El lunes habló el profeta y todos acudimos a la cita. Leer o escuchar con atención a Cruyff, un referente que siempre deja huella y tiempo para la reflexión es obligado. Es como Valdano, más directo y con expresiones particulares, pero en el fondo, todos tenemos nostalgia de la página de Valdano en el Marca y esperamos que no falte la cita con Cruyff los lunes.
Hablaba Johan de Messi, recurrente y sorpresivo, escribía en la misma línea de los publicados por un servidor unos días antes. Les dejo con el artículo publicado en Negocio el viernes, 2 de octubre.
Era un objetivo para el 2010, sonaba extraño pero los cimientos del Camp Nou tiritaban al ver como Florentino fichaba uno tras otro todos los cracks del panorama.
El fútbol es un fenómeno de masas, lleno de intermediarios y elementos de presión que hacen que los salarios se disparen y los balances se descuadren. Una temporada llena de éxitos supone una rentabilidad a corto plazo que se extingue en el largo plazo para dejar paso a la deuda y las hipotecas contraídas. Un ejemplo es el FC Barcelona, que tras firmar la mejor temporada de un club español, ha tenido que abrir líneas de crédito para gestionar el futuro deportivo y redireccionar los beneficios a las primas del personal deportivo como peaje por el éxito deportivo.
Tras esto han llegado las renovaciones. Todas ellas de larga duración cuando el fútbol es acción y reacción, el éxito de hoy no garantiza el del mañana por más que tengas escalera de color. El plan de choque contra un virus llamado éxito condiciona el futuro deportivo y los planes estratégicos de aquellos que sueñan con la presidencia del Barça en junio de 2010. Tras la tempestad llega la calma, y tras el éxito el zafarrancho, la dirección deportiva se permitió la licencia de dejar todos los asuntos por resolver hasta que concluyera la temporada para no enturbiar ni distraer al personal deportivo. Detalle este transcendente para conseguir el éxito pero un lastre para afrontar la planificación de la temporada venidera.
Tras la llegada del arrollador Florentino, que hizo realidad todos los sueños de su afición, la inflación subió y los costes se dispararon. Las negociaciones para mejorar al alza los contratos de los jugadores franquicia se agolparon encima de la mesa y para mayor complicación, el entrenador decidió que salieran jugadores antes de concretar los fichajes con lo que los costes fueron hasta el infinito.
El primero en renovar fue el portero, Víctor Valdés. Indiscutible y con solera, se adapta a la perfección al perfil para defender la portería azulgrana. No fue sencillo cerrar la renovación, el paso al frente del jugador en la elección envenenada de su representante, Ginés Carvajal, hizo que fuera un dolor de cabeza para la Junta Directiva. Las posturas eran cerradas, el jugador quería cobrar lo mismo que Casillas, el representante era mirado con recelo ya que uno de sus clientes era Juande Ramos, el entrenador del máximo rival que venía de menos a más con toda la presión mediática para asaltar una liga que sólo podía ser azulgrana.
Las negociaciones estuvieron rotas, Ginés pedía 8’5 millones para su jugador, el Barça daba 5’5, con carácter de urgencia se activó el plan B: el Barça llamó a la puerta de Asenjo cuando este tenía pie y medio en el Atlético. Llegaron tarde, y echaron números, el fichaje de Asenjo con clausula, comisiones y salario no reducía los costes de manera significativa no dejando en el aire el rendimiento deportivo. Al final, arreglo en el punto medio, 7 millones más un 30% en variables que de conseguirlos permitirían al jugador llegar a cobrar la cifra pretendida así como le aseguraba un compromiso con el club hasta el 2014.
El pago en variables es una de las señas de identidad en Can Barça. El fijo depende de la jerarquía de los futbolistas. Para los cracks, el fijo es del 70% dejando un 30% para un variable dividido en objetivos colectivos e individuales de rendimiento. Las primas por títulos son una plusvalía interesante para los jóvenes jugadores de la cantera, aquellos que están en la clase más baja en la tabla salarial. Un ejemplo es Tito Vilanova, el segundo de Guardiola. Su fijo estaba estipulado en 300.000 euros pero el tricampeonato le permitió ganar un 1’5 millones de euros adicionales.
El siguiente en firmar fue Touré Yayá, la complicidad con su representante Dimitri Seluk era bien distinta a la tensión que se genera con otros según entran por las oficinas. Dimitri no deja de ser amigo de Johan Cruyff, juegan juntos al golf y su hijo, Jordi, era el káiser en el Metalurg, club que controla el padrino más que representante de Touré Yayá. El rendimiento del costamarfileño fue tan insuperable como bajo su salario. Era de honor una revisión y así se hizo. Apareció el Arsenal y el City, rumores producto de filtraciones para conseguir un empujón en las negociaciones aunque bien es cierto que la Premier suspiraba por un Touré Yaya que se colocaba en la segunda línea de la tabla salarial.
Messi, el plan anti-Florentino
Se jugaba el clásico, la liga estaba en cuatro puntos y el choque del Bernabéu era determinante para la suerte de los contendientes. La llegada de Laporta a Madrid supuso la constatación de lo que se antoja un sueño de una noche de verano. La llegada de Florentino era un hecho y lo que parecía imposible era viable a los ojos de Laporta. Sabía que no podía dudar con el nuevo genio del fútbol mundial. Le contaron el proyecto Florentino, la dimensión de la inversión del futuro presidente blanco y el retorno, económico y mediático, esperado de una superproducción llamada Real Madrid con un objetivo final: la Champions del Bernabéu en 2010.
Las cifras salían aunque lo que nunca supo Laporta es que Florentino nunca quiso a Messi en el corto plazo, tampoco a Andrés Iniesta, del que sabía que tenía un contrato que nada tenía que ver con su rendimiento galáctico. El objetivo de Florentino era Messi para la temporada 10/11 ya que este año tenía comprometido el fichaje de las dos joyas de la corona: Kaka’ y Cristiano Ronaldo.
Eran 150 millones, más un contrato por siete temporadas a razón de 12 millones de euros netos, lo que doblaba su salario así como un plan de negocio para que Messi llegase a los 30 millones de euros por temporada incluyendo las ganancias en publicidad. La operación se iba a 234 millones de euros netos. Con impuestos la cifra se volvía escandalosa, convertir el neto al bruto es constatar una operación que rompería el ordenamiento futbolístico.
Ni Messi era Figo y Laporta era el presidente, no como aquel entonces que el vacío de poder era un hándicap para evitar el impacto Florentino. El jugador, criado en la Masía, no pensaba abandonar el club. Laporta tampoco quería pasar a la historia como el torpe que desgarró a los culés alejándoles del nuevo genio del fútbol mundial. La historia no pintaba bien para Florentino, Guardiola era otro escudo protector que tenía que saltarse Florentino y este, a día de hoy, es indestructible. Quedaron de hablar cuando se cerrara el mercado, el objetivo era que tras la tormenta, Messi fuera el mejor pagado del club, una ficha acorde con su calidad y rendimiento.
Ocupa el primer escalón, 10 millones de euros más 2’5 en variables con una duración de contrato que le hará azulgrana hasta 2016. Finalizará su contrato tras 15 años como azulgrana donde llegó, vio y venció. Le queda perdurar, tarea compleja porque la lista de cracks que salen por la puerta de atrás es extensa pero hay una diferencia: Messi es un “noi de la Masía”.