Ídolo del barcelonismo, estrella fugaz del firmamento. Nunca será considerado uno de los grandes ya que su excelencia duró un suspiro, mágico pero suspiro al fin y al cabo. Tras ella, llegó una pérdida manifiesta de concentración y un cansancio psicológico que convirtieron los malos hábitos en rutinas que hicieron menguar todas las capacidades ajenas al talento. Llegaron las excusas y las mentiras, el poder de la noche hipnotizaba a un crack vacío por dentro fruto de una generosidad desmedida. Firmaba camisetas, era un dios para unos niños que habían vuelto a ser culés. Atraía a las masas, era el responsable deportivo de la catarsis blaugrana.
Su caída arrastró a un equipo marcado para ser leyenda y que tras un año de Guardiola en el banquillo ha quedado como un recuerdo de impotencia. Nunca nadie dirá nada en contra del equipo de Rijkaard. Fueron capaces de llevar al Barça a la cima partiendo de la miseria mediática, deportiva y económica en la que yacía el Barça de Gaspart.
Laporta era la imagen del ganador, directo y con discurso. Rijkaard el gentleman y Ronaldinho el ídolo. Todos ellos cometieron una y mil torpezas tras llegar al éxito pero todas ellas han sido perdonadas con un matiz importante, que no vuelvan. Han sido castigados por sus formas y actitudes tras el éxito, sus tiempos al frente de la nave han sido excesivos, tan excesivos que de haber salido antes podrían volver por la puerta grande cuando quisieran pero prefirieron agotar hasta el último suspiro los privilegios del éxito con las correspondientes secuelas.
Tras aquella noche, la de París en 2006, todo fue diferente en la vida de Ronaldinho. La víspera de la Supercopa de Mónaco fue una noche para no olvidar. En pocas horas todos quedaron retratados. No se iba a marcar una era, la próxima Champions estaba tan lejana que aquel equipo arrollador que salía como favorito para hacer un trébol cuanto menos, no volvería a ganar. Muchos tachan a Ronaldinho de culpable, también a Deco o a Motta. En realidad lo fueron tanto como los compañeros cómplices, temerosos de dar un golpe encima de la mesa y salir de una inercia en la que habían caído todos. Futbolitis lo publicó en su momento, se recibieron críticas y algunos insultos, ser valiente para contar la realidad es lo que tiene. Ronaldinho, caída libre.
Desde aquel día nada fue lo mismo, Ronaldinho cambio de compañías y de hábitos, abandonó la Coca Cola y las comidas light, se olvidó de la importancia del descanso y todo esto lo hizo por cansancio, por stress con el mundo. Le intentaron ayudar pero Ronaldinho necesitaba soledad, disfrutar del silencio y volver a empezar de cero. No fue el único que cambió pero eso lo hablaremos otro día.
Se fue al AC Milan, los tifosi le echaron a patadas de una discoteca a altas horas. Iba con Dida, tienen miedo que el efecto Ronaldinho arrastre a Pato como en su día ocurrió con Messi. Quiere volver pero no tiene concentración, una declaración de intenciones que le dura una hora. Su hermano ya no aparece, está escondido. No pide renovaciones ni reducciones de contrato. La estrella aparece de vez en cuando, los titulares vuelven pero tienen trampa, el AC Milan juega andando, equipo lento y sin velocidad como todo el calcio. Ronaldinho sigue marcando goles porque el calcio es una escenificación de los partidos de veteranos que todavía mantienen la forma.
Le faltan horas de entreno, dedicación profesional, vivir para el fútbol y no huir del fútbol como parece hacer Ronnie. Saturación o stress post éxito, algo iba mal en la vida de Ronaldinho cuando tuvo que llamar a los bomberos porque un árbol había caído en su casa el día de Nochevieja. Estaba sólo el brasileño, era su mejor etapa como futbolista y el mejor futbolista del planeta estaba sólo, era fin de año. Las cosas no iban bien, el peligro de los futbolistas que deriva en adicciones y distorsiones del comportamiento es cuando están rodeados de gente que no les deja ni respirar, ese agobio es cuando sientes la soledad, saber que no tienes a nadie. Esa sensación es el indicativo de que el precipicio está a la vuelta de la esquina.
Te han dado el ‘Golden foot’ o como se llame. Una mentira más, no lo mereces. El fútbol da muchas vueltas, comparar a día de hoy a Raúl González con Ronaldinho es la comparativa de un profesional que sobrevive a la llegada de nuevas generaciones con la de un futbolista despistado, aturdido y cercano a una derrota por KO. Abandona el fútbol si quieres, ahora no es importante, pero vuelve. Vuelve pronto, como persona y deportista, si decides jugar muestra tu mejor cara, tu hermano Ronaldo no se ha rendido, lleva triunfando en la élite lastrado por tres, digo tres, roturas de tendón. No huyas, no valen excusas. Este premio no es más que una manera de utilizar tu nombre para adquirir relevancia, podían dárselo a cualquiera ya que Ronaldinho no está ni de lejos en el top ten de los futbolistas mayores de 29 años.
Dedícale horas al entrenamiento, abandona la noche, mide quién se acerca y quién te ha dejado tirado, vuelve a ser ídolo. Estás en uno de los mejores equipos del planeta y este año hay Champions. No eres un futbolista para estar en el banquillo, nunca. Crack o retirada, es lo que tienen los dioses, la mediocridad no va con ellos.
¿Ovejas negras o pastores malos? 24-Nov-07, por Marcos López
Ronaldinho, caída libre 30 - Agosto - 2007, por Marcos López
R.Madrid Vs Barça