Plantea un fútbol básico, busca en el desarrollo de lo sencillo el camino para hacer que sus equipos lleguen a la excelencia futbolística. Nunca lo ha conseguido por más que haya ganado títulos en su periplo sudamericano pero siempre consigue que sus equipos alcancen un nivel competitivo notable y una velocidad de crucero para sumar sin llamar la atención. Entrenador de rachas, no tiene la virtud de cambiar inercias pero tampoco busca provocar. Quiere que todos sepan su rol en el equipo, nunca emplea demasiados jugadores pero como la norma no es obligación, en el Real Madrid empezó tirando de todo el plantel.
En el Villarreal, por mucho que se hable de Pellegrini como entrenador rotación, siempre jugaban los mismos. Diego López indiscutible, en defensa Ángel - Gonzalo Rodríguez – Godín – Capdevila, con un suplente siempre dispuesto para rendir como Javi Venta. Sin lesiones nada cambiaba. En el doble pivote, Senna y Eguren con un cambio, Bruno en el minuto 75. En bandas, Cazorla indiscutible y un cambio para Pires. Bien Ibagaza o bien Cani, que terminó entrando en los últimos meses del flaco. Arriba, Joseba Llorente con Rossi, y un cambio, el Guille Franco para jugar de espaldas. No había más, eran 15 jugadores, los titulares eran 11 para recitar de memoria y salvo lesión no había cambios ni toques de atención.
Llegó al Madrid y la situación le hizo perder su estilo y sus registros. Las plantillas largas le superan, no quiere conflictos y quedar bien con todos es la mejor manera para fracasar antes de tener objetivos. Robben y Sneijder eran sus jugadores, los vendieron. Raúl a calzador. Higuain en el banquillo jugando un rato de cada tres. Los de dentro y los de fuera empezaron a protestar. Pellegrini, desbordado por un equipo sin automatismos ni criterio aunque con una pegada descomunal, metió en la nevera a Granero por su incapacidad para darle un toque de atención a un Cristiano Ronaldo desafiante.
Las críticas se cebaron con el chileno, su muerte tenía un precio. Estaba sólo ante el peligro. Nunca nadie mintió. Florentino huye de la leyenda que dice que devora entrenadores. Los directivos pidieron su cabeza, Valdano no quiso bajar al césped y no había sustituto a tiro que convenciese. Sin hacer nada, por las circunstancias, el chileno ganó tiempo. Decidió, en el silencio de la noche, ser él y olvidarse de ser un entrenador a la medida de todos. No escucha, le importa bien poco que Sergio Ramos esté o no sancionado. No perdona la traición ni tampoco olvida lo que ha publicado cada uno en este tiempo.
Plantilla larga, no servirá de mucho. Quiere 16 jugadores, 11 titulares, un cambio por línea y dos comodines. No hay más, según avancen las fechas veremos que en el Bernabéu la clonación del submarino amarillo. Casillas en portería, con una línea de cuatro formada por Sergio Ramos – Pepe – Albiol – Arbeloa. Con el comodín de Marcelo para el lateral cuando no haga las veces de interior. Garay será suplente habitual como Fuentes en el Villarreal, jugará cuando lleguen las bajas.
En el doble pivote, Lass con Xabi Alonso, con el cambio ofensivo de Granero si este es un chico bueno. La entrada de Mamadou Diarra es compleja. Tiene más peso como cuarto hombre Guti que Mamadou y eso es decir mucho, incluso si hay bajas puede que veamos a Pepe en un momento puntual pero esto ya son palabras mayores ya que Pellegrini como nosotros sabe que sin Pepe la defensa no se sostiene.
En la línea de ataque, cuatro jugadores. Cristiano Ronaldo, Kaka’, Benzema y el cambio para juguetear con el cuarto hombre sin recibir el toque desde la jefatura. Higuain es ese, con la entrada obligada de Raúl que hará las veces de quinto elemento aunque Pellegrini le ha encontrado gusto a jugar con un interior, Marcelo o Drenthe, por eso son 16 jugadores. Esa fórmula se sostiene con lesiones; cuando vuelva Cristiano Ronaldo, la posición de interior zurdo desaparece para las quinielas. Ese día Pellegrini tendrá los 14, como en Villarreal; el pleno al quince para otro, que eso no trae más que problemas.