Humillación sin paliativos, equipo indolente, concentrarse en la previa desajusta a un plantel sin ritmo ni estilo.
Derrotados por un equipo lleno de ilusión, ideas y esfuerzo. Nada tiene que ver con el partido contra el Real Unión de la temporada pasada. Ese día llovía, viento y frío empeoraban un partido marcado por el episodio de Rubén De la Red. Esta noche ha sido diferente, las diferencias entre este partido y la manita de San Siro no son demasiadas, la diferencia es la categoría. En San Siro eran dos equipos de gladiadores, ganaron los que serían en un futuro el mejor equipo de la historia moderna del fútbol hasta la llegada de este Barça. Ayer, el Madrid no jugaba contra gladiadores,
los adversarios eran los chicos de la barriada, vecinos de Madrid, gente sin imagen ni ingresos multimillonarios.
Esos han dado un recital, el partido más lamentable de la historia del Madrid no puede servir para olvidarse de un equipo que lejos de ser heroico, ha jugado un fútbol de alta escuela, lleno de orden, criterio y humildad.
Fin de proyecto, urge catarsis. Valdano dice que estos partidos sirven para unir al grupo, para hacer piña frente a la adversidad. Es el guión del Madrid ganador de los últimos tiempos. Equipo perdedor, castigado por las críticas, un equipo sin cartel de favorito ni credibilidad de equipo grande. Así se ganó la séptima y la octava, el Madrid llegó a Amsterdam y París fuera de Europa tras haber sido despedido por el Bernabéu con derrota y pitos. Así se ganó la liga de Capello, también la de Schuster, ya que tras un arranque espectacular, el Madrid sobrevivió a las críticas toda la segunda vuelta.
Cuando han ido de favoritos, el Madrid ha sucumbido, siempre han ganado menos de lo esperado. La afición quiere un equipo con jerarquía, que salga a mandar y se olvide de jugar a la contra de una vez por todas. Llevar el peso y mandar, mover la pelota con brillantez y jugar 90', un partido entero de fútbol sin altibajos. Hace años, décadas que el madridismo no encuentra un partido memorable de principio a fin, tampoco una secuencia de cinco - diez partidos en los que el Madrid no deje ni un resquicio al adversario.
Este año se hablaba de triplete, una locura cuando entendemos que el fútbol son detalles. Remontar la eliminatoria tiene que ser una obligación pero esto es lo de menos. El Madrid es víctima de la presión pero también de la desgana y de la falta de responsabilidad de unos y otros. La ausencia de Cristiano Ronaldo va a ser sonada. Pensaba que Cristiano era un killer, el desatascador ideal de los partidos y la intimidación a la que sucumbían todos los equipos. La realidad es que Cristiano Ronaldo es el icono mediático ideal para que todos vivan de rentas, un socio al que juntarse para salir en la foto para sonreir porque de correr, poco, muy poco.
Pronto se olvidará este día, será una fecha inolvidable para aquellos que todavía recuerdan al Odense, pero el desgaste dejará secuelas irreversibles. El glamour de la llegada de Florentino trae el recuerdo de un Florentino perdido y sin salida tras dos años sin triunfos. Gastaba y gastaba pero no encontraba la fórmula del éxito. La caída de Pellegrini está en el aire, sería un error estratégico de dimensiones mayúsculas ya que tras el chileno se volverá a apuntar a las altas esferas y ahí, Florentino es débil. La presión es máxima y nadie esconde que en la Junta nadie quiere a Pellegrini.
Toca mirar a los jugadores, asumir responsabilidades es obligatorio. Los problemas de Pellegrini eran de antes, nada que ver con una derrota que debe servir para juzgar el rendimiento de unos jugadores que deben hacérselo mirar. El partido de Raúl de hoy, uno más, demuestra cuál es su secreto para perdurar. Es el único, desde hace años, que sabe donde juega y a quien representa.