Malos síntomas, peores vibraciones nos ofrece el endeble Atlético de Madrid. Sánchez Flores es táctico y metódico, tiene criterio para los planteamientos y capacidad para conseguir el equilibrio competitivo.
Suena sencillo pero no deja de ser una quimera cuando hablamos de un equipo, el colchonero, acostumbrado a las idas y las venidas, a los partidos rotos para ofrecer la mejor versión de rendimiento. No llega la victoria, los puestos de descenso siguen siendo la referencia para situar a los del Calderón en la tabla. Un drama, no hay duda de que el equipo está lejos de lo previsto pero también es cierto que pensar que la camiseta gana partidos sólo puede llevar a equívocos que deriven en la consumación de la tragedia.
Una derrota más en Riazor, partido de errores y aprovechamiento de los mismos, en este arte el Depor fue mejor ya que sólo cometió uno, muy grave, pero tuvo la capacidad de afrontamiento necesaria para sobreponerse.
Una virtud impagable en cualquier equipo, sobreponerse a la adversidad, seguir jugando y subir la intensidad sin perder equilibrio son algunos de los extras que se deben conseguir con el día a día porque un equipo es mucho más que una colección de nombres e individualidades. El Atlético está más lejos de lo que se piensa de la pócima del éxito. La organización defensiva mejora en cada paso, la línea de cuatro parece haber encontrado la distancia justa para no enseñar las vergüenzas de su espalda en cada acción de búsqueda de profundidad del adversario.
El equipo defiende mejor pero no tiene salida de ataque, el contraataque es el rasgo distintivo de la entidad pero hace tiempo que ha dejado de ser un elemento ganador. Recuperación más contra, agrupamiento defensivo y salida en velocidad lastrada por un Kun Agüero disonante con sus compañeros. El Kun la pide de cara, al pie, huye del desmarque de ruptura, juega cómodo en salida de contra pero las bandas no consiguen profundidad. Falta físico o compenetración pero si Jurado y el Kun vienen al apoyo, Maxi y Sinama deben buscar el desmarque de ruptura.
El plan no es malo, ya que el Kun la aguanta y distribuye pero eso le convierte en un ‘10’ y deja al equipo sin el ‘9’, palabras mayores cuando el Kun es el único que hace lo que quiere cuando le apetece marcar diferencias. Un equipo pequeño hubiese planteado una transición más sencilla, balón a Jurado y ruptura para el Kun, en dos pases en portería contraria sin perder el sitio. Jugar a nada, ganar en dos llegadas, la propuesta del Atlético es de equipo grande.
La estructura que está inyectando en vena Quique es a largo plazo, el objetivo es ser un equipo solvente, con recursos y automatismos. No hay tiempo, las derrotas se acumulan, la resignación nunca puede ser un hábito, tener criterio así como las ideas claras puede ser la única salida para recuperar la ilusión del Calderón. El primer paso es sencillo, darle todo el crédito a Quique Sánchez Flores, un entrenador vital para el futuro de los colchoneros, un equipo que necesita táctica y organización, trabajo individualizado y unas ciertas dosis de suerte ya que en Riazor vimos un equipo con sentido colectivo que horroriza en las actuaciones individuales.