactivar el juego directo. Raúl volvía al escenario del último partido donde pudo silenciar a la crítica. Enfrente un Sevilla sin complejos, directo y vertical, lleno de jugadores de talento y posiciones dobladas. Las carencias tácticas del Madrid al desnudo, también su incapacidad para recuperar la pelota así como la evidencia de que a este Madrid le será imposible defender el 2x1 en banda. Viene de ganar con disciplina defensiva y músculo, contraataque y pegada. La columna vertebral del último Madrid ganador era Casillas – Pepe- Diarra- Van Nistelrooy. Todos están en la plantilla pero no son lo que fueron. Los roles cambiados, el Madrid no tiene ‘9’, tampoco recuperadores de balón y sí tiene muchas obligaciones, una de ellas tener la pelota para demostrar jerarquía y ahí falta equilibrio. El Madrid buscó la contra, la transición rápida, evitó el exceso de toques y acumuló jugadores cerca de Casillas para sobrevivir; tras el gol de Renato se vio un equipo descosido. Hubo espectáculo del bueno, el fútbol cobra otra dimensión cuando dos equipos juegan con la máxima intensidad. En ese escenario quien comete errores pierde y ese fue, el Real Madrid.