Llegó como el antídoto para un Barça de nueva generación, lleno de talento y con recursos para mandar en Europa durante un lustro. El Madrid necesitaba velocidad y cambio de ritmo, uno contra uno y desborde, en el panorama internacional había poco donde escoger. Messi tenía todo para ser el número uno del futuro, Robinho hacía una dupla galáctica con Diego Ribas en el Santos.
Uno representaba la Masía y el otro, era el nuevo crack de un Madrid entrado en años y en vicios. Debutó en Cádiz y se hizo la luz. Los titulares desbordaron su fútbol, nunca tuvo un momento de éxtasis semejante. Se olvidaron de los detalles, el Cádiz venía de segunda, hacía un calor intenso, era el primer partido y los jugadores estaban cortos de preparación y de ritmo competitivo siendo Robinho el único que venía de jugar fecha tras fecha en el brasileirao; y para más inri, salió en el último cuarto con las fuerzas del adversario hechas trizas. Humo mediático, lo dijimos en su momento, Robinho no alcanzó el perfil de futbolista diferente hasta que Capello y más tarde Schuster, le hicieron pensar en colectivo. Defender y atacar, transiciones eléctricas y desborde entre líneas. Se hizo jugador al tiempo que el Madrid le despreciaba; su pecado, ser fichaje de Florentino.
Robinho contra Messi, Madrid contra Barça, a nivel mediático el fútbol del brasileño era una caja de resonancia mundial. Mal asesorado huyó a la Premier, terminó en el City y desapareció de escena. Suerte tiene de ser brasileño, de ser angoleño nadie citaría a Robinho entre los cien mejores del mundo. El fútbol no deja de ser virtual en ocasiones, nadie piensa quienes son los mejores sino que citan a los que salen en los periódicos.
Su llegada al Barça parece inminente. Lo quisieron desde el primer día. Objetivo de Guardiola en lo futbolístico, de Rosell en lo mediático y de Laporta por apuntarse un tanto que se esperaba que fuera roselista. Con Cesc pasó lo mismo.
Llega para ser el anti-Messi, una vez más. Al argentino le darán el Balón de Oro, tras el galardón llega la invernación. No hay más que repasar la lista para comprobar que todos los galardones han bajado su nivel hasta resultar poco significativos en el triunfo de sus equipos y valores seguros para garantizar conflictos mediáticos. El Barça sin Messi se queda sin desborde, plantilla reducida y ataque previsible en cierta medida. Guardiola, el más listo de la clase, busca un perfil de futbolista capaz de generarle fútbol al equipo, amplitud en banda y ciertas dosis de gol con las entradas en diagonal. Velocidad y cambio de ritmo, el Barça compra lo mismo que el Madrid en su momento pero con una diferencia, el jugador está formado, el Barça es la última oportunidad de élite y su misión es bien diferente: no viene para ganar él sólo los partidos sino para servir de motivador de Messi, para hacer que su fútbol no levite ya que el banquillo siempre será una amenaza con Robinho en el equipo.
No busquen enfrentamientos ni disputas. El objetivo de Guardiola es integrar, hacer una pequeña sociedad entre ambos pero es sabedor que Robinho es su carta ganadora en la gestión de la presión. Llega uno bueno, con hambre y un Mundial a la vista, es perfecto para generar competencia interna y provocar que todos vayan al doscientos. Cruyff buscó lo mismo con Romario en su Dream Team, Laudrup no resistió el ritmo. Todos estarán más atentos, Messi el primero aunque no por ello quiere decir que esté distraido, aunque de primer toque el más preocupado debería ser Tití Henry.